Cultura

Heras-Casado dirigirá el War Requiem de Britten en el Teatro Real

LOS DÍAS 12 Y 14 DE MARZO

Alicia Huerta | Miércoles 11 de marzo de 2015
Integradas en la programación en torno a Muerte en Venecia, se representarán los próximos 12 y 14 de marzo. Por Alicia Huerta

Las dos funciones de la obra de Britten están integradas en la programación en torno su ópera Muerte en Venecia, que traerá también al Teatro Real, este mes, el Ballet de Hamburgo, con una coreografía inspirada en la novela homónima de Thomas Mann. Más de 140 intérpretes participan en la obra: 132 cantantes de los tres coros -Coro Titular del Teatro Real, Coro de la Comunidad de Madrid y Pequeños cantores de la JORCAM-, 106 músicos de la Orquesta Titular del Teatro Real, el organista Miguel Ángel Tallante y los solistas Susan Gritton (soprano), John Mark Ainsley (tenor) y Jacques Imbrailo (barítono).

Pablo Heras-Casado, primer director musical invitado del Teatro Real, será el encargado de dirigir esta obra lacerante, un arrebatado clamor a favor de la paz en el mundo después del estupor de la guerra. Benjamin Britten fue un gran amante de las formas clásicas pero, tras pasar por sus manos, raramente dejaba de introducir en ellas elementos novedosos que las hacían aparecer ante ojos y oídos sutil o radicalmente remozadas. Pocos géneros han gozado de más raigambre en la música occidental que el de la misa de difuntos, pero el War Requiem, que bebe innegablemente de esa tradición secular, la transporta a una nueva dimensión, instilando en la obra un importante elemento espaciotemporal que resulta difícil, cuando no imposible, encontrar en otras misas de réquiem.

El War Requiem vio la luz muy pocos meses antes de la crisis de los misiles en Cuba, en plena Guerra Fría, por tanto, una tercera contienda ligada a la obra: menos sangrienta, pero igualmente absurda. Britten quería contar en el estreno en Coventry con cantantes que representaran simbólicamente a los tres países que más habían padecido la barbarie bélica que había puesto fin al horror nazi, pero las autoridades soviéticas no permitieron que Galina Vishnévskaia viajara a Inglaterra para cantar al lado de un alemán, Dietrich Fischer-Dieskau, por lo que hubo de ser sustituida in extremis por la británica Heather Harper. La terna solista la completaba, por supuesto, el tenor Peter Pears, la fiel pareja del compositor.

El compositor concibió el War Requiem no sólo como un hondo alegato antibélico, sino como una reflexión sobre los horrores que acompañan a cualquier guerra: una misa para que descansen los muertos y mediten los vivos. La cima emocional de la obra se reserva para el Libera me final, en cuyo centro Britten sitúa uno de los poemas más estremecedores de Owen, «Strange Meeting», el extraño encuentro que se produce bajo tierra, en «un túnel hondo y gris», entre un soldado inglés y un combatiente alemán al que él mismo ha matado el día anterior. Ambos encuentran la liberación y reconciliación final cuando se disponen a dormir, juntos y en paz, el largo sueño de la muerte mientras el coro de niños entona un etéreo y consolador In Paradisum.

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