Opinión

La mejor defensa es un buen ataque

TRIBUNA

Pedro J. Cáceres | Domingo 01 de febrero de 2015
No está en mi ánimo perpetuarme en el mismo discurso ¡al ataque! que compone una trilogía de columnas publicadas al hilo de la actualidad de esos momentos tanto aquí en Elimparcial.es como en ladivisa.es.

Hoy, demandando por la actualidad, es hora de revelar fotos pasando a limpio los textos de sus pies: la de Rubalcaba o la señora Sinde con el G-7, o más recientemente Wert y sus “pentauros”.

Se han publicado las ayudas a la promoción y protección de disciplinas culturales como el cine, teatro, música, danza y circo. Ausencia total de partida para la Tauromaquia.

Ya se han consumado cuatro inviernos (con sus primaveras, veranos y otoños) de la foto de Pío García Escudero presentando un recurso de inconstitucionalidad sobre la prohibición de los toros en Cataluña por parte de la Generalitat. Casi un lustro después, Constitucional, Gobierno, PP, ni pío.

Lo ha recordado Rivera Ordóñez en la inauguración del Congreso de Aficionados Taurinos de Cataluña y hoy Enrique Ponce en el diario El Mundo lo deja meridianamente claro: “el antitaurino más peligroso es el político”.

Hoy hace un año llorábamos la muerte de Luis Aragonés ¡y ganar, y ganar, y ganar! bajo la máxima adjudicada a Napoleón, pero que se la usurpó defendiendo su ego atacando en anticipación semántica a su mariscal austriaco Poniatowsky: “la mejor defensa es un buen ataque”.

Este 2015 la Tauromaquia tiene, no una ni dos, hasta cuatro oportunidades de defenderse del ninguneo, la discriminación y la beligerancia atacando donde más les duele a los políticos: los votos en las urnas.

Mediante la exigencia del pronunciamiento de su política taurina con hechos, no palabras, o antitaurina en los convictos y confesos antes de abordar las distintas elecciones y en su caso denunciarlo para que los que estamos por la libertad y el cumplimiento de las leyes (entre ellas la Ley de Patrimonio Cultural e Inmaterial, o algo así) estemos informados y obrar en consecuencia para que más de uno se tiente la ropa o se desasosiegue por no llegarle la camisa al cuello.

Y ya estamos tardando.