Madrid se enorgullecía de su Ayuntamiento del siglo XVI, un edificio extraordinario que causaba la admiración de los regidores de todas las capitales europeas. Alberto Ruiz-Gallardón, un gran alcalde con aciertos extraordinarios, se equivocó al decidir trasladarse a Cibeles en una operación megalómana y carísima. Los madrileños pagaron 126 millones de euros para rehabilitar el nuevo edificio del Ayuntamiento, el antiguo Palacio de Comunicaciones. Mantener la desmesura de sus 60.000 metros cuadrados cuesta 6 millones de euros al año. La inmensa mayoría del gigantesco edificio apenas se utiliza. Da vergüenza ajena pasear por él y contemplar el espectáculo de muchas y gigantescas estancias semivacías.
Esperanza Aguirre ha hecho una crítica justa y moderada del delirio que ha supuesto instalar el Ayuntamiento en un edificio desmesurado y ha asegurado que recuperará el antiguo edificio de la Plaza de la Villa. Claro que será necesario buscar destino al Palacio de Cibeles y aprovechar al máximo sus circunstancias y lo que ha costado su rehabilitación. Pero el paso está dado y demuestra la inteligencia y el sentido de la medida de la mujer que aspira a ocupar la Alcaldía de Madrid.