EPPUR SI MUOVE
Antonio Hualde | Jueves 05 de marzo de 2015
Decía Simone de Beauvoir que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. Tan triste como cierto. El pasado fin de semana, un grupo de cafres -féminas incluidas, que reían las “gracias” de sus compañeros de camada- llamaba de todo a una árbitro asistente durante un partido de fútbol regional en Cádiz. Los insultos recogidos en el acta son aberrantes, y retratan a los animales que los rebuznaron. En todo caso, la Federación Andaluza de Fútbol ya le ha puesto precio a la “hazaña”: 50 euros de multa. O lo que es lo mismo, 50 euros es lo que vale la dignidad de la joven arbitro.
Nos queda mucho por evolucionar. Pero mucho, mucho. Y quizá un buen punto de partida sería laminar tanta tontería como hay, por ejemplo, en materia dialéctica. El pasado año, la UNED enviaba a todos sus estudiantes un “manual para el correcto uso del lenguaje de género”. No tiene desperdicio. Habrá quien conceda a estas iniciativas el beneficio de la duda, y que juzgue con indulgencia lo que por lo general es una soberana estulticia. Yo no. Eso de “todas y todos”, “niños y niñas” acabará degenerando en que haya hombres “policíos”, “taxistos”, o “albaceos testamentarios”. Bastante memo -y mema- hay ya por estos mundos de Dios como para encima andar aumentando la nómina.
Las estadísticas dicen que los hombres ganan más que las mujeres por desempeñar el mismo trabajo. Tiene que ser verdad cuando dichas estadísticas son tan reiteradas, pero me cuesta creerlo. Hasta donde alcanzo a conocer, quien aprueba una oposición accede a un determinado baremo salarial con independencia de que sea hombre o mujer. Y otro tanto sucede en la empresa privada, si bien aquí la discrecionalidad es mayor. ¿Entonces, cuál es el problema?
El problema está en que todavía hay mucho Neandertal que sigue con mentalidad de caverna, y más de un tonto útil que le sirve de coartada. Y más de una cretina. Esas que, cuando son jefas, se convierten en el principal obstáculo para que las mujeres que tienen a su cargo puedan llevar a cabo la utopía de la conciliación. Hay pocas mujeres en los consejos de administración, es cierto. Pocas son las directivas consolidadas, y pocas las políticas con cargos relevantes. Tengo mis dudas de que las cuotas sean la solución, porque creo que el la valía no está en el género sino en la persona. Se logra más con incentivos que con líneas rojas de poner aquí a ésta o aquél porque sí. Y se manda un mensaje claro cuando desde los poderes públicos se ejemplariza como es debido. También en el marco del fútbol, ultras del Betis insultaron gravemente hace dos fines de semana a la ex novia de un jugador. Es posible que las autoridades del deporte tomen cartas en el asunto y actúen contra ellos. Si no lo hacen, estarán siendo cooperadores necesarios del machismo que aún larva esta sociedad.