Opinión

La monarquía en blanco

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Martes 10 de marzo de 2015

La exposición Retrato en las Colecciones Reales, en el Palacio Real de Madrid, nos propone un recorrido interesante y sugerente por la historia de España. Frente al carácter ecléctico de muchas exposiciones contemporáneas, esta muestra es de una solidez excepcional: guía al espectador a través de los siglos enseñándole los rostros y personalidades de los monarcas y sus familiares. Ahí vemos no sólo la formación de la tradición retratista en la pintura, sino que podemos estudiar el carácter de la monarquía. El gobierno de los Austrias tuvo un aspecto imperial. Sus principales ocupaciones fueron la guerra y el gobierno, por esto completamos a los monarcas retratados con sus armas y símbolos del poder temporal. No faltan los retratos de monarcas orantes ni de sus familiares devotos que dedicaron la vida a la Iglesia, ya que el cristianismo fue uno de los pilares de aquella sociedad.

El cambio de dinastía llevó consigo una transformación de los modos de vida y de gobierno: la austeridad magna de los Austrias fue sustituida por la parafernalia colorida de los Borbones, una corte, sin duda alguna, mimada y ociosa comparada con la austeridad de los Austrias; mientras que los primeros dictaban las leyes de convivencia a los pueblos por toda la redondez de Tierra, los Borbones se preocupaban de vestir a la moda y se adornaban con suntuosos ropajes. No obstante, también la nueva dinastía mantiene los viejos símbolos, introduce otros y hace ostentación de ellos. Muchos e interesantes son los cuadros que pueden verse en esta exposición, desde el XVI hasta hoy, pero sólo quiero detenerme en el último de esta magna exposición.

La gran obra que culmina el recorrido de los Retratos de las Colecciones Reales refleja el puro presente, o mejor, la realidad desnuda. El retrato de la familia Real hecho por Antonio López es la actualidad de la monarquía española de la época democrática. Veinte años ha tardado el gran pintor en acabar este cuadro. Quizá tan larga espera ha creado expectativas desmesuradas en torno a la obra, acaso por eso una parte del público que visita el cuadro se queda desilusionada y algo quejosa. Pero nada hay más injusto que esta actitud. Esta obra guarda muchas sorpresas dignas de atención. Si la vemos con detenimiento y, sobre todo, sin prejuicios, tenemos que reconocer que es un retrato magistral desde el punto de vista pictórico. Da la sensación de ser una fotografía desgastada, una foto de familia que la mayoría lleva consigo ora por mucho cariño ora por costumbre. Numerosos comentarios críticos se resumen fácilmente cuando dicen:“al cuadro le falta algo”. Para algunos es la falta del cariño familiar, para otros le falta el color o la solemnidad… Mas, la cuestión es: ¿de dónde procede esta falta de algo fundamental?, ¿es un fallo del pintor o es una característica del modelo?, ¿por qué el retrato está exento de ese algo? Puede ser que, después de tantos retratos reales llenos de simbolismos e insignias institucionales de los retratados, con el cuadro de Antonio López hemos llegado a una monarquía que se ha vaciado de contenidos. Seguramente es eso lo que ha captado magistralmente el realismo del artista: la esencia de la familia real es querer ser como los ciudadanos de a pie, querer ser ciudadanos normales y nada más. Aquí, en esta intuición, reside en mi opinión la grandeza del cuadro.

No es poco ser ciudadanos normales. Mas para un Rey, en efecto, quizá no sea mucho. Un rey es el símbolo personificado de un gran país… El fondo blanco y luminoso, que recuerda una casa recién estrenada, es revelador: la Familia Real parece que no quiere llenar el vacío con la tradición milenaria del pueblo que representa. El vacío es lo que encontramos en el retrato y culpamos al pintor por los fallos del modelo. Falso. Antonio López ha pintado ese vacío. No es un error de la técnica o de la composición que provocan tantas críticas al pintor. Antonio López con gran perspicacia captó la esencia de la monarquía que se teme a sí misma, que quiere olvidar la historia para quitarse esta carga encima: nunca ha sido fácil ser el representante supremo de un pueblo de tan larga y trágica historia.