Sábado 24 de mayo de 2008
Hay líderes que nunca acaban de marcharse, pues su ascendiente sobre el partido excede los límites del tiempo. Tal es el caso de Javier Arzallus, alma mater del PNV. Cada vez que habla, sienta cátedra. No en vano, sigue siendo el referente de mayor peso ideológico en lo que a nacionalismo vasco se refiere. Pocos osan contradecirle. De surgir alguna discrepancia, ha sido más por motivos formales que de fondo. Y lo cierto es que, si algo –posiblemente lo único- hay que agradecerle a Arzallus es su claridad de planteamientos, una cualidad infrecuente entre la clase política. Pero Arzallus, desde luego, habla claro.
Y ha vuelto a hacerlo, para criticar las detenciones de la cúpula de ETA en el sur de Francia. Que sí el tal “Thierry” no es el verdadero líder de la banda, que si no está bien capturar a un negociador; en suma, que no le ha gustado que se detenga a terroristas. Olvida Arzallus que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado están para protegernos, por lo que han de detener a quien delinque. Guste o no y más allá de cálculos políticos. En cualquier caso, no es la primera vez que alguien del PNV manifiesta su desencanto por la detención de algún terrorista, o por la persecución de las muchas actividades delictivas de la izquierda abertzale. De igual modo, tampoco extraña ya ver cómo desde los batzokis se arrojan permanentes dudas sobre Guardia Civil y Policía, quizá porque son quienes detienen a sus correligionarios más radicales. ¿En cuántos ayuntamientos el PNV apoya gobiernos a cargo de las diversas marcas con que ETA piratea?; ¿cuántas veces se han puesto al lado de quienes amparan o defienden los atentados?. ¿Qué dirán ahora de su apoyo al ex alcalde de Andoain? –detenido por su vinculación a la banda, el cual salvo para el PNV era un vulgar acólito de ETA,. Son demasiados años bordeando la frontera de la ignominia como para que a algún iluso se le ocurra que hay movimiento dentro del PNV. Los nacionalistas pacíficos, pero radicales y maximalistas (el antónimo de violento es pacífico, que no moderado), necesitan de la “equidistancia” para proyectar la idea de los dos bandos, justificación de un “conflicto” vasco producido por un supuesto problema de soberanía, alimento filosófico central para los objetivos soberanistas del PNV. Sin embargo, a nadie debiera engañar este argumento falaz: problemas siempre existen, precisamente la democracia no es otra cosa que un sistema de gestión de problemas –incluidos los de soberanía; los problemas degeneran en conflictos cuando una parte pretende resolverlos por la fuerza. El PNV sabe mejor que nadie que el objetivo de los eusko-nazis no es tanta o cuanta soberanía, sino el poder, todo el poder, se entiende. Y, en esa senda hacia el poder totalitario, la secesión no es más que un paso. El día que el PNV reconozca que ese es el verdadero “conflicto” vasco y se aplique el cuento, se convertirá en un factor de paz. Mientras tanto, a día de hoy, el PNV es un obstáculo para la paz.
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