Opinión

Un desahucio más que necesario

EPPUR SI MUOVE

Antonio Hualde | Jueves 19 de febrero de 2015

Cerca de mi casa hay un portal donde todas las noches duerme un indigente. Azares de la vida, el portal en cuestión es el de una agencia inmobiliaria que se llama “Escoge Casa”. Y, por lo visto, alguien se lo ha tomado al pie de la letra. No se si mi “vecino” duerme allí porque le han desahuciado o, simplemente, porque no tiene dónde ir, pero el caso es que allí está, pasando frío.

Los hay que sí, que han tenido que abandonar su casa por la voracidad de un sistema cabrón. Demagogias aparte, es cierto que más de uno se pasó de listo a la hora de creer que todo se podía pagar con el crédito, cuando la realidad no es así. Irresponsabilidad, se llama. De eso entienden mucho en Grecia. Pero no hablo de manirrotos ni de protagonistas del cuento de la cigarra y la hormiga, sino de familias que tuvieron que recurrir a una vivienda de protección oficial, y hoy ven cómo esa protección era mentira. ¿Por qué? Pues porque el Ayuntamiento de Madrid vendió esas casas a un fondo buitre que se dedica a lo que se dedica: especulación pura y dura. Y a la calle.

La alcaldesa niega la mayor, despachándose con un lacónico “sólo han cambiado de casero, nada más”. De cualquier forma, qué iba a decir. Ella, que se fue a un lujoso spa en Portugal mientras 5 niñas morían la noche de Halloween, en aquella maldita fiesta que el consistorio del que vive nunca debió autorizar. O que dejaba boquiabiertos a los miembros del COI con su “relaxing café con leche”. A la vista está, lo suyo es recortar y desahuciar, no hablar.

En ocasiones, cuenta con ayuda. Los árboles, por ejemplo. La reducción del número de jardineros municipales ha hecho que los árboles del Retiro no tengan quién los cuide, y claro, las ramas se caen. Ya han matado a una persona, desahuciada de la vida por el ansia de cargarse empleos públicos y, si nada lo remedia, habrá más. Eso sí, no faltan concesiones privadas a empresas cuyos trabajadores de a cuatro duros la hora se dedican a multar a mansalva, que aún hay que pagar la M 30. A esos empresarios no hay quien los desahucie, no vaya a ser que se les muera la gallina de las comisiones de oro.

Lo último ha sido especialmente cruel: paradas de autobús “anti mendigo”. Se trata de una cuña puesta en mitad del banco de la marquesina y que impide que nadie pueda tumbarse. Así, los desahuciados no podrán dormir ni en las paradas de autobús ni bajo los árboles del Retiro, esos que al caer matan gente. Qué pena. Una alcaldesa podrá ser mejor o peor pero, al menos, que tenga corazón. Caso contrario, que ella misma se desahucie de una ciudad a la que ha hipotecado el alma.