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El Valencia gana un empate castigando el paso atrás de Simeone

JORNADA 26: ATLÉTICO 1 VALENCIA 1

Diego García. Estadio Vicente Calderón | Domingo 08 de marzo de 2015
El juego ofensivo no figuró en el guión colchonero y Parejo sembró las tablas. Por Diego García

El tercer puesto y mantener la salud de la candidatura a la Liga como actor secundario no resultan elementos banales a estas alturas de calendario. Y menos si te mides al contendiente al que la regularidad del paso de las jornadas ha colocado en el mismo peldaño. Atlético de Madrid y Valencia se congregaron en la ribera del Manzanares con el objetivo de asestar una punzada psicológica al rival directo en la batalla, en primer término, por asegurar la última plaza que da derecho a competir en la próxima edición de la Liga de Campeones. Así, si bien restan todavía citas indigestas en ambas planificaciones, este envite cobraba para ambas escuadras un papel capital en la confianza y la cosecha de méritos de cara a la recta final de ejercicio.

Diego Pablo Simeone no especuló fuerzas y nombres para encarar esta batalla. La ausencia de Griezmann socavaba la capacidad de desborde e intimidación, pero el técnico argentino repuso la estampa entregando la medular a la lógica distributiva de Tiago y Gabi, prescindiendo del despliegue físico y de repliegue de Mario. Había que disputar la posesión y Koke y Arda debían estar bien surtidos de pelota para alimentar a Torres. Raúl García arrebató la plaza en el once titular a Mandzukic -prosigue el toque de atención al croata- para aprovechar el juego aéreo y la segunda jugada que pudiera sugerir la movilidad del Nino al espacio.

Nuno, por su parte, optó por poblar el centro del campo de trabajo y efervescencia en transición, relegando al banquillo a Andre Gomes para configurar una estructura en la que Parejo y Pérez debían ser cerebro, Fuego habría de ejercer de red de seguridad y Feghouli, Gayá y Piatti lanzarían la verticalidad visitante con Negredo como referencia fijadora. Otamendi completó su milagrosa recuperación para liderar una zaga ché que dispuso ante sí de una prueba de exigencia física y de concentración notable. Las ayudas en banda para contrarrestar la superioridad intencional colchonera con los laterales, y la altura de estos con la pelota, factores decisivos en el despliegue de un Valencia sin complejos.

Arrancó el partido con un paisaje de batalla posicional que no cedió guiño alguno a lo improvisado de la genialidad ofensiva en ningún pliegue del primer acto. El centro del campo resultaba minado ante dos estructuras que no lanzaban su presión. Ambos candidatos replegaban con afán en terreno propio para no recibir disgusto alguno. Quedó, pues, sacrificado, el juego combinativo.

Las posesiones de tipo horizontal empezaban a verse salpicadas por envíos agrestes en largo que obviaban talentos como Parejo, Turán o Koke. Negredo, del lado visitante, y Torres y Raúl García, del lado capitalino, encontraban protagonismo en esta suerte de frontón táctico. Con el ritmo bajo mínimos debido al fragor en el achique mutuo, el bagaje de opciones creadas se limitó a la pelota parada, con resultado de un único tiro a puerta antes del intermedio.

El Atlético subió decibelios al elevar su línea de presión pasado el 20 de juego. El Valencia no supo reaccionar a este movimiento, incapaz de generar superioridad en banda con sus carrileros y de encontrar pasillos centrales, y los madrileños, que ganaron terreno, accedieron a centros al área que detuvo Alves.

Pero en este boceto de duelo replegado en sí mismo, como en tantos otros de perfil similar, le pegada colchonera se ha hecho hueco tocando tierra con las variables de la pizarra del dueto Simeone-Burgos. En el 33, una conducción deslavazada de Koke se veía frenada en falta en la medular. La ejecución de la infracción, en botas de Gabi, asistió al desplazamiento de Torres, que salió de la zona de peligro para peinar al centro del área. La pelota cayó para encontrarse con la bota del 6 rojiblanco que, accediendo en soledad a la frontal, ajustó su impecable remate a la red valenciana.


