Opinión

¿Hundimiento del sistema?

TRIBUNA

Agapito Maestre | Sábado 28 de marzo de 2015

Las encuestas sobre Andalucía acertaron. El bipartidismo se hunde. ¿Se mantendrá el sistema político o no después de las elecciones generales? Esta es la pregunta clave de cualquier ciudadano sensato. Demócrata. ¿Se mantendrá el bipartidismo, que ha conducido al país a la corrupción más terrible de su historia, o entrará sabia nueva suficiente en las instituciones capaz de regenerar el sistema? Dudo de las dos opciones. Yo no le veo salida a esto. Creo honestamente que este sistema es insalvable, aunque sus sostenedores políticos pudieran aguantar un poco más tiempo este sin-sentido. Los políticos, naturalmente, seguirán tirando en las instituciones, pero, ay, ¿qué pasará con los medios de comunicación que lo mantienen?, ¿podrán aguantar mucho tiempo su desprestigio y, sobre todo, sus pocas ganancias económicas?, ¿qué sacarán los grandes medios de comunicación después de las elecciones si se mantiene un sistema tambaleante?

El Sistema con mayúscula todavía es sostenible, aguantará algún tiempo, pero sus sostenedores están en la ruina más absoluta, entre otras razones, porque han perdido todo su capital argumentativo: sus discursos críticos y regeneracionistas son poco creíbles. ¿Dónde están las grandes referencias intelectuales, políticas y morales para toda la nación, dónde los periódicos o programas radiofónicos que se dirijan con rigor y seriedad a todos los españoles? Los medios han perdido su credibilidad. No saben qué decir ante la vieja política y menos predecir el futuro de los partidos políticos emergentes. No hay una sola élite intelectual y moral capaz de iluminar la salida política de este país. Esto es inviable. ¿Podrá resistir el país tanta corrupción y basura? Porque todo tiene un límite, el país normal, la gente sencilla, la morralla trabajadora, entre los que yo me cuento, saltará antes o después. Porque esto es inaguantable, tarde o temprano, caerá. Es imposible soportar tanta corrupción un día sí y otro también. Un escándalo puede taparse durante un tiempo, pero al final sale por todas partes. PSOE y PP, junto a IU y los nacionalistas, aparecen petrificados por su implicación en un sistema corrupto. Inviable.

Atajar la corrupción es clave para que sobreviva el sistema político, pero creo que hay otro peligro que sortear no menos grave que la corrupción, a saber, las desigualdades que se han generado en la última década. Las desigualdades sociales en España empiezan a ser tan grandes que un partido con un programa político serio basado en la idea de justicia social podría ganar unas elecciones generales. Nadie, pues, diga que estamos ya saliendo de la crisis económica. Creo que, como dijo Jünker hace unas semanas, estamos en la mitad de la crisis en España. Si a los miles de jóvenes que trabajan fuera de España unimos los millones de trabajadores que aquí lo hacen en condiciones precarias, podemos darnos cuenta de la entidad de esta crisis. El problema de las grandes desigualdades sociales es tan importante como el desempleo. Nadie puede cuestionar que los salarios siguen bajando, los empleos son de mala calidad y duran muy poco y las horas de trabajo se pagan con valores ínfimos. Conozco gente que trabaja en régimen de internado, 24 horas al día, y recibe salarios miserables que no llegan a los 800 euros mensuales; si esto no es explotación, por favor, que venga Dios y lo juzgue.

Y, sin embargo, dicen los gobernantes que estamos saliendo de la crisis. Quizá sea verdad, pero los trabajadores no lo notan. También en el ámbito del periodismo la crisis no remonta. Aquí no puedo dejar de recordar que hay ciento de periodistas sin trabajo. Otro ciento de periodistas viven de un miserable salario. Radios, televisiones y periódicos están llenas de gente cobrando salarios de miseria. Las desigualdades en este sector laboral son terribles. La desigualdad, sí, en el ámbito de la comunicación es catastrófica. Por eso, los medios de comunicación son cada vez peores y más dependientes de las subvenciones gubernamentales. Mantienen el sistema, insisto, pero ellos apenas sacan réditos intelectuales ni económicos.


Corrupción, desempleo y desigualdades sociales son los tres factores que nos conducen directamente al final del bipartidismo. ¿Conseguirá el nuevo modelo que se anuncia acabar con esas lacras? No lo sé, pero, mientras se derrumba lo que hay, no tengamos miedo a la invención política. No saber qué pasará ya es mucho saber. Desconfíen de los planificadores del futuro.