Opinión

Antiespañoles

COSAS VEREDES

María Cano | Lunes 16 de febrero de 2015

La opinión que tenemos de la política y de los políticos es nefasta. En las reuniones de amigos, familiares, en el café del trabajo… cualquiera coge carrerilla y despotrica contra los corruptos, los encarcelados, los imputados, los traidores y los que han mentido. Es cierto, la conducta de muchos de ellos dista demasiado de ser ejemplar pero no debemos dejarnos llevar por nuestra sangre caliente. Conviene reflexionar. Y recordar.

Porque la política (y los políticos) ha hecho posible grandes cosas a lo largo de la Historia. Sin ellos, muchos avances, derechos que muchos piensan que los ciudadanos hemos tenido desde siempre (ojalá) y progresos hubieran sido impensables. También ha evitado la política auténticas tragedias que instalados en una paz duradera se antojan demasiado lejanas, tanto como para olvidarnos de ellas.

Decía este lunes Mario Vargas-Llosa durante la presentación del Instituto Atlántico de Gobierno, presentado por José María Aznar, que los jóvenes más brillantes ven con desconfianza e incluso con horror la política, una actividad que hoy en día parece imposible que atraiga el idealismo, la generosidad y la creatividad de las nuevas generaciones que sólo ven en ella el interés, la intriga y la corrupción. Y tiene razón.

El problema es que este desprestigio de la política (con o sin razones) tiene sus riesgos cuando resulta que es “el instrumento fundamental con que cuenta una sociedad para avanzar, para sacar a un país de la pobreza, del atraso o hacer de una sociedad algo próspero y moderno”, según el Premio Nobel.

Nos gusta lo cómodo. Lo fácil es criticar: al árbitro, a un actor, a un político… Los españoles somos nuestros peores críticos y cuesta mucho más vendernos dentro que fuera de nuestras fronteras. Algo parecido está pasando con las reformas económicas emprendidas por el Gobierno, sólo hay que leer los titulares de la prensa internacional, informes de instituciones de reconocido prestigio, opiniones de líderes internacionales… Todos han pasado de la lástima y el cabreo ante un inminente rescate a un respeto colectivo por el trabajo bien hecho.

En cambio de los Pirineos para abajo la cosa no está tan bien y todo son protestas, acusaciones e indignación por los sacrificios a los que Rajoy ha sometido a los ciudadanos.

Los ajustes han sido duros pero si ya no estamos al borde del abismo, igual eran necesarios o, al menos, beneficiosos. Eso no quiere decir que estemos libres de peligro y que podamos bajar la guardia, al revés, pero nos sitúa unos cuantos escalones por encima.

A nosotros, que tanto nos gusta criticar y hacer como que sabemos y hablar por hablar, nos falta reflexión, crítica y, sobre todo, diálogo. Y cuando menciono el diálogo no me refiero a la típica discusión con el cuñado de turno en modo bronca esgrimiendo argumentos manidos que repetimos casi sin pensar… No, me refiero a hablar tranquilos, a escuchar lo que el otro tiene que decir, a analizar sus ideas sin rechazarlas de entrada y a admitir que podemos estar equivocados. Pero, sobre todo, nos falta orgullo y nos sobra vergüenza. Nos avergonzamos de ser españoles, nosotros que tantas banderitas sacamos en cada partido importante de Champions, de Nadal o de lo que toque… Algunos se empeñan en enfrentarnos y lo consiguen. ¿A quién beneficia eso? La Historia está ahí reposando tranquila para quien quiera ilustrarse y son incontables los ejemplos de ocasiones en las que unidos hemos salido adelante y hemos logrado nuestros propósitos.

Últimamente he escuchado a varios miembros del Gobierno pedir que se hable bien de España. Y aquí es donde los que no son favorables al Ejecutivo dejarán de leer. ¿Qué más da quien lo pida si es bueno para todos? Merece, al menos, una reflexión. Y esto lo suscribe quien ha sido la primera en criticar en numerosas ocasiones. Echo el freno y reflexiono, les invito a hacer lo mismo.