Opinión

El voto, ¿del corazón o de la cabeza?

PENSANDO EN VOZ ALTA

Manuel Sánchez de Diego | Miércoles 25 de marzo de 2015

Después de unas elecciones se analizan los resultados y se buscan las razones de los triunfos y fracasos. Aunque esto de los éxitos y los fracasos es muy relativo. Miremos sino el “éxito” del PSOE-A en Andalucía: perdiendo casi 120.000 votos y conservando el mismo número de escaños (47) se convierte en un gran éxito. “Es verdad que mi éxito es fruto de tu fracaso” y el PP perdiendo unos 507.000 votos y 17 escaños ha sido el gran perdedor. La aparición de dos partidos más, Podemos y Ciudadanos, le permite a la líder del PSOE un mayor margen a la hora de buscar apoyos puntuales para gobernar, incluso contando con la fuerza disminuida de Izquierda Unida (IULV-CA) en el Parlamento Andaluz.

El PSOE ha conseguido arañar en cinco provincias el último escaño, lo que significa que le ha faltado poco para quedarse en 42 escaños. Con los resultados provisionales, las provincias en donde el PSOE podría haber perdido escaño son: Almería si el PP hubiese conseguido 6.534 votos más; Huelva con 2.013 votos más para el PP; Málaga con 11.908 para el PP. Ciudadanos con 4.469 votos más le habría “pisado” el último escaño de Jaén y, con solo 720 votos más el de Cádiz.

Para explicar los resultados electorales en muchas ocasiones se alude a la fidelidad ideológica o al clientelismo a un partido político. Es cierto que existe un voto ideológico, un voto de fidelidad a un partido o a una identidad política, se vota al PP o al PSOE, porque la persona se considera de derechas o de izquierdas. Se es liberal o progresista y, “ese ser” es muy difícil de cambiar. Puede mudar a una fuerza política próxima o incluso puntualmente abstenerse o votar en blanco, pero cuando se trata de personas comprometidas con unas siglas, se vota aunque sea con los dedos tapando la nariz. Quizás sólo hay un sentido de pertenencia más fuerte que la ideología política, la devoción que se profesa a un equipo de fútbol.

Es cierto que ese voto ideológico puede ser el propio de los afiliados, de los simpatizantes, o puede ser un voto cultural, de inercia, de tradición. En casa, siempre hemos votado al partido X, podemos escuchar en algunas ocasiones. Andalucía lleva votando 33 años al PSOE, aunque en las elecciones andaluzas del año 2012 significaron una victoria del Partido Popular -50 escaños sobre 109- aunque fuera una estéril victoria, por el pacto entre PSOE e IU.

También el PSOE-A se ha nutrido en Andalucía de un voto clientelar o del estómago agradecido. Muchas personas se han colocado en la función pública autonómica, en los ayuntamientos y han recibido peonadas, subvenciones, ayudas a sus proyectos… Muchos tenían mucho que perder si el PSOE dejaba de gobernar en Andalucía.

Hablamos de un voto del miedo que se produce cuando se vota a un partido para evitar que otro alcance el poder. Este tipo de motivación es tan importante que en las estrategias políticas se acude a él en múltiples ocasiones. En el vídeo electoral del PSOE de la campaña electoral de 1996 se identificaba a su rival con un agresivo perro dóberman. Ahora se acusa a la derecha del recorte de las prestaciones y de cercenar derechos fundamentales. Frente a Podemos se agita la intranquilidad por su programa de extrema izquierda, citando a sus amigos chavistas y maduros de Venezuela como destructores de la democracia.

Existe también un voto de protesta, de castigo. Este voto es de carácter negativo. Se trata de un voto realizado contra una opción política o líder, no tanto por miedo, sino por rechazo, o por castigo a la mala gestión, la corrupción o simplemente los agravios que ha generado. Parece claro que en estas elecciones la corrupción ha estado presente en los casos Bárcenas, Palma Arena, Gürtel, Pokemon, Púnica, Caja Madrid, sobresueldos a los políticos… y ha pasado factura al Partido Popular. Es cierto que el PSOE con el asunto de los ERES, redondeado por el fraude de la formación gana en millones de euros de corrupción al PP. Sin embargo, Susana Díez ha sabido desligarse de la corrupción y de sus mentores. También ha jugado en contra la dura política de ajuste que el PP ha realizado en toda España. Es verdad que ha conseguido enderezar nuestra economía, sin necesidad de un rescate europeo, pero ha subido impuestos cuando había prometido bajarlos. Además la oposición ha conseguido transmitir un mensaje claro: “el PP ha salvado a los bancos, pero no a los ciudadanos”.

Hay otras razones que movilizan en un sentido u otro al votante: el voto al líder, a caballo ganador, el útil, el voto por consigna, el voto del hambre; contextual, circunstancial…

Al final hay que conquistar la cabeza y el corazón del votante y no basta con explicar que es lo que se ha hecho o, se va a hacer. Tampoco se puede mantener una postura “arriolista” y esperar que las manzanas caigan del árbol. Hay que bajar a la arena política para luchar con humildad y sin engaños cada uno de los votos. Ese es el reto inmediato.