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El Celta frena con justicia al Atlético tras una oscura primera mitad colchonera (2-0)

JORNADA 23: CELTA 2 ATLÉTICO 0

Diego García | Domingo 15 de febrero de 2015
Los goles de Nolito y Orellana certificaron el dominio total de los gallegos en el primer acto. Por Diego García

Balaídos recibía la resaca del vapuleo rojiblanco a su enemigo íntimo. Y es que, si algún matiz negativo pudiera conllevar tan maña gesta, es la relajación y la merma de efectivos, de cara al siguiente obstáculo a enfrentar. Así, el Atlético arribó en Vigo con la intención de refrendar las magníficas sensaciones mostradas en la jornada y previa y, de paso, no ceder en lo estadístico en la lucha por aferrarse a la pugna por la cima del balompié nacional. Para ello debía el conjunto madrileño sobreponerse a la necesidad de puntos y confianza de un Celta en asenso de ambas variables en las últimas fechas.

Abrió Berizzo el duelo -desde el palco- con la firme idea de manejar la pelota para frenar la inercia efervescente de presión y salida colchonera. El técnico argentino no dudó en colocar su planteamiento más ofensivo y destinado a la asociación con Augusto en la medular. Un sistema solo protegido por el trabajo de Radoja e implementado para desgastar el presunto cansancio acumulado rojiblanco con la combinación por bandera.

Simeone, por su parte, atisbó en este duelo la ocasión idílica como campo experimental para probar con el tridente atacante: Mandzukic de punta central fijador y Griezmann y Torres ocupando el perfil lateral. Por detrás, las bajas de Raúl García y Arda por acumulación de tarjetas y de Koke por lesión, condicionaron los automatismos con Saúl, Gabi y Tiago como nombres en juego. El esquema no ofrecía demasiado optimismo al seguidor que entiende que su equipo aspira a dominar la pelota. El "Cholo" parecía redoblar la apuesta vertical de achique y salida, con la línea de presión como incógnita condicionada al estado físico propio.

Arrancó el duelo con el cumplimiento estricto del guión. El Celta manejaba la pelota a su antojo ante un Atlético que coqueteaba con adelantar líneas. Producto del buen funcionamiento de la salida de pelota local y del desequilibrio provocado por la falta de sincronía defensiva del tridente, se generaron espacios amplios a la espalda de Gabi y Tiago que el equipo gallego ocupó con intención venenosa en la movilidad de Orellana y Krohn-Dheli. Este paisaje, que se desdobló hasta bien entrada la media hora de partido, solo permitió al Atlético llegar en acciones individuales asiladas: chut desviado de Torres -tras mala salida de pelota de la zaga rival- en el 14, remate de media distancia tras slalom de Griezmann que atajó el meta local, en el 19, y el disparo tímido de Mandzukic tras galopada en solitario en el 44 de juego.

Estos chispazos a la heroica individual representaron la excepción a la regla. Una norma que mostraba el dominio horizontal y vertical del Celta, que desestabilizada la cohesión y calma en repliegue colchonera para llegar con claridad en los primeros envites. Krohn-Dehli buscó el tanto en un envío que lamió el poste de Moyá, en el 15, en el aperitivo del monopolio absoluto del ritmo de juego del Celta, que desplegaba posesiones largas que encerraban al Atlético en ráfagas que concluían en córner acumilados. Fontas cabeceó desviado antes de que Moyá salvara a los suyos atajando un centro venenoso de Orellana, que había desbordado por enésima vez en banda derecha. Nolito -quebradero de cabeza continuo para Juanfran- disparó al primer poste desde la frontal sin encontrar portería en el minuto 33 para cerrar la debacle, sin dolor, rojiblanca.

Simeone leyó el agujero en la medular, aliñado por las continuas imprecisiones y la pérdida perenne de cada balón dividido, y sacó a Tiago para dar entrada a Mario Suárez, amén de la exigencia de colaboración en la cohesión entre líneas de los puntas en un sistema ya agazapado por completo. Con la hoja de ruta viguesa en sorprendente rotundidad de ejecución, el indigesto extremo andaluz cerró el primer acto con un remate al segundo poste desde el pico del área que no encontró los tres palos. Sobrevino el descanso con la sensación de haber sobrevivido sin más elementos positivos de un Atlético necesitado de trabajo en el entretiempo.

