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El Real Madrid recupera su compromiso colectivo (0-2)

JORNADA 24: ELCHE 0 REAL MADRID 2

Diego García | Domingo 22 de febrero de 2015
Los goles de Benzema y Ronaldo refrendaron la victoria. Por Diego García

La retórica del fútbol maneja un amasijo de lugares comunes que envuelven la mística de un juego, a menudo, impredecible. Pues bien, la tesis coyuntural que se ajustaba con perfecta simetría al duelo del Manuel Martínez Valero es aquella que sentencia que "las Ligas se ganan en campos pequeños". Especial relevancia tomó esta aseveración contemplando la caída en el acantilado malacitano sufrida por el Barça y su apático Messi. El Madrid arribó en territorio levantino con la urgencia de arrancar los tres puntos para construirse un colchón que permitiera no jugarse el liderato en el Camp Nou. Cualquier tropiezo se entendería como una oportunidad definitiva arrojada por la ventana.

Así, Carlo Ancelotti decidió repetir el once que se impuso en Genselkirchen el pasado martes, con Lucas Silva y Kroos en la medular e Isco con libertad creativa. El técnico apostó por Marcelo y Carvajal -entendiendo que la pelota debía ser madridista a través de una buena salida de pelota y mayoría numérica en el centro del campo- y Ronaldo, Benzema y Bale debería afinar su puntería y fluidez asociativa para aportar el peso venenoso a la causa. El dominio del ritmo a través de la pelota y la ocupación efectiva de espacios -lo que incluye la activación tras pérdida-, se perfilaban como elementos nucleares del guión merengue.

Fran Escribá, por contra, asumía desde el once la seguridad en el repliegue como un vértice sobre el que crecer. Entregaría la pelota a los visitantes y buscaría alimentar la potencia de su delantero único -Jonatas- con la clase de Víctor y la velocidad en las bandas de Aarón y Fajr. Por detrás, como red de seguridad, figuraba la línea de cuatro habitual, con laterales muy pegajosos, y la brega de Pasalic y Adrián. La transición aprovechando el mal balance capitalino y el balón parado, puntos a seguir. La capacidad del tanque carioca para aguantar la pelota y dar aire al repliegue de los suyos se antojaba como valor esencial.

Arrancó el duelo con la hoja de ruta prevista: el Madrid dominaba con amplias posesiones horizontales. Sin embargo, una variante valiente modificó las previsiones. El Elche adelantó su defensa sin complejos para achicar el espacio combinativo de su rival y colapsar los pasillos de pase entre líneas. Además, para mayor torsión de lo que se venía viendo en las últimas fechas, los pupilos de Carletto salieron a morder con una presión asfixiante que se estiró hasta el coqueteó con la media hora de partido.

El poder e intensidad con y sin balón merengue susurró con rapidez lo que se le venía encima al Elche. Bale -puntal más efectivo en el desborde- vio como el colegiado le anulaba su remate a la red aprovechando un desmarque al espacio otorgado por la zaga local en el dos de juego. Y sobrevino la tempestad que se extendió hasta el 15 de batalla: robo arriba de Benzema tras gran presión del Madrid que concluyó con recorte de tacón y disparo que lame el palo largo de Ronaldo -minuto 4-; desmarque al espacio de Benzema que ve Marcelo con desborde del galo y centro peligroso conjugado por la zaga -minuto 6-; pared entre Marcelo y Ronaldo que termina en centro y despeje in extremis -minuto 8-; remate tras desmarque de Bale que Tyton saca con dificultad -minuto 10-; y el meta ilicitano cerraba este primer capítulo de estrechez despejando, con una notable estirada, el chut de Ronaldo desde media distancia tras una buena combinación con Isco en el 13 de juego.

Tomó aire el Elche con una posesión más o menos larga y el Madrid descendió pulsaciones aunque ambas líneas defensivas y de presión permanecían tensas. La fluidez combinativa merengue se hacía algo más densa y menos vertical por lo que el ritmo de ocasiones generadas bajó. Sin embargo, antes de quemar la primera media hora no se secó la producción visitante. Marcelo envió un pase de trazo largo al segundo poste que Ronaldo cruzó demasiado antes de que el luso fallara, de manera grotesca, un remate a la red tras centro de Bale -efervescente en su perfil- en el 18. Llegó a la orilla el bloque levantino después de que el testarazo del luso lamiera el poste de Tyton en el minuto 24.

