Hodiernamente, todo lo relacionado con el movimiento cívico o, en terminología más acepta para sus dirigentes, “grupo social” de Podemos goza en España de un plus o una sobretasa de popularidad e interés respecto de otros fenómenos semejantes y, desde luego, de nuestros postrados partidos políticos usufructuadores mayoritariamente del Establishment felizmente asentado con la Transición.
De manera menos intensa, los principales proyectores mediáticos se centran de igual modo en el análisis de la plántula en que nacieran el ideario y líderes de tan conturbador movimiento, en extremo sugestivo e imantador para un muy amplio número de mujeres y hombres de la hora presente en el calendario español, contemplado también con inequívoca y grande curiosidad en los meridianos de una buena porción de la geografía universal. La cuna de Podemos, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad complutense –creada en 1944 con la primordial mira de dotar de cuadros directivos al régimen franquista, conoce por ello un profundo revival de su historia y presencia en los ambientes más dinámicos y creativos del país, a la husma de un mayor conocimiento de su pasado, de sus forjadores y figuras más eminentes. Entre el extenso haz de personalidades cuasi míticas de su primer estadio –antes y después del desgajamiento de la Facultad de Económicas-, D. José Antonio Maravall, D. Luis Díez del Corral, D. Paulino Garagorri, D. Manuel Fraga… son, por lo común, objeto de admiración a escala nacional e internacional, decantándose, sin embargo y como es lógico, el escudriñamiento de los jalones de su itinerario del lado de la opinión actual en los avatares más cercanos del afamado centro. El cual conservó durante más largo tiempo que los restantes de la primera, en términos demográficos, Universidad de la nación el talante y hasta los tics de los tiempos heroicos de la lucha contra la dictadura, en los que aspiró a arrogarse –es verdad que con copia de argumentos- el papel de principal brulote de la oposición estudiantil…
Es así, pues, por entero normal que los discípulos preferidos de aquella hornada legendaria profesoral, continuadores de ordinario de su labor en las cátedras de la misma Facultad, polaricen la atención de emisoras de radio y cadenas de televisión, junto con la gran prensa de ámbito nacional, en orden a allegar información de los profesores y maestros “directos” de las elites del núcleo duro o fundacional de Podemos. Nombres como el ferrolano Santos Juliá, el catalán José Álvarez Junco, el donostiarra Antonio Elorza o la misma madrileña presidenta de la Real Academia de la Historia, Dª Mª Carmen Iglesias, y la exministra de Educación Dª Mercedes Cabrera –venida también al mundo en la Villa y Corte-, todos ellos uniformados por el común denominador de su notabilidad profesional y frecuente protagonismo en la vida cultural española y, aun en muchos ejemplos, europea y americana, comparecen en cualquier recuento de las actividades del susomentado centro y de sus enseñanzas más relevantes, trasmitidas casi cuotidianamente a unos alumnos también distinguidos entre sus compañeros universitarios por una vocación más ardiente y militante.