Tomaba ventaja un Atlético que implementó, desde esta isla de claridad ofensiva, un desarrolló sensacional de ocupación de los espacios en repliegue. Esta pureza en el despliegue defensivo cercenó el juego entre líneas levantino, que sucumbió en el cuerpo a cuerpo y precisión de achique ante la mejor versión sin balón del club rojiblanco.

La reacción visitante, mutilada, quedaba pospuesta a la reanudación con una única acción asociativa concluida en centro al área en todo el primer acto -minuto 43 y en botas de Feghouli, que ganó visión en la primera superioridad ganada con Barragán-. Sobrevino el descanso en esta confrontación de escaso espectáculo y excelsa riqueza de matices de contención. El empate no atisbaba aparición ante la pobreza de recursos ofensivos del bloque de Nuno.

Subió el telón el segundo tiempo susurrando el guión con que se llegaría al desenlace del duelo. El Valencia movía ficha obligando a Parejo a ejercer de aglutinador. El 10 retrasaba su posición para ordenar la creación de los suyos y el Atlético interpretaba esta variante como una amenaza, replegando hasta el encierro. Se atisbaba, al fin, juego entre líneas valenciano. Pérez subía su posición para acercarse a la zona de peligro.

Consumido el primer cuarto de hora de intrascendencia rematadora -solo un cabezazo tímido de Raúl García, a balón parado, que atajó Alves-, Simeone volvió a subir la línea de presión para contrarrestar los indicios de reacción levantina. Como resultado, el dominio en la posesión y crecimiento de parejo quedaron mitigados, dando paso al carrusel de modificaciones: Rodrigo ocupó el rol de Feghouli -ausente, alejado del área- en banda, Torres -voluntarioso en el repliegue-, dejó su escaño a Mandzukic, Pérez hizo lo propio con Andre Gomes -un una decisión que buscaba la transición y el juego entre líneas- y Koke, luz colchonera, abandonó el césped por Mario.

Éste último cambio, aliñado por el cansancio del mediocampista, rebatió la decisión previa del Cholo, y el Atlético cedió terreno para confiarse al achique y salida. Así, los últimos 20 minutos de partido quedaron dispuestos al talento organizativo de Parejo, increscendo, y a la concentración colectiva local, porque el Valencia disponía, para entonces, de la pelota.

Antes de que los visitantes ganaran enteros efectivos, una pérdida absurda de Otamendi que acabó en córner para el Atlético supuso el fogonazo final capitalino. Gabi lanzó, Gimenez peinó y Tiago remató en escorzo para que resonara el impacto en el larguero. El ritmo y la victoria posicional no pertenecían a un equipo que rozó la sentencia, de nuevo, a pelota parada.

Pero Parejo, gobernador del segundo acto, reaccionó lanzando una falta lateral muy alejada con un veneno que encontró el travesaño. Al rechace, el balón quedó franco para el remate, a placer, de Mustafi, que arrancaba un empate merecido por la divergente valentía de las apuestas desde el banquillo. Partido nuevo en el 78.

Pero el duelo no empezaba de cero, ni mucho menos. El Valencia desestabilizaba y el Atlético permanecía recluido, sin velocidad en transición. Arda seguía sin encontrar el balón y Gabi, ordenador, salió del césped para buscar la transición de Raúl Jiménez.

Sobrevino el final de este empate ganado por Nuno con un cabezazo de Negredo alto, tras combinación fluida con llegada a banda de un equipo mejor posicionado que el local, y la expulsión por doble amonestación de Fuego. Cedió el Atlético dos puntos de lustre como consecuencia de un paso atrás que no tuvo punto de retorno. Mustafi y Otamendi, que jugaron con amarilla desde el primer acto por faltas sin argumentación táctica, no se vieron forzados y el Calderón asistió a un desencanto inesperado después de los 45 minutos iniciales.