Amainó la tormenta con el 0-0 ganado por el Elche y el Madrid bajó de manera definitiva el ritmo en la elaboración y en la intensidad de la presión tras pérdida. La posesión se mantenía blanca ante un sistema encogido de los pupilos de Escriba, incapaces de salir con criterio o sin él. Se ganó el descanso no sin antes asistir al gol anulado -de manera polémica- tras una chilena sublime de Benzema -minuto 39-, a la mano absurda de Marcelo en pase intrascendente que le costó la amarilla, el codazo con similar castigo que asestó Jonatas a Pepe y el remate de Isco desde la frontal. Sin embargo, el colofón al primer acto lo puso Pasalic con la opción más clara de su equipo -única oportunidad- tras un robo y salida del Elche que pilló lejos de la cobertura a Kroos y Lucas Silva -superado en todos los duelos individuales defensivos-. El volante lanzó a portería teniendo a Joanatas abierto y no encontró la diana. Fogonazo aislado del equipo que sobrevivía sin análisis más optimista que ese. Los merengues, por contra, ganaron enteros de rendimiento a través del esfuerzo colectivo en la presión.

Sin retoques por ambas partes -ambos habían jugado bien su rol con independencia del rédito- arrancó el segundo acto, aunque la apuesta alicantina sufrió una mutación: Escribá pidió subir pulsaciones y líneas para salir de la cueva y regatear el gol en contra tratando de asustar a Casillas. Y los jugadores del técnico levantino se afanaron por conseguir el cambio de escenario con celeridad. No obstante, Iker sacó con una estirada afinada un remate de Aaron cruzado, solo en el área, en el 2 de segundo acto.


Pero con este paso de valentía se abrían espacios a explotar por parte de los adalides de la contra visitante. Isco avisó con un chut a contrapié del meta que no encontró portería de milagro en el 53. Con estas fisuras en la cohesión ilicitana se atisbó una subida en la dureza del juego local, como consecuencia del desborde madridista. El colegiado perdonó una roja flagrante a Aaron por una patada salvaje con la plantilla hacia el tobillo de Bale como muestra más palpable de las inercias cruzadas.

Y la situación a la que se abocó un movimiento valiente de Escribá se convirtió en el caldo de cultivo preferido de la velocidad en transición merengue. Benzema golpeó sin cortesía en el primer contragolpe claro conducido por Ronaldo. El luso desbordó con claridad y su centro cayó, tras golpear en Tyton, en las botas del delantero galo, que empujó a placer abriendo el luminoso. Con menor fluidez e intensidad encontraba el Madrid el camino hacia los tres puntos.

El modelo profundizó con posesiones horizontales y cierto repliegue como señuelo del bloque de Ancelotti con el marcador a favor. El técnico local sacó del campo el trabajo de Aaron para introducir el desborde de Rodrigues, exento de compromiso en defensa y, con este paisaje de espacios, el ritmo y las ocasiones regresaron, con claridad, al lado del líder. Bale y Ronaldo intercambiaron chuts inocuos tras acciones diagonales en solitario antes de que el luso dibujara un testarazo impecable, en vuelo y a la contra, para sentenciar el duelo. Isco llegó a línea de fondo y centró con precisión y Ronaldo anotaba un nuevo tanto que mató la actividad competitiva en el coliseo ilicitano. La igualdad llegó hasta el 67 de partido.

Tras el segundo puñetazo cayó el ritmo pero los merengues siguieron exhibiendo una actitud en la presión y el achique desconocida en 2015 y Ronaldo gozó, por ende, de nuevas opciones en una falta frontal que no encontró el arco y un remate desviado en vuelo. Kroos también gozó de su opción al recoger un despeje defectuoso de Roco y lanzando desviado desde la frontal antes de cubrir el 80 de partido.

Antes de que sobreviniera el final del envite Illarra y Arbeloa sustituyeron a Lucas Silva -falto todavía de adaptación táctica y física- e Isco -de extraordinaria capacidad de sacrificio y artística, con maniobras deliciosas- y Gálvez y Herrera hicieron lo propio en el Elche por Pasalic y Adrián. En un despliegue continuado de robos y salidas madridistas otorgaba el partido sus últimos estertores, desde donde Jesé tuvo medio minuto en lugar de Benzema -excelso con espacios-. Los tres puntos viajaban a Madrid con el aliño de un lavado de imagen completo y rotundo. El liderato queda afianzado por la mejor versión de los pupilos de Carletto en lo que va de año, que no de temporada. En estático se mantuvo la igualdad en el resultado como amplio dominio visitante y en transición se decantó la balanza con claridad. La racha de dos victorias consecutivas que sacaron al Elche del descenso queda, por tanto, cortada.