Opinión

Veinte años sin un héroe

EPPUR SI MUOVE

Antonio Hualde | Miércoles 28 de enero de 2015

Decía Paul Brulat que “basta un instante para hacer un héroe y una vida entera para hacer un hombre de bien”. Ocurre que algunas veces, surge de entre los mejores alguien que aúna ambas cosas, que es héroe y hombre de bien a la vez. Demasiado bueno para dejarle vivir. Por eso lo mató ETA. Y son ya 20 años los que Euskadi lleva huérfana de Gregorio Ordóñez.

Su aniversario ha pasado de puntillas en la convención nacional del que fuera su partido, el PP. Casi mejor que Gregorio no viese en lo que se había convertido. Con él, seguramente las cosas serían de otra manera; y no ya en Euskadi, sino más allá de Vitoria. Es llamativo que se hable de memoria histórica para referirse a los excesos de la Guerra Civil -antes, durante y después- y que, en cambio, se quiera condenar al ostracismo a las víctimas de una banda terrorista que hasta anteayer estaba asesinando. Casi mil muertos, y un número indeterminado de familias rotas e ilusiones truncadas. Contra eso luchaba Gregorio.

Hoy corren otros tiempos. El PSOE logró su objetivo de cargarse la doctrina Parot y gracias a ello -no lo olvidemos, fue un juez socialista, Luis López Guerra, el que lo cocinó todo en Estrasburgo- terroristas y violadores andan sueltos por las calles. A otros directamente les abrió las puertas de la cárcel el PP. Es el caso de Bolinaga, secuestrador de Ortega Lara y asesino confeso de cuatro inocentes, que fue excarcelado por padecer una enfermedad en fase terminal. Pues sí que estaba mal, sí. Tres años después, aún paseaba por su pueblo tomándose potes a coste del erario público y del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que tantos mimitos le dio. Nadie de su ministerio ni ningún alto cargo del PP hizo acto de presencia en el último acto para honrar a las víctimas del terrorismo. Normal. Miran por la derecha a Bárcenas, temiendo que les airee las vergüenzas. A la izquierda a Podemos, una criatura que ellos han ayudado a crear a base de complejos y componendas. Y de frente, la realidad con la que se van a acabar dando de bruces.

Gregorio era bueno, honesto e inteligente. Hablaba claro, quizá demasiado, y por eso muchos le tenían miedo. El nacionalismo vasco en su conjunto-PNV, Batasuna o ETA; a fin de cuentas, todos hijos de la misma madre-, porque de repente alguien les plantaba cara. Parte del PSE, los mamporreros de los anteriores, porque les restaba voto útil -¿Verdad, Odón Elorza?-. Un nutrido sector del clero vasco, con Setién a la cabeza, porque surgía una oveja que plantaba cara a los lobos. Y ellos, los pastores, hacía tiempo que habían vendido su alma a aquellos lobos. ETA sabía lo que hacía. Matando a Gregorio Ordóñez no sólo acababan con un buen hombre sino que, de paso, se quitaban de en medio a un enemigo formidable. Los que vinieron después hicieron lo que pudieron, pero ni a Jaime Mayor, ni a Carlos Iturgáiz ni, desde luego, a María San Gil, se lo pusieron fácil. Y lo peor es que fue entre los suyos donde menos apoyo recibieron. Hoy, una panda de blandos y mediocres lleva camino de convertir el PP vasco en comparsa. Y más allá de Vitoria, los complejos hacen el resto. De Vitoria para dentro, ETA se ha ido de rositas. Qué pena. Nada de eso habría pasado con Goyo.