Opinión

Los fantasmas del hotel Ionis

EPPUR SI MUOVE

Antonio Hualde | Jueves 02 de abril de 2015
La oferta hotelera de Atenas es bastante aceptable. El griego suele ser un anfitrión cordial, más serio que su odiado hermano turco pero igualmente hospitalario. Si se entra en alguna web de hoteles para buscar alojamiento allí, seguramente figure uno en los últimos lugares que, a primera vista, no tiene mucho encanto. Es el Ionis, de tres estrellas. Muy céntrico, pegado a la plaza Omonia, su aspecto triste y deslucido no invitaría a pensar que tiene colgado el cartel de “completo” desde hace tiempo, pero así es. Y sus “clientes” van acordes al edificio en cuestión.

El Ionis fue uno de los primeros en caer tras el embate de la crisis. Tras cerrar, pasó a manos públicas, donde se le dio un uso parecido al que tenía, aunque con un matiz: si antes alojaba a personas felices, ahora sus “inquilinos” eran todo lo contrario: “sin techo”. La maldita crisis dejó en la calle a muchas personas que hasta ese momento habían tenido una vida normal. Gente como Yorgos, funcionario “reestructurado”, Dimitri, ex oficial del ejército en la reserva pero sin pensión o Vasilis, que trabajó toda su vida como recepcionista de hotel y ahora malvive en éste, son sólo algunos de las 140 vidas que se agostan en el Ionis. 140 fantasmas en la cuna de la Civilización.

No están solos. El Ionis es una de las paradas que hacen los turistas que contratan el “tour de los desheredados”, iniciativa que quiere hacer visibles a los que no lo son. Junto a las ruinas del pasado clásico se pueden ver las de otro mucho más reciente. Puentes, antiguos hoteles como el Ionis o recintos sin actividad desde los últimos Juegos Olímpicos sirven ahora de hogar a muchos griegos, y también de reclamo turístico. Y puede verse también algo que a simple vista no llamará la atención, pero que es en sí mismo un homenaje a la fidelidad: las mascotas de los “sin techo”.

Hace pocos días moría en México una señora que solía dar de comer a perros abandonados. Llevaba años cuidándolos, de ahí que cuando falleció, sus “amigos” quisieran honrar a la que fuera su benefactora. Incomprensiblemente -nadie los llevó allí- , muchos de ellos aparecieron de improviso en el lugar del velatorio, y allí se quedaron haciendo compañía a familiares y amigos. Ni un ladrido, ni una carrera, sólo respeto. Más impactante aún es la historia de “Capitán”, un perro argentino que lleva años haciendo guardia ante la tumba de su dueño. Todos los intentos por sacarle de allí -ha sido necesario incluso llevarle al veterinario para hacerle una operación- han sido en vano: “Capitán” siempre vuelve junto a su amo.

Cerca del Ionis hay siempre unos cuantos perros. Son de algunos de sus “inquilinos” que no los pueden subir -en el hotel no se admiten animales- y que por eso duermen en la calle. Pero cada mañana, cuando salen sus dueños a esperar a que pase otro día, les acompañan. Su fidelidad es quizá lo único que no está en ruinas, ni lo estará, porque es a prueba de crisis.