Luis María ANSON | Miércoles 25 de febrero de 2015
Predecible, mediocre, aburrido, así ha sido el debate sobre el estado de la nación. La vulgaridad...
Predecible, mediocre, aburrido, así ha sido el debate sobre el estado de la nación. La vulgaridad de la inmensa mayoría de los líderes de los partidos resultó acongojante. La ciudadanía se interesó en la calle por otras cosas sin prestar atención al despliegue audiovisual en torno a la trivialidad parlamentaria.
Hay que salvar a Duran Lleida. Aparte de que es un formidable orador, planteó con mesura la significación profunda del órdago secesionista catalán. Reprochó a Mariano Rajoy su lenidad permanente, su pasividad ante el desafío soberanista, su rechazo para negociar. Según Duran Lleida, si el presidente no entabla conversaciones sobre la situación catalana el problema se puede ir enquistando hasta extremos incontrolables. Tiene razón el dirigente de CiU. Aunque la eminencia gris de Rajoy, el gurú Pedro Arriola, afirme que el tiempo arregla todas las cosas, eso es una frase de hoja de calendario. El tiempo no solo no ha arreglado el órdago secesionista sino que lo ha convertido en un problema de agresividad creciente.
Me consta que Mariano Rajoy está realizando algunos movimientos al margen de la tesis de Arriola de no hacer nada. Si esos movimientos van en la buena dirección, las elecciones plebiscitarias anunciadas, que no convocadas, para el próximo mes de septiembre podrían aplazarse. El Gobierno y España tienen en Duran Lleida al hombre capaz de conciliar la situación.