Opinión

Los delirios sexuales de López Madrid

COSAS VEREDES

María Cano | Lunes 02 de marzo de 2015
La imputación de Javier López Madrid, consejero delegado del Grupo Villar Mir e íntimo amigo del Rey, por acoso es de auténtico folletín. La demandante ha presentado ante el juez todo un rosario de pruebas no sólo del acoso y de las amenazas que ha sufrido desde 2012, sino también informes médicos tras ser atacada dos veces con arma blanca por dos sicarios. El primero le dijo que estaba indefensa; el segundo, que de parte de López Madrid, que cerrara la boca. También se presentaron en el colegio de su hijo pare decirle que les estaban vigilando. Y todo porque quería acostarse con ella y atarla y hacerle daño y no sé cuántas cosas más… y ella no.

Leía hace no mucho que estamos viviendo un resurgir del machismo y que donde más se está haciendo notar es entre los adolescentes y los más jóvenes. Mantienen relaciones posesivas, de dependencia, según el informe, y esas conductas son el germen de otras mucho peores en la edad adulta.

Nadie debería sufrir acoso por no corresponder a las apetencias sexuales de otra persona. Pero esa es la punta del iceberg. Uno de los debates que más interés ha suscitado en la redacción en diversas ocasiones es el de los comportamientos “admitidos” como normales cuando no deberían serlo.

Un ejemplo. Imaginen a un alto ejecutivo de, pongamos, 45 años al que su jefe le dice de buena mañana: “Juanuchi, precioso, ¿qué tal va todo hoy?”. Como poco los presentes levantarían una ceja o las dos y pensarían que o bien el susodicho jefe se había fumado algo muy relajante y alegre esa mañana o bien habían decidido proclamar su idilio ignorado hasta ese momento a los cuatro vientos.

En cambio, cuando la receptora es una mujer, ese comentario no es tan extraño. De hecho puede ser, incluso, habitual. Y estoy segura de que sin mala fe, pero el desconocimiento de las leyes no exime de su cumplimiento… Quienes así se dirigen, probablemente con deseos de agradar, a las féminas de su ámbito laboral no se dan cuenta del malestar que pueden provocar (no a todas, que seguro que hay a quien le encanta, claro).

También son habituales los comentarios sobre el aspecto físico, la ropa elegida y, en algunos penosos y menos comunes casos, incluso sobre los atributos de la mujer en cuestión. Creo que sobran los comentarios sobre este punto.

Y luego están los que dan por hecho que una mujer, una vez que decide tener hijos, pone fin a su carrera profesional. Así, como suena. Y se quedan tan panchos y tan convencidos. O sea, que la que hasta ese momento era competente, eficiente, responsable o las cualidades que le quieran atribuir a esa mujer en la que estén pensando, desaparecen junto con la placenta en el momento de la expulsión y nos convertimos en unas pobrecitas que ya no servimos para nada y que suponemos una carga para las empresas que por lástima nos mantienen en nuestros puestos de trabajo. Hago un inciso para decir que por fortuna no todos los hombres piensan así, pero son demasiados los que sí.

El caso de López Madrid o el de la larga lista de maltratadores y acosadores de nuestra sociedad es uno de los extremos de esta cuerda que sin intención todos ayudamos a tensar al aceptar ciertos comentarios o situaciones como normales si el destinatario es una mujer. Y de eso todos somos responsables.

¿El riesgo? Que al ser una mujer la que hace estas afirmaciones, ya me habrá colgado el cartel de feminista más de un@ mientras lee estas líneas. O alguno pensará que me indigno con facilidad cuando debería sentirme halagada y que soy una desagradecida. Sólo espero que esos mismos se lo piensen dos veces antes de tratar a una mujer en el trabajo de manera diferente a como tratarían a un hombre y que eduquen a sus hijos para que hagan lo mismo. Por algún sitio habrá que empezar…