17 PERSONAS MUEREN EN UN ATENTADO
Borja M. Herraiz | Miércoles 18 de marzo de 2015
El país se ha convertido en la mayor cantera para las tropas de Al Baghdadi. Por Borja M. Herraiz
El ataque perpetrado por tres hombres armados este miércoles en el Museo del Bardo de Túnez, el peor desde 2002 y en el que han perdido la vida 22 personas, 20 de ellas turistas extranjeros, reaviva la alarma de una amenaza yihadista seria en el país del norte de África.
En la última década, Túnez ha sido un importante vivero de terroristas y activistas radicales que se han unido a Al Qaeda primero y, en las últimas fechas, a Estado Islámico o Daesh (por sus siglas en árabe).
Si bien está comprobado que unos 4.000 tunecinos han viajado hasta Siria e Iraq para combatir por el autoproclamado Califato Islámico de Abu Bakr-Al Baghdadi, el mayor contingente de su particular legión extranjera según el International Crisis Group, que el atentado de este miércoles tenga vinculación alguna con EI está por ver.
Túnez, al igual que Argelia, es el siguiente territorio en el punto de mira de los yihadistas de Al Baghdadi. Tras hacerse fuertes en Siria e Iraq, cobrar protagonismo en Egipto y Libia y forjar una alianza con Boko Haram en Nigeria, Estado Islámico quiere seguir expandiendo su área de influencia por la ribera sur del Mediterráneo.
Para ello cuenta con un contingente notable de entre 7.000 y 10.000 combatientes magrebíes, de los que al menos un tercio serían tunecinos que podrían regresar a su país con un ferviente adoctrinamiento ideológico y un importante entrenamiento militar en combate.
Estos datos sorprenden si se tiene en cuenta que la Primavera Árabe comenzó en Túnez, desde el año pasado cuenta con su primera constitución democrática y apenas hace unos meses se celebraban las segundas elecciones libres tras el derrocamiento del régimen de Ben Alí en 2011.
Sin embargo, las mejoras en cuanto a libertad y derechos individuales no ha traído consigo una mejora en la calidad de vida de los 11 millones de habitantes con los que cuenta el país. De hecho, los yihadistas se han aprovechado del nuevo marco democrático para reclutar milicianos con mayor facilidad que con el régimen dictatorial.
Macabra competencia
Que los cuatro terroristas del Museo Bardo estén relacionados directamente con EI es un extremo que está por ver y no conviene sacar conclusiones precipitadas. Sin embargo, la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, la italiana Federica Mogherini, condenaba el atentado al tiempo que se lo atribuía a Estado Islámico, una asignación que ha rectificado poco después.
Como ocurriera con Al Qaeda en su día, el efecto cautivador y atrayente de Estado Islámico, su halo de poder y victoria fraguado durante meses de combates contra el régimen de Baschar Al Assad, el Ejército iraquí y los bombardeos de la coalición internacional, propicia que células aisladas o personas radicalizadas sin vínculo alguno con la organización decidan actuar en su nombre.
Si bien EI lleva tiempo con las miras puestas en el país tunecino, donde habrían regresado unos 500 de sus acólitos, las pesquisas policiales de los próximos días deberán aclarar si hay relación alguna entre el atentado y la organización de Al Baghdadi.
De hecho, varios expertos alertaban en las últimas semanas de una macabra competición entre Estado Islámico y Al Qaeda por ver qué grupo cometía el atentado más mortífero contra intereses occidentales, como así ha sido este miércoles, para hacerse con el liderazgo del yihadismo mundial.
A favor de los primeros juega la cercanía con Libia, donde las tres franquicias de EI asentadas hasta la fecha, Wilayat Trípoli, Wilayat Barqa y Wilayat Abu Salim, cuentan con decenas de combatientes tunecinos, y la permeabilidad de la frontera, que facilita el trasvase de milicianos de un territorio a otro.
Hasta la fecha, la presencia yihadista activa en Túnez se limitaba a la inestable región de Kasserine, al oeste del país y donde a mediados de febrero cuatro agentes de la Guardia Nacional murieron en un ataque de presuntos activistas afines al grupo Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).
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