El primer capítulo del fin de semana deportivo acogió un punto de inflexión en grado sumo para el balompié madrileño. Con el Vicente Calderón como campo de batalla -en su literalidad en la previa, a manos de salvajes que lanzaron litros de cerveza al aire en el Paseo de los Melancólicos-, el Atlético de Madrid sonrojó a su enemigo íntimo sacudiéndose el resto de complejos que se resistían de la era Simeone para cosechar la primera victoria en un derbi en la ribera del Manzanares desde 1999, alcanzar la mayor goleada a su favor desde 1987 y arrojando al bloque de Chamartín una depresión que le era extraña: encadena seis duelos capitalinos sin ganar, una situación ajena desde 1970.
Los guerreros del Cholo lanzaron su competitividad para achicar la identidad y confianza del campeón del mundo a tramos numéricos mínimos. Con una intensidad de valor antagónico en ambos contendientes, el Atlético sacó de ritmo al Madrid desde el arranque. Ancelotti, que sentenció las opciones de remontada con un suicidio ofensivo al configurar un 4-2-4 con Isco como red de seguridad, no supo reaccionar al tsunami de situaciones preparadas a lo largo de la semana y los merengues ni supusieron amenaza con la pelota -Ronaldo lució su peor versión privado de espacio, mostrando una lucidez en la lectura de juego similar a la habitual en Bale- ni consiguieron corregir los problemas de actitud y compromiso colectivo que venían asomando desde que conquistaran Lisboa.
Así, el 4-0 quedó corto visto el bagaje de contras acumuladas por el equipo local y el único disparo a puerta visitante, en botas de Illarramendi. Desastre y gloria repartidos en el coliseo colchonero a partes igual de irrebatibles. El Madrid pareció vaciarse ante el Sevilla para retener el liderato, augurando la decrepitud y apatía por bajar el culo y pelear cada pulgada, una situación a la que el combinado rojiblanco lleva a los madridistas, sabedores de ganar, de largo, en ese escenario.
Prosiguió la jornada 22 de la Liga BBVA con el solvente triunfo (2-0) del Villarreal ante el -todavía noqueado- Granada, la victoria rotunda con hat-trick de Barral propinada por el Levante ante un desconocido Málaga (4-1) y la tensa brega entre Real Sociedad y Celta que concluyó con igualdad a uno. Sin embargo, fue fuera de las fronteras donde se degustó el plato suculento del sábado. De Inglaterra llegó el triunfo agónico del Chelsea en su visita al Aston Villa y el empate “in extremis” del City ante el Hull, en Manchester, resultados que confluyen en la ampliación de la distancia del bloque blue dirigido por Mourinho en la cima de la Premier, hasta los siete puntos. El Tottenham se llevó un ajustado derbi ante el Arsenal en White Hart Lane y Liverpool y Everton empataron en el duelo del Merseyside. La Bundesliga acogió el primer triunfo del Bayern de Guardiola en 2015 con una plácida victoria por 0-2 en su visita a Stuttgart y el respiro del Dortmund con su goleada infringida al Friburgo, en el fondo de la tabla. El Calcio asistió a un Juve-Milan, muy descafeinado considerando el nivel de este duelo en los 80-90 e inicios de los dos mil, en el que los puntos se quedaron en Turín y destacó Morata en su labor física, asistente y goleadora.
En lo que respecta al ámbito polideportivo sobresale la jornada sabatina de VI Naciones. Francia, que debutaba en la edición de 2015 de este legendario torneo de rugby, se impuso a Escocia para refrendar su condición de favorita, e Irlanda se paseó en Roma. Además, la Copa Confederación de tenis avanzó hasta colocar a España en empate a uno con Rumanía -gracias a Muguruza- y las hermanas Williams distanciaron a Estados Unidos sobre Argentina (2-0). Por último, Valverde y el Movistar se estrenaron en el Tour de Catar y Ricky Rubio firmó su primera gran madrugada post lesión, con Marc Gasol como rival, para remontar a los Grizzlies un 80-87 en menos de dos minutos.