Mariano Rajoy y Pedro Sánchez disputaban este martes el último debate sobre el estado de la nación de la legislatura, cita para un balance interesado y anticipo de las distintas campañas electorales de 2015, pero también oportunidad para devolver a PP y PSOE la iniciativa política y al Congreso de los Diputados la atención de una opinión pública tentada estas últimas fechas desde la Puerta del Sol, el Círculo de Bellas Artes o los platós. No han faltado alusiones -sin apenas menciones- a Podemos y a Ciudadanos.
Dicen los veteranos de este debate que favorece en formato a los presidentes, con más turnos de palabra -y la de más valor, que es la última- y en argumentos, a la oposición, que suele contar con gran número de elementos para tratar de dejar en mal lugar al jefe de Gobierno. Rajoy ha jugado bien su baza, que es la de una recuperación incompleta que sólo puede acabar quien la ha propiciado, y Sánchez ha tratado de echar abajo que la mejora sea tal y como la vende su oponente.
Para el socialista, la economía macro y la doméstica siguen sin casar. Ha invitado a Rajoy a “salir del plasma” y a contar en la calle eso de que “la crisis es historia”. El popular, que esperaba un ataque por este flanco, había venido protegido por un plan para aliviar la carga a los más golpeados por la crisis, como la extensión de los ‘cheques familiares’ o la ‘segunda oportunidad’ para que los españoles puedan renegociar su deuda.
También el Plan Integral de Apoyo a la Familia, que, a poco que se recurriera a la memoria o a Google, y los asesores de Sánchez lo han hecho, se puede comprobar que ha sido anunciado ya en varias ocasiones desde 2012. El socialista se ha lanzado también contra el titular de Rajoy de que evitar el rescate ha sido su mejor medida social. “La realidad es que España fue rescatada”, ha sentenciado portadas nacionales e internacionales en mano.
Uno de los aciertos de Sánchez ha sido precisamente no llevar escrita de casa por completo la primera ponencia -no ha ocurrido lo mismo con la segunda y definitiva- y aprovechar las poco más de dos horas de descanso para comer en buscar los puntos débiles de la del rival, pero ese rival, Rajoy, lleva a sus espaldas muchas jornadas como esta. El presidente ha subido al estrado enérgico y con frases breves pero contundentes que han levantado a su bancada. Eso sí, ha abierto la veda del ‘y tú más’.
También de los ataques más duros de la sesión. El presidente, que no ha escondido hasta la fecha ni en público ni en privado que prefería a Alfredo Pérez Rubalcaba, ha lamentado no tener ante sí a un interlocutor más “moderado” o de “más nivel” en su socio contra el yihadismo.
El receptor de los ataques tampoco se ha quedado corto: “No tienen vergüenza”, ha dicho a la “derecha de siempre”, como ha calificado al Partido Popular. Se han echado a la cara a Luis Bárcenas y a Manuel Chaves –sentado en su escaño- y no han pugnado menos por deshacerse de la autoría de los mayores recortes. “Yo soy un político limpio”, ha exclamado Sánchez, que ha aconsejado a Rajoy que se “jubile” para dar lugar a “un nuevo tiempo”.
Ese ‘nuevo tiempo’ no pasará por Sánchez, considera Rajoy, porque “no ha dado la talla ni de lejos para ser presidente del Gobierno de este país”. Visiblemente enfadado en algunos momentos, ha cerrado el cara a cara bruscamente con una petición que tanto ha entusiasmado a los propios como desconcertado a los ajenos: “No vuelva usted más aquí a hacer ni a decir nada. Ha sido patético”.
Y la frase ha resonado de tal forma que apenas se recordaba ya lo anterior y ha terminado por dar un aire crispado a un intercambio que ha acabado en los viejos vicios, quizá para gusto de los que esperan presenciar desde el hemiciclo e intervenir en las siguientes ediciones.