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El Madrid se aburre, no gana confianza, pero azota al Schalke (0-2)

LIGA DE CAMPEONES - OCTAVOS DE FINAL: SCHALKE 0 REAL MADRID 2

Diego García | Miércoles 18 de febrero de 2015
Ronaldo y Marcelo evitaron el resbalón ante un rival de palmaria impotencia. Por Diego García

Gestionar el ambiente de vendetta -contextualizado en el perenne respeto alemán al currículum de los gigantes extranjeros, alejado de la rebeldía de otras latitudes- al tiempo que se señalaba esta noche como la idónea, por urgente, para sacudirse buena parte de los fantasmas y sensaciones indigestas que ha traído este 2015 a la casa de Chamartín. Con esta mezcla de presión e incógnita con respecto a las propias y ajenas evoluciones sobre el césped afrontó el Madrid la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones. Con esta atmósfera y con el aliño romántico que suponía regresar al camino que disparó el recorrido hacia la Décima y desterró el embrujo alemán con aquel histórico 1-6. Todo ello compactado en la seriedad que envuelve cualquier cruce continental con presuntos aires de terreno resbaladizo.

Contemplando la necesidad por apagar el totum revolutum que ha cuestionado el sistema táctico e implicación de algunas piezas, diseñó Ancelotti la reproducción del esquema tradicional con el baile de nombres impuesto por las circunstancias. Así, Pepe regresaba a una zaga en la que los laterales volvían a ser protagonistas en la salida de pelota y Lucas Silva se estrenaba en la Champions cimentando el equilibrio de la medular comandada por la creatividad compartida de Isco y Kroos -pieza destinada a lanzar las contras fuera del Bernabéu en Europa-. Las tres puntas permanecían inalterables con la apremiada obligación de volver a rendir con y sin pelota. La posesión, las transiciones y el control de daños tras pérdida, hoja de ruta de los visitantes del Veltins Arena.

Di Matteo, protagonista del ascenso en lo compacto del Schalke, alineó la esperada línea de tres centrales -alejada de la vertiente en pro de la mejor salida de pelota- con carrileros físicos y especial tendencia a la subida de Aogo. Las bajas de Draxler y Farfán limitaron al extremo la capacidad venenosa de la contrucción de peligro alemán y el técnico italo-suizo tampoco quiso dar la alternativa a Meyer, la destacada perla teutona. Sí entendió, por contra, que era el momento del meta de 19 años Wellenreuther. Boateng y Höger surtirían de balones a las torres avanzadas: Huntelaar y Choupo-Moting. El juego aéreo, la pizarra y la unidad defensiva -propiciada con la llegada en este invierno de Nastasic del City-, elementos capitales en la supervivencia del club germano.


Arrancó el duelo con el Madrid en busca de la calma para congelar la salida local pero el Schalke amenazaba tímidamente en transición. Los españoles trataron, ante el buen posicionamiento local, de encontrar con celeridad al tridente para desestabilizar la cohesión entre líneas del Schalke y dejar claro el peso de la amenaza desde el inicio. La fogosidad de los mineros no terminaba por traducirse en una presión uniforme y se generaban espacios a la espalda de los medios, pero Kroos y Lucas Silva también mostraban su lejanía con respecto a Pepe y Varane en el repliegue y Aogo y Höger asomaban como adalides de la contra azul.

Se quemó el primer cuarto de hora con el conjunto madrileño asentando su asociación con la pelota salpicada de balones largos a los que el Schalke no respondía con elaboración que inquietara a Casillas. Este escenario de fango creativo, que se extendió hasta tomar la categoría de norma en buena parte del primer acto, limitó el bagaje de llegadas visitantes que se redujo a lanzamientos lejanos y acciones solventadas en intentos en solitario. El repliegue alemán funcionaba ante la obtusa claridad entre líneas merengue: Lucas Silva abrió fuego con un lanzamiento desde larga distancia que no encontró portería en el 18 y Ronaldo hizo lo propio desde distancia similar en el 24.

Por el camino, el Schalke avisó de la endeblez blanca en repliegue con una superioridad generada por la pasividad sin pelota de los puntas que concluyó en cambio de banda de y remate desviado, en solitario y desde el pico del área, del lateral zurdo Aogo y Huntelaar despertó a Casillas ante la falta de intensidad de centrales y mediocentros con una escapada en soledad concluida con cañonazo al centro -en el 25 de juego-.

Tras el amortiguamiento del arranque local, el Madrid no dio un paso asociativo en la posesión y las combinaciones lucidas no atisbaron su espacio hasta el balcón de la primera media hora, cuando el modelo tomó cuerpo en la primera combinación con líneas juntas y centro impecable de Carvajal que Ronaldo interceptó con la testa para abrir el marcador ante la salida vendida del joven guardameta. En el 26 de juego el Madrid suspiraba ante la anestesia para empezar a jugar con más soltura.

