Opinión

Deprisa, deprisa...

TRIBUNA

Enrique Arnaldo | Jueves 12 de marzo de 2015

El noticiario no descansa, ni siquiera los días feriados. Vivimos vertiginosamente colgados de los periódicos de todo formato, que escupen noticias una tras otra. Salvo algunas que se extienden en el tiempo repetitiva y cansinamente, la mayor parte de las noticias son devoradas por las fauces de una sociedad que vive a la carrera. Se van perdiendo en letra minúscula o ni siquiera reparamos en ellas o se desvanecen ante la imposibilidad de asimilación de tantos y tantos detalles deprisa, deprisa, a por la siguiente...

Me pregunto, por ejemplo, por qué ha pasado desapercibida la decisión, hecha pública hace un par de semanas, del Rey Felipe de bajarse el sueldo un 20 por 100. Una portada y al cesto de los papeles sin comentario alguno. El hecho en sí encomiable de bajarse el salario choca frontalmente con los mensajes gubernamentales, y de las grandes empresas del Ibex, de que estamos saliendo del pozo de la crisis y de que crecemos a buen ritmo. Nadie señaló que el “gesto” de Zarzuela entraba en contradicción con el “mensaje” de Moncloa y que los ciudadanos de a pie se quedaron estupefactos musitando “¿en qué quedamos?”.

Hablando de la Monarquía… ¡A rey muerto rey puesto! Que se lo pregunten a Tomás Gómez, olvidado cual paria incluso por quienes le encumbraron, que han aplaudido a rabiar, como si fuera el suyo de toda la vida al entronizado profesor Gabilondo. Los quebrantos y duelos de Tomás Gómez y compañía duraron dos telediarios, y hasta los propios miembros de su partido que siempre hacían ostentación de democracia interna y de elecciones primarias se olvidaron de sus estatutos por un rato para conseguir el fin pretendido: cargarse al que estorbaba. Maquiavelismo puro para que reine el profesor Gabilondo.

Cambiamos de plano, ahora que se aproximan procesos electorales consecutivos el nuevo Rector de la Universidad Carlos III, Juan Romo, obtuvo 771 votos en las elecciones a dicho cargo. Era el único candidato por lo que ganó sin problemas, aunque se depositaron 804 papeletas en blanco. ¡Ganó el voto en blanco! Que yo conozca nunca había ocurrido nada parecido en unas elecciones de ningún tipo. Es un récord que ni siquiera tendrá sitio en el Guinness, pues ha pasado tan desapercibido como el último debate del estado de la nación, del que ni siquiera sus protagonistas se acuerdan.

Por cierto, el que tampoco se acuerda de nada es el tal Monedero.