Opinión

Jordania contra el Estado Islámico

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 07 de febrero de 2015

El asesinato de Moaz Al Kasasbeh, el joven piloto jordano rehén del Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS), ha tenido dos consecuencias sobre el discurso propagandístico del grupo terrorista.

La primera ha sido la movilización patriótica. Las terribles imágenes del cautiverio y el horror del modo en que los yihadistas mataron al piloto han conmovido a la sociedad jordana. Los editoriales de la prensa han clamado venganza. El periódico oficialista Al-Rai imprecaba a los terroristas: “¡Oh! vosotros, asesinos, de ahora en adelante no habrá tregua, tolerancia ni perdón. Habéis escogido el peldaño más bajo de la humanidad, la moral y la religión. Habéis querido desafiar al mundo entero, dañar los sentimientos de los jordanos y recibir las maldiciones del Creador. Ahora debéis pagar el precio y será muy alto. Ninguna de vuestras justificaciones, delirios e ilusiones os harán ningún bien. [...] No descansaremos hasta que cobremos nuestra venganza contra estos mismos bárbaros ni hasta que venguemos la sangre de todos los martirizados a manos de estos mismos infieles. Sabed que tenemos una cuenta pendiente hasta el día del Juicio desde que los asesinos de Al Kasasbeh cruzaron todos los límites con su crueldad, barbarie, maldad y herejía.

Por otro lado, el diario Al Ghad se manifestaba en unos términos similares: “Moaz, que desde su captura nos ha unido, sigue uniéndonos después de su muerte. El modo en que los asesinos cometieron este crimen muestra que han perdido toda traza de humanidad. Ahora todos los jordanos sienten la necesidad de venganza. [...] La dolorosa pérdida de Kasasbeh solo fortalecerá el frente jordano y la resolución no solo de luchar contra ISIS y las organizaciones terroristas de esa clase sino también de asegurar la victoria sobre ellos y erradicarlos para siempre.

La muerte de Moaz ha convertido esta guerra en una guerra librada por todos los jordanos contra los asesinos cuyos innumerables crímenes presenciamos cada día. Este abominable crimen y el modo en que se lo ha exhibido para que todo el mundo lo viese demuestra que esta organización apunta contra Jordania y su pueblo movida por el odio y la hostilidad contra todos los jordanos. Por lo tanto, todos los jordanos están legitimados para exigir que su muerte sea vengada y los terroristas que amenazan nuestro presente y el futuro de nuestros hijos sean abatidos”.

Así, frente al internacionalismo yihadista de los terroristas, en Jordania se moviliza el patriotismo y el sentimiento de la humanidad frente a la brutalidad. Al igual que sucede en Egipto, donde Morsi y Al Sisi exhibían por igual la bandera nacional en sus apariciones públicas, en Jordania el orgullo nacional puede actuar como fuerza movilizadora que sostenga los esfuerzos bélicos y legitime la lucha contra el ISIS, que ha dejado de avanzar pero retrocede muy lentamente. Esto es una fortaleza de la sociedad jordana de la que no goza, por ejemplo, la iraquí, mucho más dividida y debilitada por las luchas religiosas entre chiíes y suníes con la intervención extranjera de fondo.

Hay una segunda consecuencia. Junto a esta movilización nacional con el patriotismo como inspirador, está la figura del rey Abdalá II como símbolo de un pueblo puesto en pie y preparado para la lucha. La imagen del rey vestido con ropa de combate y sus palabras -"La respuesta de Jordania y su Ejército tras lo que ha ocurrido con nuestro querido hijo será severa"- lo sitúan en el imaginario de los héroes guerreros de la caballería árabe medieval. El rey se ha puesto al frente de su pueblo. Los aviones que bombardean las posiciones del Estado Islámico sobrevuelan la aldea natal de Moaz Al Kasasbeh en señal de homenaje. El rey y la reina de Jordania han visitado a la familia del piloto. La ejecución de Sajida al Rishawi, cuya liberación exigía el ISIS, ha lanzado un mensaje claro a los terroristas. Por otro lado, Jordania ha liberado a Al Maqdesi, un líder salafista yihadista que, sin embargo, ha condenado las prácticas del ISIS como contrarias al Islam.

Así, a la propaganda yihadista de los terroristas se contrapone la narrativa de un pueblo unido tras su rey en la lucha contra los asesinos de su hermano. Si la desautorización del ISIS desde las instancias gubernamentales y religiosas es importante, Jordania ha optado por la narrativa de los pueblos islámicos contra los yihadistas y ha sumado, incluso, a radicales que condenan al Estado Islámico.