Por el camino, Huntelaar se unió a la devastadora lista de bajas germanas tras un lance con Varane. Platte, mismo rol y estatura, ocupó su plaza ante el enésimo contratiempo a afrontar por un bloque mutilado en lo ofensivo. Al tiempo de la sustitución, Kroos retrató la salida coral de la zaga local al dejar en mano a mano a Benzema. El galo no hizo el segundo por la notable reacción de Wellenreuther. El desmarque del francés esbozó la inseguridad rival, producto del primer tanto del duelo.

Se hizo con el dominio horizontal del tempo y la pelota el Madrid en el intervalo central del primer acto con subida de decibelios en busca de la sentencia en la recta final. El Schalke no llegaba a cerrar las líneas de pase y la movilidad entre líneas no era detectada por los alemanes, si bien no se generaban llegadas claras de peligro. Sin claridad para penetrar por abajo, el paradigma del balón al desmarque en profundidad protagonizó los siguientes avances reseñables después de que Wellenreuther sacara a Ronaldo una falta frontal que fue a portería, segunda novedad del luso en los últimos partidos tras su tanto. Kroos volvía a desatascar al desmarque en profundidad de los puntas con Ronaldo, que quedó solo en el área. La salida del joven meta achicó el espacio y el portugués no pudo dirigir su remate a puerta.

El Schalke era la nada con la pelota y se deshilachaba en las transiciones merengues antes del intermedio. Bale arrasó por potencia a tres rivales, partiendo de la cal y en diagonal, para ceder a Ronaldo, que no cazó con dirección acertada dos minutos después y el descanso sobrevino con el escenario plácido para el bloque madridista, que, más relajado en el repliegue, no interpretaba riesgo en la contra alemana ante la total inoperancia ofensiva del contendiente. Benzema bajó el telón del primer tiempo con un chut muy alejado desde el pico del área.

La reanudación permaneció en formol por el descenso en la intensidad con y sin pelota del Madrid hasta el ecuador del segundo acto. Se sucedió una posesión horizontal prolongada que el combinado del Rühr no percibía como incómoda y los minutos se quemaron al tiempo que Di Matteo introducía a Kirchoff por Neustädter, apuntalando el físico y dureza en el repliegue, lejos de buscar las tablas. Boeateng sobresalió en un combate sin puñetazos con dos voleas inconexas que encontraron los guantes de Casillas y la tribuna.

Isco
reaccionó con un lanzamiento cruzado tras taconazo de Bale en la frontal que lamió el larguero en el 71 pero el compromiso por la competitividad reclamado a los merengues quedaba de nuevo bajo mínimos cuando se afrontaba el último cuarto de hora. No obstante, el dejarse ir, tradicional esta temporada con resultados adversos desde enero, originó la rúbrica de Platte sobre el larguero del Madrid. En el 75 asustaba por primera vez el Schalke ante la pasividad absoluta del trabajo colectivo en el repliegue. Casillas atrapó el rechace en esta acción distintiva de la intencionalidad madridista en el segundo tiempo.

Pero la subida de líneas local, que abrió espacios para los coyunturales chispazos a la contra del voluntarioso Bale, no se tradujo en remates que provocaran el resbalón español. La falta de efectivos afinados en el cuadro alemán denunciaba, aún más, el descanso y autocomplacencia de los pupilos de Ancelotti, sólo interrumpida por la paleta técnica de Isco, que brindo alguna que otra exquisitez al respetable. Llegaron entonces los cambios de piezas: Benzema, gris en la faceta creativa y definitoria del juego, salió por Chicharito, Meyer -que dejó más rebeldía en la finta que cualquiera de sus compañeros de envite-, actúo en sustitución de Höger y Carvajal e Isco abandonaron su plaza para gozar de descanso y dar aire a Arbeloa e Illarra. Pero las modificaciones no eran sino espectadoras del tono general monótono de posesiones sin arte ni profundidad e intentonas sin colmillos del bloque azul.

Marcelo desperezó la eliminatoria con el segundo tanto del duelo tras una cesión de Ronaldo en un fogonazo genial y retrato de la pegada merengue. El carioca cruzó su disparo a la escuadra desde el pico del área en el 78 para sentenciar la impotencia del Schalke en una de las pocas acciones elaboradas en estático con intención vertical del segundo acto. El segundo disparo a puerta madridista argumentaba el segundo acto de bostezo y presión arterial congelada. La defensa del 1-6 no guardaba preponderancia en este miércoles y ni el hambre de gloria ni la inestabilidad en las sensaciones colectivas del sistema de Carletto antojaban un resultado distinto. "Lo importante era ganar", dijo Arbeloa ante el Deportivo y su reflexión se ha extendido al coliseo minero. Seriedad en la oscuridad. Sin recuperación del tono fluido, ni de la alegría en la asociación, ni de la seguridad en el repliegue. Pero el Bernabéu cerrará el pase a cuartos si no hay debacle. La rehabilitación queda, pues, en suspenso.