Opinión

Unasur: la necesidad de una Sudamérica unida. Editorial

Viernes 23 de mayo de 2008
Los doce mandatarios de Sudamérica se reunieron ayer en Brasilia para ratificar la formación de Unión de Naciones del Sur, Unasur. La conformación efectiva de este organismo parece, a primera vista, una quimera teniendo en cuenta que la región se encuentra más dividida que nuca. La agenda del encuentro, que viene precedido por una reunión entre Chávez y Evo Morales, está marcada por los conflictos entre Venezuela, Colombia y Ecuador, que han motivado la negativa de Álvaro Uribe a asumir la presidencia de Unasur, y el deseo de Lula de formar el Consejo Sudamericano de Convivencia, una especie de OTAN sudamericana.

Los acuerdos comerciales y de cooperación entre los países sudamericanos son la mejor solución para lograr un desarrollo sostenible de la región. Ésa es la base que sustenta las múltiples cumbres y acuerdos de bloques que se realizan, como la de la pasada semana, entre los países de la UE, América Latina y el Caribe. Paradójicamente, estos encuentros lejos de ayudar a avanzar hacia puntos comunes y proyectos de cooperación a largo plazo, sólo sirven para dejar muestra de la enorme división existente entre los países latinoamericanos. Hasta tal punto ha llegado la misma, que muchos países europeos están siguiendo el ejemplo de Ángela Merkel y han abandonado el objetivo de negociar con los países latinoamericanos en bloque, para hacerlo de uno en uno.

Latinoamérica se debate entre tres grandes corrientes. Por una parte países como Brasil, Chile, México y, recientemente Perú, han demostrado que, a pesar de sus carencias y limitaciones, han emprendido un camino seguro y se han convertido en países serios, seguros para los inversores internacionales. En casos como Brasil y Chile, además, con gobiernos de izquierdas totalmente asentados en el sistema democrático, en las antípodas del populismo izquierdista de Chávez. El segundo bloque estaría formado por el movimiento bolivariano encabezado por el presidente venezolano, que engloba a Ecuador y Bolivia, empeñado, a pesar de la enorme pobreza que azota a su población, en ahuyentar las inversiones extranjeras, con nacionalizaciones intempestivas y proyectos de dudoso corte democrático. A estos gobiernos se les llena la boca criticando las maldades capitalistas y defendiendo los derechos de sus pueblos, pero son incapaces de tomar medidas efectivas para dar de comer a sus ciudadanos. En medio de estos dos bloques se encuentra Argentina, liderada por una Cristina Kirchner que ha derivado en tan sólo seis meses de gobierno, en un confuso populismo, que trata de congraciarse con la sociedad internacional, mientras de puertas a dentro imita las nacionalizaciones -en este caso “argentinizaciones”- chavistas, como ha sido el caso reciente de Aerolíneas.

Es necesario que los líderes latinoamericanos asuman que reuniones como la de ayer y organismos como el Unasur o el MERCOSUR han de pasar de las palabras a las realidades. La unión hace la fuerza y resulta casi grotesco que una de las regiones más ricas y con más recursos del planeta, eche por la borda su potencial, ahogándose en disputas y divisiones que sólo pueden perjudicarle.

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