Opinión

¿Partido antitroika o antimujer?

TRIBUNA

Cristina Hermida | Jueves 29 de enero de 2015

Se acaba de estrenar el nuevo Gobierno griego de colaboración Syriza-ANEL, haciendo alarde de ahorrativo y austero, tras la disminución de una forma drástica a la mitad del número de carteras del gobierno anterior. Junto a Alexis Tsipras, nuevo primer ministro griego, destaca Yannis Varufakis como gran ideólogo económico de Syriza dentro de los superministerios, al haber quedado a la cabeza del Ministerio de Finanzas, comprometiéndose a llevar adelante los posibles compromisos que se acuerden próximamente con la troika. De todos es conocido su talante radical de oposición a las políticas económicas europeas y, más concretamente, al tratamiento que se ha dado hasta ahora a la deuda griega. En esta misma línea de afinidad estrecha con el primer ministro se sitúan Yannis Dragasakis, en calidad de vicepresidente, Yorgos Stazakis, al mando de la cartera de Economía, Infraestructura, Marina y Turismo y Panos Skurletis como ministro de Trabajo. Por si esto fuera poco, el Ministerio de Producción con Panayotis Lafazanis se ocupará de liderar el futuro proyecto económico del Gobierno.

Llama la atención que a pesar del “proclamado progresismo” de la coalición izquierdista no aparezca ni una mujer en el apabullante team económico que se ha organizado y al mando de alguna de las carteras y de los cuarenta cargos del Gabinete no encontremos más que 6 viceministras y secretarias de Estado. Es más, en el nuevo Parlamento sólo hay 68 diputadas de los 300 escaños, lo cual indica que constituyen únicamente el 22,6%. Aunque parezca increíble, exceptuando al Partido Comunista que tiene 7 diputadas de un total de 15 escaños, ningún partido político se consigue aproximar al criterio, a todas luces, exigible de la paridad (40-60). La cuestión se agrava todavía más al conocer el dato de que 44 diputadas de las 68 son de la coalición de izquierda de Syriza. No es de extrañar por ello la lluvia de críticas recibidas en las redes sociales por este imperdonable hecho que, sorprendentemente, no ha parecido soliviantar en modo alguno al nuevo Gobierno griego.

La fábula de la cigarra y la hormiga, recordada por Varufakis estos días, está muy bien no sólo para dejar bien claro que cigarras y hormigas las hay en igual medida en el norte y en el sur de Europa sino para resaltar que también entre las cigarras griegas se encuentran muchas mujeres que podrían llevar adelante el cambio griego con más éxito garantizado que muchas hormigas varones elegidas para representar al pueblo. Del mismo modo que no se puede discriminar al sur de Europa frente al norte no se puede discriminar por razón de sexo, otorgando la representación política a los varones en más de dos tercios como si las mujeres en Grecia fueran meras espectadoras pasivas del porvenir político del país. Esto me parece que hace dudar a cualquiera con un poco de sensatez de la promesa electoral del Gobierno electo de querer llevar a efecto políticas sociales igualitarias. Se ha olvidado por completo que la igualdad es un valor transversal que debe recorrer todos los derechos fundamentales y, por supuesto, el de elegir y ser elegido para representar al pueblo en el contexto democrático, independientemente del sexo u orientación sexual, entre otros, criterios. Las mujeres también cuentan a la hora de decidir en términos políticos y no pueden ser arrinconadas como si de meros ornamentos decorativos se tratara.

Es obvio que Grecia necesita un cambio -y también en lo que a concienciación democrática se refiere- pero lo dejo en eso, sin llegar a decir que necesita una “revolución”, como algunos han querido apuntar. Está bien que se hagan las reformas necesarias para sacar al país a flote pero no seamos ingenuos pensando que el triunfo se puede lograr simplemente con medidas que provocan la euforia rápida entre los euroescépticos y desencantados griegos como la de aumentar el salario mínimo a 751 euros (cuando ronda los 580 euros). De hecho, el panorama no ha hecho de momento más que empeorar: no sólo entre el colectivo femenino por la exclusión sufrida en lo que a representación política se refiere, sino que también en los mercados la prima de riesgo griega ha aumentado, por no hablar de que los bancos han bajado en la bolsa por la fuga de capitales, y por la inseguridad e incertidumbre que genera la situación actual. Grecia necesita de la Unión Europea y, por ello, no tiene más remedio que sentarse a renegociar para que las dos partes puedan llegar a un compromiso serio que genere crecimiento pero también estabilidad a largo plazo.

La agenda de Syriza no deja de ser verdaderamente una provocación no sólo por su alianza con un partido antitroika sino por sus guiños continuos a Rusia y su deseo patente de que la deuda se reestructure. Está por ver todavía que ello realmente vaya a producirse aunque todo parece indicar que el pulso vendrá marcado por el temor de que el caso de Grecia pueda generar un efecto dominó entre países del sur de Europa, como España e Italia, a pesar de que el ministro español, Luis de Guindos, insista hasta la saciedad en que España intentará recuperar los 26.000 millones de euros prestados a Grecia. En resumidas cuentas, la partida de póker no ha hecho más que empezar.