Opinión

Cultura en los huesos

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Martes 24 de marzo de 2015

Madrid es de las pocas ciudades que siempre nos invita a pasear. Aunque llueva o haga frío, es una ciudad agradable. Uno de los itinerarios más sugerentes que nos propone esta acogedora ciudad es el llamado barrio de las Letras. Empezamos por la Plaza de las Cortes, donde saludamos al señor Cervantes Saavedra y tomamos la calle de San Agustín hasta su cruce con la de Cervantes. Allí tenemos la casa, hecha museo, del Fénix de los Ingenios, Lope de Vega. Hoy día es una maravillosa morada, con huerta que huele a albahaca y tiene un naranjo bajo el cual Lope solía sentarse para escribir o simplemente reflexionar. La casa está en perfecto estado: las salas y habitaciones guardan el espíritu de su época, los muebles representan un conjunto armónico gracias al cual podemos más que imaginar la vida cotidiana del poeta, la palpitamos en cada esquina. Si al amigo lector se le ha antojado hacer esta visita que tenga la dirección bien apuntada, porque nadie podrá ayudarle a encontrarla: los transeúntes simplemente no saben que tal existe.

Subimos hacia calle León y vemos la placa que conmemora a Miguel de Cervantes que vivió y murió en la casa de la esquina, demolida por el propietario testarudo a pesar de los esfuerzos por salvarla. Imprescindible en nuestro paseo es la visita de Iglesia de San Sebastián. Es famosa por los personajes bautizados o sepultados en su camposanto, uno de ellos es Lope de Vega. No sabemos a ciencia cierta el paradero de sus huesos, arrojados en un osario común y sólo podemos ver la hornacina vacía erigida por la Real Academia Española. La bella plaza de Santa Ana alberga la estatua de otro poeta destacado: Calderón de la Barca, cuyos restos mortales sufrieron un sinnúmero de desplazamientos hasta que fueron escondidos en un paradero desconocido.

Hay voces que claman al cielo por el descuido que España ha tenido con los huesos de sus grandes hombres. ¡No es para tanto! Algunos dirán que otros países, verbi gratia, la vecina Portugal o Francia, tuvieron más cuidado y erigieron los panteones para juntar allí los restos de los más celebres navegantes, escritores y gobernantes. Mas ni el Panteâo luso ni su homónimo parisiense guardan los restos de nadie de los siglos XV-XVII: en Lisboa son cenotafios y en París las tumbas más antiguas son de los finales del XVIII y pertenecen a Voltaire, Rousseau, Marat. ¿Dónde está la sepultura del famoso poeta François Rabelais? Durante las reformas de la capital francesa por el barón Haussmann, fue destruido el cementerio Saint-Paul donde se encontraban los restos de Rabelais. Nadie reclamó sus restos y estos fueron echados al Sena con muchos otros y el cráneo pasó a adornar las catacumbas de París. René Descartes perdió la cabeza literalmente, durante el traslado de su cuerpo de Estocolmo a Francia: separado su cráneo del cuerpo, lo podemos encontrar en el Museo del Hombre. El pensador inglés Tomás Moro está sepultado en una fosa sin identificar en la capilla de St. Peter ad Vincula, del Tower londinense, y su cabeza quizá se encuentre en Canterbury.

Shakespeare parece ser una excepción entre los famosos de los siglos pasados cuyos restos se salvaron de los traslados. Será que ha funcionado el epitafio donde maldice a quien los ose remover…

Muchas son las tumbas localizadas de los célebres de todas las épocas: Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León… Más numerosas son las obras que están a mano para rendir homenaje, cotidiano y sincero, si se desea a los poetas y escritores de siglos pasados. ¡Qué cosa más fácil que abrir el libro y leer! Leamos a los clásicos. Es el mejor homenaje que les podemos hacer. Mas nadie lo hace. Y si a algunos se les ocurre buscar los restos del gran Cervantes, por favor, que no tengan ilusiones de que al encontrar los huesos, reaparezca la obra: de sobra es conocido que Miguel de Cervantes está sepultado en la iglesia del convento de Trinitarias. La ubicación es más que precisa y, si hasta ahora no se ha convertido en el centro de peregrinación, no es por la ausencia de sus restos, sino por el olvido de su obra. Definitivamente, la búsqueda ha dado en hueso, pero no en el de Cervantes.