Opinión

Huber Matos, a un año de su muerte

EN TRES TIEMPOS

Alejandro San Francisco | Martes 03 de marzo de 2015
La Revolución Cubana sigue siendo un tema importante, no sólo para la historia, considerando que sucedió en 1959 y fue una de la manifestaciones más visibles de la Guerra Fría en América Latina, sino que también es relevante en el ámbito político, debido a que el régimen surgido del éxito revolucionario se ha perpetuado hasta hoy, ya no con Fidel Castro como líder principal, sino con su hermano Raúl.

Cuando se recuerda a los barbudos de Sierra Maestra, a los hombres y mujeres que encabezaban la Revolución, a los guerrilleros que actuaban bajo el liderazgo de Fidel y el Che, siempre surgen nombres como los de Camilo Cienfuegos o Huber Matos, entre otros. El primero de ellos, hombre carismático y rebelde, falleció en extrañas circunstancias nunca aclaradas, en octubre de 1959. El caso de Huber Matos es todavía más dramático y tuvo una extensa vida que solo culminó el 27 de febrero de 2014, hace un año atrás.

¿Quién era Huber Matos? Fue un cubano que nació hace casi un siglo, en 1918. Durante algún tiempo fue profesor de escuela y más tarde se unió a la resistencia contra el gobierno de Fulgencio Batista, estando convencido de que el camino revolucionario era la forma para avanzar hacia la libertad, como lo habían hecho en la historia Simón Bolívar y Abraham Lincoln, por ejemplo. Así se unió a las fuerzas que lideraba Fidel Castro y que culminarían el 1° de enero de 1959 con la victoria de los revolucionarios.

Hay una foto famosa, del 8 de enero, que muestra las fuerzas revolucionarias ingresando a La Habana. Arriba de un coche y con sus tradicionales vestimentas verde olivo aparecen Camilo Cienfuegos a la izquierda, Fidel Castro al medio, con un brazo levantado, y Huber Matos observando al líder revolucionario. En la nueva organización del poder, Matos recibió el nombramiento como Comandante del Ejército en la importante provincia de Camagüey.

Sin embargo, el momento decisivo de la acción de Matos en la Revolución Cubana fue cuando decidió apartarse del castrismo, o del giro comunista del nuevo régimen, que situación que se encuentra ampliamente narrada en Cómo llegó la noche (XIV Premio Comillas, Tusquets, varias ediciones), las memorias escritas por Matos. Como muchos en su momento, Huber estimaba que la Revolución tenía por objetivo terminar con la dictadura de Batista, para luego establecer un sistema democrático en la isla. Al poco andar se dieron cuenta de su error, no se trataba de un rebelión típica contra un gobierno, sino que de un cambio radical de estructuras en la sociedad cubana, que lentamente comenzó a construir el primer sistema comunista de América Latina, como lo había hecho la Unión Soviética en 1917 y tantos en Europa Central y del Este después de la Segunda Guerra Mundial.

Manifestó sus discrepancias en sendas cartas a Fidel Castro, en las cuales en la práctica presentó su renuncia. Posteriormente ambos se reunieron: "Olvídate de renunciar", le dijo Fidel a Matos; "tengo todo controlado", agregó en relación al giro hacia el marxismo que demostraban figuras como el Che y Raúl Castro. A pesar de las buenas intenciones no hubo solución definitiva, y en octubre Huber Matos retomó la línea de la renuncia, como informó a algunos oficiales a su mando: "Mi presencia en las fuerzas armadas y en este proceso es incompatible con la desviación ideológica que se está produciendo".

En esta ocasión Castró sí aceptó la renuncia, y rápidamente comenzó la persecución. Las radios, controladas férreamente desde el poder, comenzaron a vociferar en contra de Matos, calificándolo de traidor. Pronto comenzaría un juicio en su contra, otro de los muchos que se realizaron en los primeros años del régimen castrista, que habitualmente terminaban en la cárcel o en el paredón.

"No le tuve miedo a las balas de Batista ni le tengo miedo a las de Fidel. El mundo sabrá un día que el verdadero traidor a la Revolución es él", señala Matos recordando esos días, que terminarían de una manera rigurosa, aunque seguramente previsible, debido a la dureza con que los revolucionarios comenzaron a tratar cualquier tipo de disidencia. Aunque no faltaron quienes esperaban la pena de muerte contra Huber Matos, finalmente la sentencia fue veinte años de cárcel, acusado de sedición y traición contra la Revolución. Los cumpliría íntegramente, y solo saldría de prisión en 1979.

Al concluir Cómo llegó la noche, Matos reflexionaba sobre el sentido de su labor política: "He luchado por una patria sin amo, en la que los cubanos podamos construir nuestro propio destino en paz y libertad, sin odio y sin miedo. En mis afanes o mis sueños no me han motivado solamente el bien de mi país, sino también el de esa gran patria común que es la Humanidad".

Precisamente después de 1979 el antiguo revolucionario y prisionero de la misma Revolución se dedicó, entre otras cosas, a recorrer distintos lugares del mundo. Su objetivo era contar una historia y proyectar un futuro para Cuba. A medida que pasaron los años y el régimen de Castro se momificó, perdió progresivamente el respaldo universal que tuvo por haber derrotado una dictadura y por sus anhelos proyectados de una sociedad más justa. La realidad mostraba el establecimiento de una nueva dictadura, vitalicia y hereditaria, que además no había traído la justicia social.

Muchos hombres murieron en el camino, o fueron encarcelados o exiliados, luchando por una Cuba libre e integrada a las formas propias de gobierno civilizado. Era lo que ansiaba, como tantos otros, Huber Matos.