El técnico argentino reaccionó con celeridad sacando del césped a un Fernando Torres intrascendente en ataque y pasivo en defensa. Cani ocupaba su lugar para poblar el centro del campo, entrar en la discusión de la posesión de la pelota y llevar el ritmo de juego a los intereses físicos visitantes y, por último, provocar dolor de espalda al desequilibrado doble pivote celtiña, definido por su radicalidad ofensiva.

Y viró el escenario de manera significativa. El Atlético había modificado su esquema y empezaba a ganar el duelo en el centro del campo, estrechando sus líneas. Augusto abrió el segundo acto con chut desviado por arriba pero el bloque madrileño esbozaba ya salidas de pelota en transición. Godín firmó el cambio de escenario con in testarazo alto en la suerte que tantos puntos arrancó en favor del conjunto colchonero, la pizarra.

Sin embargo, cuando el despliegue de los pupilos del Cholo empezaba a asimilarse a la habitual brega y contra fluida, Augusto se llevó al pelota con la mano en una porfía en campo propio y lanzó una contra que concluyó en las botas de Nolito. El artista andaluz sentó a Miranda y Mario, que llegaba descompensado, cometió penalti. El propio Nolito ajustó su disparo al poste para abrir el marcador y entregar, con retraso, el rédito a los méritos contraídos por su equipo en el primer acto. El marcador se complicaba para el tercer clasificado antes del 60 de partido.


Reaccionó de inmediato el Atlético con chut de Saúl tras pelotazo, en la siguiente jugada, que Sergio despejó con dificultad y el partido acogió el inicio de los mejores minutos del bloque rojiblanco en Balaídos. La subida de intensidad y líneas provocó que se abrieran espacios en ambos repliegues y se sucedieron las ocasiones con mayor peso en el juego colchonero. Larrivey, en el 60, perdonó de manera inexplicable el segundo tanto al rematar fuera cuando se encontraba en plena disposición para empujar el centro de Nolito. Griezmann respondió con intento de primeras en el punto de penalti rival tras pase de Cani que Sergio despejó al poste. La suerte tampoco acompañaba al actual campeón.

No obstante, la inferioridad colchonera en el centro del campo penalizó a los capitalinos y Agusuto, que superó a dos rivales -con error de Mario Suárez-, cedió a Larrivey para que éste combinara con Krohn Dheli en pleno vuelo a la contra. El danés, en el 71, atisbó la llegada en solitario de Orellana desde el perfil derecho del ataque y el chileno encañonó de manera cruzada el segundo tanto del partido. El Celta recogía a la contra lo sembrado con posesión.

Quemó Simeone sus cambios dando entrada a Raúl Jiménez por un Gabi superado en lo físico e impreciso y el Celta buscó el repliegue y salida de manera descarada. El Atlético ganó terreno y sus laterales, sobre todo Siqueira, empezaron a llegar desde las bandas. No en vano, el brasileño se anticipó a su par y fue golpeado en el área por Fontás, en una acción polémica que el colegiado no entendió como penalti. Mandzukic cabeceó con timidez un centro del segundo poste enviado por Juanfran en el 78, cuando el marcador pesaba demasiado a los visitantes y el duelo encaraba su desenlace con frontalidad.

Moyá salvó el tercer tanto gallego en otra contra fosforescente de Nolito que remató Orellana en minuto 91 como colofón de una de las derrotas más duras que ha sufrido el bloque rojiblanco en lo que va de calendario. La mejoría, en busca de la pelota, en el segundo tiempo no tapó la oscuridad de inicio y el Celta cosechó tres puntos que mereció desde cualquier faceta analizable. Simeone pierde el terreno estadístico ganado en la explosión del derbi y los vigueses, superiores, que contaron con Nolito, Orellana y Krohn-Dheli como actores principales, sigue avanzando en su recuperación de sensaciones. Reparto equidistante de elogios y sombras en el último partido dominical.