Año y medio después de que su nombre fuese conocido y temido más allá de Oriente Medio, unos meses en los que el Estado Islámico (EI) ha reclutado a miles de combatientes de todas las partes del globo, desde el Magreb a Chechenia, Australia, Canadá o Filipinas, la organización terrorista más poderosa del mundo a día de hoy cuenta con todo un ejército multinacional en el que el marroquí empieza a convertirse en un contingente más que clave.
En los quince meses de vida del EI, o ISIS en sus siglas en inglés, el reino alauí se ha convertido en un vivero de milicianos yihadistas, hasta el punto de que se calcula que en estos momentos habría entre 2.500 y 3.000 marroquíes combatiendo en Siria e Iraq. Esos tres millares de radicales, la mayor fuerza del norte de África enrolada en las filas del Estado Islámico, se han convertido, a su vez, en una de las mayores amenazas para la seguridad y la inteligencia española.
De un tiempo a esta parte, el país magrebí ha sido un importante centro de reclutamiento para Al Qaeda primero y ahora, con su creciente auge, para el Estado Islámico. A través de su sucursal en Marruecos, Harakat Sham al-Islam (Movimiento Islámico del Levante), el EI se nutre de fanáticos combatientes que son captados y posteriormente enviados a combatir a Oriente Medio a través de Egipto o, sobre todo, Turquía.
En un inicio, Harakat Sham al-Islam estaba estrechamente relacionado con Jahbat al-Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria y germen del Estado Islámico tras su escisión a finales de 2013. Su presencia entonces, aunque relevante, no era clave para la estrategia bélica de los yihadistas en su lucha original contra el régimen de Al Assad, pues se contaban unos 200 milicianos alauitas, doce veces menos que su número actual.
El incremento exponencial de milicianos marroquíes en las filas del Estado Islámico ha hecho saltar las alarmas en el Ministerio del Interior y en el de Defensa y una pregunta sobrevuela ambos organismos españoles: ¿Qué pasará cuando esos miles de combatientes regresen a Marruecos? ¿Pueden llegar a convertirse en una amenaza directa para nuestro país? La respuesta es clara: sin duda.
Los servicios de inteligencia española trabajan desde hace meses en la identificación y prevención de las amenazas derivadas de la presencia de combatientes del EI en el país vecino. Según un extenso informe elaborado por la consultora en seguridad AICS, el 95 por ciento de los marroquíes que han viajado a Siria e Iraq tiene la intención de regresar a su país de origen y seguir participando en actividades terroristas.
El triángulo yihadista
Sin embargo, cabe preguntarse cómo es posible que tal cantidad de combatientes radicales hayan sido captados en un país como Marruecos, con un férreo control de la población por parte de los servicios secretos y de la Policía.
En primer lugar, el 80 por ciento de los milicianos marroquíes del EI proviene del triángulo yihadista que conforman las ciudades de Tánger, Tetuán y Fnideq, también conocida como Castillejos y a apenas seis kilómetros de la frontera con España.
Es en este área bien delimitada donde el discurso de Harakat Sham al-Islam ha calado más hondo dibujando un perfil bastante certero del radical dispuesto a viajar al autoproclamado califato del Estado Islámico: varón, de entre 25 y 40 años, de extracción humilde, muchos de ellos provenientes de zonas rurales pero con acceso a Internet y a las redes sociales, principales vehículos de captación y propaganda de los yihadistas.
A pesar de no contar con entrenamiento militar en un inicio, muchos de ellos son viejos conocidos del sistema penitenciario marroquí, lo que sumado al estricto adoctrinamiento ideológico y el entrenamiento militar con el que se les machaca en Siria e Iraq les confieren una preparación, una vez de vuelta en Marruecos, muy superior al de las fuerzas policiales dispuestas a detenerles aquí.
Con esto en mente, la inteligencia alauí anunció hace unas semanas que se encuentra en estado de alerta máxima ante una "amenaza terrorista seria" relacionada con el retorno de combatientes del Estado Islámico. Es más, señala a organismos clave y a centros turísticos como los puntos más sensibles de esta amenaza.
El mismo informe se muestra muy crítico con el papel y la actitud de las autoridades marroquíes ante el auge de actividades yihadistas en su territorio. A juicio de AICS, el reino alauí no se ha volcado en la lucha contra el Estado Islámico ni dentro ni fuera de sus fronteras fruto de las disensiones que hay dentro del mundo árabe y la llegada al poder en 2011 del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) del islamista moderado Abdelilah Benkirane.
Mientras Marruecos es miembro de la coalición internacional que combate el Estado Islámico, a la que contribuye con seis F-16 que habrían participado en una veintena de operaciones, lo cierto es que desde que estallara la Primavera Árabe, que el país vecino esquivó sin apenas incidentes, el yihadismo radical no ha hecho más que crecer entre los estratos más humildes de la población, que percibe con recelo el poder de las élites vinculadas a Mohamed VI.
En los últimos meses, España y Marruecos han desarrollado varias operaciones conjuntas contra células yihadistas en uno u otro país que han terminado con la detención de una treintena de individuos, que se unen a los 800 salafistas apresados por la policía marroquí en el último año y medio.
En este sentido, el director general del DGED (la inteligencia exterior marroquí), Yasin Mansuri, señaló el pasado septiembre ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Nueva York que sus servicios habían desmantelado para entonces 126 células terroristas y detenido a 2.676 presuntos terroristas.
Para combatir la imagen de 'mano blanda' que tiene Marruecos a pesar de su política antiterrorista entre el resto de países que combaten la proliferación de yihadistas, el pasado mes de octubre el Gobierno de Benkirane puso en marcha un nuevo dispositivo de seguridad bautizado como 'Hadar' (Precaución) que consiste en numerosas patrullas a pie de unidades militares y policiales para prevenir posibles ataques terroristas y proteger "a los ciudadanos y los visitantes extranjeros".
Con todo esto, la monarquía de Mohamed VI pretende atajar el importante problema de islamistas radicales que amenaza, no sólo su seguridad nacional, sino también la de España, un tradicional aliado que le sirve de puente para sus relaciones con la Unión Europea.