Domingo 25 de mayo de 2008
Colombia puede decir que empieza a ver la luz, tras mucho tiempo de oscuridad. Basta echar la vista atrás unos pocos años para ver que el país era una especie de territorio sin ley donde campaban a sus anchas paramilitares, cárteles de la droga y guerrilleros. En buena medida ha influido en ello la importante ayuda norteamericana, plasmada no sólo en una fuerte inyección económica, sino también en adiestramiento y apoyo logístico. Pero todo esto de poco habría servido sin una incuestionable voluntad política de resolver una situación que no parecía reversible. Amen de la resolución de un pueblo cansado de tanta violencia. Y deseoso de soluciones realistas, en lugar de cómodas. Los colombianos –y su gobierno- en efecto, han comprobado que con el narco-terrorismo totalitario no hay negociación posible. Desgraciadamente, el único camino posible es afrontar el reto y derrotarlos. Porque ese es el único lenguaje que entienden y que les convence.
De este modo, el ejecutivo del presidente Uribe, con paciencia infinita, ha sabido revertir la situación, tornándola de un halo de esperanza que cada día cobra nuevos bríos. Las misiones del ejército colombiano en territorio guerrillero se cuentan por victorias, limitando cada vez más las zonas de influencia de estos narcoterroristas. La presión comienza a dar sus frutos. A la operación que acabó con la vida de Raúl Reyes –en cuyo poder se hallaron pruebas del nexo del las FARC con Hugo Chávez- y la entrega de “Karina”, una de sus dirigentes más sanguinarias, se une la constatación de la muerte de Manuel Marulanda, su máximo líder. “Tirofijo” podría haber muerto a finales de marzo, posiblemente a causa de un bombardeo de la aviación colombiana. Semejantes golpes, sumamente relevantes, se unen a otros no tan notorios, pero sí reveladores de una organización en franco declive; la entrega de muchos de sus miembros así lo atestigua. Por ellos se sabe la escasa o nula carga ideológica de un entramado que tiene bien poco de guerrilla y mucho de cártel de la droga. La lucha contra esta lacra se ha convertido en una de las prioridades de Uribe, y a día de hoy, por fortuna, va ganando. No es fácil –y menos con vecinos como Venezuela-, pero bien puede decirse que Colombia va por buen camino. Ojalá llegue pronto a la meta.
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