Opinión

El beneficio de ser egoísta

TRIBUNA

Nacho López | Viernes 06 de febrero de 2015
“Egoísta”: Persona de mal gusto, que se interesa más en sí mismo que en mí. Ambrose Bierce, “El diccionario del diablo”.

Decía mi padre que su principal misión como progenitor era conseguir que sus hijos llegáramos a ser física, emocional y económicamente independientes lo antes posible, y que si este momento llegaba con 16 años, mejor que con 25. Su motivación era egoísta y pragmática porque si no hubiera hecho bien su trabajo, la energía y el desgaste personal habrían sido mucho mayores, para él y para nosotros.

Como mi padre, yo también creo en el egoísmo inteligente. Esta forma de hacer las cosas se apoya en la paradoja de que cuanto más miramos por nuestro interés individual, mejores son los resultados en el largo plazo, para nosotros y para los que nos rodean. El egoísmo inteligente va más allá de la satisfacción inmediata, el impulso o la costumbre. Se trata de una forma estratégica de actuar y de comportarse con la vista siempre puesta en el momento de después y que a veces puede dar beneficios sorprendentes en 10 segundos o en 1 hora, en otras ocasiones la recompensa tarda años en materializarse aunque resulta evidente.

Si fueran a una delegación de Hacienda para solucionar un problema de impuestos, o peor aún, a resolver una injusticia que les lleva atormentando varios días, ¿cómo abordarían al funcionario que les atiende? Está claro que esta persona, ajena a nuestro problema, nos ayudará (o no) en función de cómo nos dirijamos a él, entre otros factores. A pesar del abuso y del cabreo, si egoístamente buscamos que nos ayude, ¿estaríamos cuidando de nuestros intereses más profundos si le faltamos al respeto?

Cuando hablamos de salud, parece evidente que todo aquello que nos beneficia es deseable, y egoísta por nuestra parte buscarlo y potenciarlo. Una alimentación equilibrada y el ejercicio físico habitual son buenos para nosotros, también es beneficioso dormir bien, beber agua y no ingerir demasiados intoxicantes (legales o ilegales) pero, ¿acaso son saludables un ritmo de vida acelerado y el estrés diario? Imaginen que fueran fumadores compulsivos y después de hacerse unos análisis de sangre van al médico y este les dice: “si se fuma usted un solo cigarrillo más, se morirá inmediatamente”, ¿volverían a fumar? Y si este mismo médico les dijera: “como vuelva usted a pelearse con sus padres una vez... se muere”, ¿volverían a hacerlo? Está claro que dejar de fumar parece más fácil que dejar de estresarse o enfadarse, pero si una voluntad de hierro nos ayuda a correr todos los días, a cuidar lo que ingerimos o a mimar con detalle nuestra apariencia exterior, ¿por qué no podríamos controlar muchas otras cosas?

Hay otras facetas de la vida donde el concepto de egoísmo inteligente puede parecer más ambiguo pero no por ello menos deseable o eficiente. Si pretendemos mantener una relación saludable y duradera con un amigo o familiar y, de paso, echar un buen rato cada vez que nos vemos, ¿será bueno quedar casi siempre con ellos por obligación o educación?, ¿será deseable hablar de nosotros mismos sin prestar atención a lo que nos tienen que contar? Si quisiéramos gozar de cierto grado de libertad y disfrutar del tiempo libre como nos apetece, ¿sería adecuado para nuestro objetivo coartar de forma habitual a nuestra pareja para que haga lo que desee, aunque nos disguste?

En las finanzas personales, llegar a un equilibrio egoísta inteligente entre los ingresos, los gastos y la esperanza de vida va mucho más allá de la economía familiar, es una forma inusual y moderna de entender la vida (y la muerte). Si el dinero que acumulamos en la vida no sirve para comprar tiempo libre y si además, como consecuencia, dejamos casi todo lo ‘no disfrutado’ para nuestros descendientes, entonces ellos también se perderán la oportunidad de aprender este otro modo de vivir la vida de los mejores maestros posibles, sus padres.

El egoísmo es común a todos los seres humanos. A veces resulta muy evidente, incluso obsceno, en otras ocasiones se despliega con sutileza y astucia. Con el primero podemos (creer) conseguir nuestros objetivos de inmediato, sin embargo con el segundo, y a pesar del retraso, la gratificación perdura en el tiempo, se retroalimenta y se multiplica. Si buscan maximizar su propio beneficio, sean egoístas, pero sean inteligentes.

“Los más valiosos seres humanos son aquellos que se han realizado y su más alta cualidad es ‘ser independientes de la buena opinión de los demás”. Abraham Maslow