Críticas de Arte

Pintura académica del Museo de Orsay: el último suspiro de la tradición

CRÍTICA DE ARTE

Elena Viñas | Viernes 13 de febrero de 2015
Reunidas en la Fundación Mapfre obras de Gérôme, Ingres o Bouguereau. Por Elena Viñas

Obras de Ingres, Gérôme, Cabanel, Bouguereau, o Laurens han sido reunidas en la exposición El canto del cisne de la Fundación Mapfre, que muestra hasta el 3 de mayo una selección de trabajos académicos del siglo XIX procedentes de la colección del Museo de Orsay.

Se trata de la primera ocasión en la que podrán ser vistas juntas estas obras, pues, aunque están expuestas en París, son mostradas a los visitantes junto a otras corrientes artísticas como el realismo y el impresionismo, lo que resta protagonismo a estos trabajos académicos, últimos ejemplos de la llamada pintura tradicional, la heredada del Renacimiento.

Esa huella del Renacimiento es indudable en la obra de estos artistas vinculados a los salones organizados por la Academia de Bellas Artes de París, una suerte de gran exposición de los trabajos de los pintores del momento en las que no figurar significaba no existir. Fueron esos salones y la rigurosidad de las normas de acceso las que despertaron los recelos de los artistas impresionistas, que terminaron por crear sus propios salones independientes.

No hay duda, pues, de que la obra expuesta se debe a una tradición pictórica de cinco siglos que, sin embargo, “muere” con ellos, según Pablo Jiménez Burillo, director del área de Cultura de la Fundación Mapfre. “Es una pintura que desapareció de los museos a mediados del siglo XX”, ha dicho, por su parte, Guy Cogeval, presidente del Museo de Orsay, a lo que ha añadido que tampoco goza de atención en el mercado del arte.

Atención es, precisamente, lo que echa en falta Côme Fabre, comisario de la exposición: “Nunca antes se había visto junta esta colección de pintura académica, algo que me alegra porque así el público no se verá distraído por la cercanía de obra realista e impresionista”.

Las palabras de Fabre invitan a recordar la poca atención que despierta la pintura académica en la oferta expositiva, al menos de Madrid, que prefiere decantarse por los siempre atractivos, y más conocidos, impresionistas o vanguardistas.

La obra de los “últimos depositarios de una técnica fabulosa”, según Fabre, era una pintura pensada para gustar en la que los artista priorizaron la ejecución preciosista de la que emana una halo lacónico, ensoñador y onírico.

Frente a una historiografía que ha ninguneado esta pintura académica por su carácter conformista frente al cambio propuesto por los impresionistas, los organizadores de esta exposición transmiten un mensaje diferente: “Su pintura tuvo un afán de modernidad, es decir, que cabe hablar de ellos como pintores modernos”.

El canon de belleza heredado del Renacimiento es una constante en los temas tratados por estos pintores, sobre todo en el desnudo, cuyas composiciones tanto recuerdan a las de escenas mitológicas que hoy cuelgan de museos como la Galería degli Ufffizi.

La pintura de historia y la religiosa son otros de los géneros pictóricos más abordados por los académicos, así como el retrato de la burguesía parisina y, cómo no, el orientalismo derivado del hábito recién adquirido de viajar, actividad que les permitió descubrir nuevas posibilidades del color y de la luz.

Información sobre la exposición:

Lugar: Fundación Mapfre. Sala Recoletos

Fechas: del 14 de febrero al 3 de mayo

Horario: lunes de 14:00 a 20:00 / martes a sábados de 10:00 a 20:00 horas / domingos y festivos de 11:00 a 19:00 horas.

Entrada: gratuita