AL AIRE LIBRE

PABLO IGLESIAS Y MONEDERO

Luis María ANSON | Lunes 02 de febrero de 2015
Nadie que no quiera perder la objetividad podrá negar el éxito de la manifestación...

Nadie que no quiera perder la objetividad podrá negar el éxito de la manifestación de Podemos. Fue multitudinaria y se celebró en el más completo orden, sin violencias, sin cristales rotos ni contenedores quemados como vaticinaban algunos. Como una cuestión de hecho, éxito rotundo de Podemos y de Pablo Iglesias que robusteció su liderato. Los grandes partidos políticos convencionales están en la obligación de reflexionar sobre lo ocurrido en lugar de ese estúpido desdén con que han juzgado la manifestación.

Pablo Iglesias es simpático, abierto, comunicativo. Habla con precisión, siempre con sencillez, sin aspavientos ni sobreactuaciones. Podemos ha encontrado en él a un líder auténtico. Su imagen es la contraria a Monedero. La generosidad de Iglesias debe encontrar su término, según muchos simpatizantes de Podemos, en Monedero. El daño que sus trapisonderías americanas están haciendo al partido es inconmensurable. Su agresividad amenazadora tampoco parece de recibo. Sin rasgarse las vestiduras, son muchos los que consideran imprescindible que Pablo Iglesias prescinda de Juan Carlos Monedero cuanto antes.

Salvador Sostres ha escrito que “Monedero tiene en la mirada la guillotina jacobina, la checa republicana, el gulag estanilista y los campos de concentración”. Un sector cualificado de la opinión pública no considera exageradas las afirmaciones de Sostres. Más bien las comparte. No quiero entrar en descalificaciones personales pero sí en el análisis de la difícil colaboración entre Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. Rectificar es de sabios y las trampas de Monedero en sus negocios iberoamericanos exigen tomar medidas antes de que algún equipo periodístico de investigación -y hay varios actuando- publiquen reportajes devastadores para el crédito de Podemos.

Se comprende que no será fácil para Pablo Iglesias tomar una decisión pero esas son las exigencias del liderazgo.