Opinión

Armanis a 14 euros

Martín Juaristi | Sábado 24 de mayo de 2008
Nadie visita Shenzhen sin pasar por el centro comercial de Luohu. Situado en el centro de la ciudad, en la misma frontera con Hong Kong, el inmenso edificio da cabida a centenares de tiendas donde es posible adquirir artículos de imitación entre los que, debido a la idiosincrasia de los visitantes (turistas y habitantes de Hong Kong), predominan artículos de lujo como relojes, joyas, o prendas y complementos de marcas como Gucci o Cartier que, a pesar de las redadas ocasionales, los comerciantes exponen impunemente.

Los lugareños prefieren ir no a la zona comercial de Dongmen, donde la variedad es mayor y los precios son más bajos. Lo que mantiene alejados a los clientes de Luohu es, seguramente, el aspecto caótico y un tanto deprimido de la zona, poco apta para dicha clientela.

A partir de allí, uno puede seguir, alejándose del centro, una interminable sucesión de zonas y puestos de venta, cada vez más baratos y más difíciles de encontrar, hasta dar con puestos de venta al por mayor donde no hace falta regatear para obtener precios que hacen que Luohu parezca una boutique de lujo.

Decir que Shenzhen es la capital china (y, por tanto, mundial) de la copia es algo injusto. La oferta de productos falsificados no es superior a la que puede encontrarse en otras ciudades del país. Sin embargo, a falta de otra seña de identidad, Shenzhen carga con esta reputación desde hace tiempo, lo que puede que la convierta en el lugar idóneo para estudiar este fenómeno que, por otro lado, no frena la proliferación de centros comerciales “legítimos”, donde productos de marca se venden a mayor precio que en occidente.

El por qué de esta proliferación es para mí tanto o más misterioso que todo lo anterior.

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