Traducción de Carmen Gauger. Alianza. Madrid, 2014. 184 páginas. 18 €
Por Esperanza Paredes
El austriaco Peter Handke, autor fundamental para entender la narrativa actual en lengua alemana, nos presenta en esta magnífica novela la angustia y la soledad del individuo que se enfrenta a su destino. A través de una brillante escritura, el autor acompaña al protagonista que camina por una ciudad que le es completamente ajena, extraña. Se trata de un recorrido indefinido, sin una meta clara, con un ritmo ocioso y vago en un escenario completamente difuso, inmerso en una megalópolis impersonal y fría. El protagonista es un actor profesional, sale a pasear tras haber dormido con una mujer inquietante con la que volverá a encontrarse esa misma noche en la gran ciudad. En su paseo, el protagonista se dirige ocioso, sin rumbo, hacia el centro de la ciudad, atravesando un bosque y diferentes zonas periféricas. El transcurro del camino se desarrolla de cualquier forma, lo importante del mismo es cómo este personaje dialoga consigo mismo y con su pasado.
El trayecto del actor es un paseo, pero también un proceso de transformación interna. La manera en que observa el ritmo de la ciudad, a veces desenfrenado, a veces vacío, a veces indefinido, transporta al lector a un diálogo con el personaje muy íntimo y especial. Los encuentros del protagonista con todo tipo de individuos le hacen reflexionar sobre diferentes aspectos de su vida. A pesar de que siempre encuentra a alguien en su paseo: hombres de negocios o indigentes, presentadores de televisión, inmigrantes que hablan otros idiomas, un sacerdote o un policía, es permanente la sensación de angustiosa soledad. El personaje es incapaz de comunicar sus sentimientos.
El autor se sirve de constantes referencias al primer Wittgenstein y gracias a un estilo original y creativo narra una historia fabulosamente irreal con el objetivo de recrear el problema de la incomunicación. El libro entero se trata de una reflexión narrativa sobre la relación entre realidad y ficción, el hecho de que el protagonista sea un actor, cuya principal preocupación es su relación con el entorno y la imposibilidad de comunicar lo que realmente es fundamental para él. Su preocupación por el nexo entre realidad, verdad y lenguaje queda plasmada desde el comienzo de la novela: “Ten mucho cuidado con lo que dices a lo tonto, aunque sólo estés hablando contigo. Hablar a lo tonto no es sólo hablar a lo tonto, decir no es sólo decir; las palabras, incluso pronunciadas, no son sólo palabras ¡a callar, amigo!” El mismo título de la obra podría ser una referencia a este hecho.
El lector no sabe si algo está sucediendo en la novela, hay constantes referencias a la amistad como una quimera, o al amor como algo irreal, durante el relato no queda claro si el actor está enamorado de la mujer con la que convive. La amistad se describe como un contrato, implícito, clandestino con otra persona que requiere una actitud activa, lo importante es el proceso que mantiene vivo ese contrato, lo demás no importa, no existe. Si lo que existe realmente es el camino, el proceso, el desarrollo, entonces la amistad como tal ¿tiene trampa? ¿Que hay de verdad en todo esto? ¿Es posible hablar, analizar, observar, entender, comprender algo que solo existe como tal en proceso, en constante desarrollo?