LOS PRECIOS BAJARON UN 1,3% EN ENERO
Daniel Villagrasa | Sábado 14 de febrero de 2015
Los expertos se debaten sobre cómo afecta la bajada de precios al bolsillo y a la economía. Por D.V.
España, 2015, año electoral. La llamada crisis económica ha sido uno de los principales asuntos de debate en las citas electorales de los últimos siete años. Ya en 2008, el debate de las Generales estuvo centrado en si aquellos lejanos indicadores macroeconómicos agoreros que se vislumbraban eran el preludio de una crisis o, tan sólo, de una ligera desaceleración económica.
De manera análoga, años después, el Gobierno defiende frente a la oposición que los signos positivos que arroja la macroeconomía se proclaman heraldos de la recuperación por venir. Pero, como en aquellos comicios de 2008, es necesario ‘creer’, porque, en un país con una tasa de paro superior al 23,7%, según la última EPA, y una tasa de riesgo de pobreza del 21,6% según datos del INE, las frías cifras referidas a la financiación del Estado –la prima de riesgo ha decrecido 525 puntos desde sus máximos, con el bono español a 10 años en sus mínimos históricos-, o el reequilibrio de la balanza comercial –las exportaciones marcaron un nuevo récord, al alcanzar los 220.682,3 millones de euros-, las inéditas cifras del turismo -2014 fue el segundo año consecutivo en el que más turistas extranjeros llegaron a España, 64,99 millones- o el crecimiento del PIB –se estima que subió un 1,4% en 2014, y se espera que en 2015 su incremento sea de más del 2%-, pueden resultar ajenas al ciudadano.
Pero hay una referencia macroeconómica que resulta más cercana para el consumidor de a pie: los precios. Tras una etapa de estancamiento, los precios muestran una prolongada tendencia a la baja. Desde el punto de vista económico, no es algo que celebrar, pero la particular situación de España es motivo de debate para expertos y agentes sociales.
Cuando una economía va bien, la teoría económica vigente dice que los precios tienden a subir. El Banco Central Europeo ha establecido cuál ha de ser el crecimiento ‘sano’ de los precios para la eurozona: cercano al 2% sin rebasarlo.
Así pues, que España muestre un decrecimiento del 1,3% debería ser un motivo de alarma. Se trata de la temida deflación, el hundimiento de los precios que indica bajo consumo y que retrasa las decisiones de compra, ya que, con el tiempo, los bienes terminarán siendo más baratos.
Además, no todo baja. La electricidad continuaba encareciéndose para los hogares españoles. En los últimos doce meses ha subido un 2,9%, según los datos del INE.
Sin embargo, la situación de España es particular: en busca de un nuevo modelo económico tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, se ha promovido una devaluación interna en pro de la competitividad. Es decir, vender lo mismo, pero más barato.
Por tanto, esa bajada de precios estaría ayudando al cuadro macroeconómico y, en particular, las exportaciones y al turismo, que están marcando récords.
El dilema es si esa bajada de precios se produce a costa de una parálisis del consumo interno, es decir, si la razón por la que los precios bajan es que la gente, con menor poder adquisitivo, no compra.
El Gobierno lo ha negado tajantemente. Este viernes, tras conocerse el dato del IPC de enero, ha comparecido ante la prensa el secretario de Estado de Economía y Apoyo a la Empresa, Íñigo Fernández de Mesa, para explica que el principal componente de la bajada de precios es el abaratamiento del petróleo -materia prima que España se ve obligada a comprar al exterior-, cuyo espectacular descenso, de más del 50% entre junio del año pasado y enero- permitía a las empresas abaratar sus costes de producción. Asimismo, aumentaba la renta de los hogares, a los que costaría menos llenar el depósito de gasolina.
“No creemos que los agentes económicos vayan a retrasar sus decisiones de inversión”, ha declarado.
El IPC subyacente, que excluye los precios del combustible y los alimentos, de hecho, mostraba un débil signo positivo y subía en enero un 0,2%.
Enfrente, los autónomos, caladero natural de votos del Partido Popular. En el mejor de los casos, la bajada de los precios les ha parecido que “no es un buen síntoma”, según ha explicado el presidente de la Federación de Autónomos ATA, Lorenzo del Amor, para el que, sin embargo, no hay deflación en España: “Que llevemos unos meses en los que los precios bajen debido exclusivamente al descenso de los precios de los carburantes y de la energía y no a un descenso del consumo no es una mala noticia y no se puede hablar de deflación”.
Sin embargo, otras asociaciones de autónomos se han mostrado más preocupadas. La Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos UPTA ha dado por hecho una “situación efectiva de deflación”, mientras que la Asociación de Trabajadores Autónomos y Emprendedores UATAE habla de “desplome de precios y estancamiento de las ventas del comercio”.
Por su parte, los sindicatos mayoritarios se muestran partidarios de valorar que la economía española está en deflación. Este viernes, UGT valoraba que la bajada de precios se debe a la “atonía del consumo y la falta de expectativas sobre la solidez de la recuperación económica”.
La política del Banco Central Europeo –otro factor externo, al igual que el precio del petróleo- puede jugar un factor determinante aquí. Al penalizar el ahorro, con unos tipos de interés cercanos al 0%, los ahorradores pueden decidirse por movilizar el dinero hacia opciones como la adquisición de bienes inmuebles.
El ahorro de las familias totalizaba los 1,134 billones de euros, según los últimos datos del Banco de España tras aumentar un 22% en 2014, debido al descenso del endeudamiento.
En este año electoral, el consumo será clave. Su vitalidad es uno de los indicadores que marcan ese traslado de la recuperación económica a los hogares. La salida del túnel para el conjunto de la población española.