Las 'ideas' que arraigan en el mundo árabe y persa. Por Borja M. Herraiz
El mundo árabe siempre ha estado plagado de fábulas y cuentos que han hecho volar la imaginación de millones de personas de todo el mundo. Desde las mil y una noches a las más diversas fantasías, el imaginario popular en Oriente Medio y Próximo ha sido siempre fértil.
Tanto es así, que las habituales
teorías conspiratorias, o 'conspiranoicas', como se las conoce irónicamente, tienen especial calado entre árabes y persas. La publicación
Esglobal, experta en relaciones y conflictos internacionales, ha recogido algunas de las más inverosímiles que han enraizado en buena parte de la población, gracias a Internet y las redes sociales, desvirtuando el contexto sociopolítico en el que coexisten.
Esglobal destaca diez de entre una larga lista de teorías publicadas en diversos medios, páginas y blogs de la región:
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El Estado Islámico es un producto made in Occidente, y Hillary Clinton así lo detallaba en sus Memorias.
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Estados Unidos se alió con los Hermanos Musulmanes para destruir Egipto.-
Morsi planeaba ceder toda la Península del Sinaí a Hamás.
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Un episodio de los Simpson demuestra cómo la mano de Estados Unidos se esconde tras del estallido de la primavera árabe.
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El Tratado de paz entre Egipto e Israel trajo cáncer, hepatitis y otras enfermedades al país árabe.
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Henry Kissinger tenía un plan para exiliar a todos los cristianos de Líbano cuando estalló la Guerra Civil en 1975.
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La monarquía saudí es de origen judío.
Gaddafi también lo era, de hecho.
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Al igual que el califa de moda Abu Bakr al Baghdadi, que en verdad se llama Simon Elliot.
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Estados Unidos dio el último empujón para que Saddam invadiera Kuwait.
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Tanto las bebidas de Coca Cola como de Pepsi contienen sustancias porcinas y alcohol.
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La “Operación Sansón”: Israel tiene armas nucleares preparadas para ser lanzadas sobre todos y cada uno de los países del mundo árabe.
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Jomeini -si, aquel que lideró la revolución que puso a un país entero en guardia contra Occidente- era en realidad un infiltrado británico.
Como denominador común, estas teorías tienen por objetivo
culpar a Occidente y a Israel de los acontecimientos más inverosímiles y siempre dejan tras de sí una endeble justificación para sembrar entre la ciudadanía la duda de su posible verosimilitud.
Sin embargo, algo de lo que se sorprende la publicación es de que estas ideas no sólo encuentran terreno fértil en la imaginación del pueblo llano, sino que
políticos e intelectuales árabes y persas dan pábulo a estas teorías defendiéndolas como una conspiración para acabar con el islam en todo el mundo.
He aquí donde reside su gran poder, puesto que estos bulos no buscan erosionar la imagen de un líder o un país islámico en concreto, sino que socavan la reputación de todo un credo, por lo que su capacidad de convocatoria es mucho mayor.
A juicio de Esglobal, "para los ciudadanos, éstas teorías representan una manera de expresar su frustración, consecuencia de la impotencia y de la opacidad de la toma de decisiones tan características de la gobernanza regional".
Además, achaca el sorprendente éxito de estas ideas a "la ignorancia, en particular del desconocimiento de la Historia, consecuencia de las
carencias en los sistemas educativos" de la región, y a "un Occidente culpable de promesas incumplidas y (...) a la injerencia extranjera continua".