El PP y el PSOE no se entenderán en Andalucía para sacar adelante la investidura de Susana Díaz. El odio entre estos dos partidos, que formará un capítulo especial de los manuales de la historia de los partidos políticos españoles, les impide ponerse de acuerdo sobre asuntos clave para mantener el sistema político basado en el bipartidismo. Ciudadanos, el otro grupo político que ha salido bien parado de las elecciones autonómicas, ha puesto condiciones muy duras para colaborar con los socialistas; parece lógico que un partido nuevo en esa plaza, y que además se presenta como regeneracionista, no se preste a negociaciones con un partido que tiene imputados a dos expresidentes de la Junta de Andalucía por asuntos escabrosos de posible corrupción institucional. Quizá sea Podemos, de acuerdo con sus tesis sobre la “plebeyización de la política”, el partido que apoyará la investidura de Susana Díaz en Andalucía, según han reconocido abiertamente los dirigentes de Podemos. Normal me parece esa negociación, más allá de la contradicción en la que pudieran caer los podemistas por su vieja y alevosa crítica a la casta política socialista, porque las condiciones históricas para este grupo político y, por supuesto, para Andalucía son nuevas.
En todo caso, si alguien buscara semejanzas entre Podemos y el PSOE para entender mejor estos pactos, hallará pronto dos o tres que son de libro. En primer lugar, los líderes de los dos partidos defienden con fervor la “plebeyización de la política” (uso el término tal y como se lo he oído a Alfonso Guerra, en el pasado, y a Errejón en el presente). El socialista jubilado hablaba de los “descamisados” y el joven politólogo podemita alaba con arrobo que un hombre del Pueblo, un plebeyo, consiguiera el poder en Venezuela contra los poderosos capitalistas venezolanos. Plebeya y muy plebeya, hija de un honrado fontanero, fue como se presentó Susana Díaz durante la campaña electoral, y plebeyo, y muy plebeyo, se concebía a sí mismo el ídolo de los dirigentes de Podemos, el finado Hugo Chávez Frías, y plebeyo es el origen, me parece que era conductor de autobuses, del actual presidente de Venezuela. En fin, como dirían los estudiosos clásicos del populismo, socialistas y podemitas se consideran plebeyos porque, como el finado Chávez, hablan como el pueblo. Son, dicen engolando la voz, pueblo. Los de abajo.
Nadie se extrañe de esta colaboración, pues, entre los partidos de Iglesias y Susana Díaz. Tampoco desprecien a Podemos, buscándole contradicciones pasajeras, porque negocien, en la primera oportunidad que han tenido a la vista, posiciones de poder con el más poderoso partido de Andalucía, el PSOE; Podemos se han presentado a las elecciones para alcanzar el poder y gobernar en Andalucía, pero, si las urnas no se lo han permitido, entonces le quedan dos vías: aliarse con el poderoso en las instituciones y, por supuesto, seguir influyendo en la calle para conseguir más poder… Se trata de la viejísima táctica de la socialdemocracia de corte más negro y revolucionario, siempre hegemónica en los países del Sur de Europa; es menester tener un pie en las instituciones y otro, por si falla el anterior, en la agitación callejera y los medios de comunicación. Los sindicatos españoles, los llamados sindicatos de clase, saben mucho de esta táctica. Ellos la han practicado con eficacia, aunque al final les haya costado cierto desprestigio, pero ahí están, vivos y bien vivos, mientras no hacen nada contra el desempleo y menos por atajar las terribles desigualdades sociales que crecen en España de modo vertiginoso.
No veo, pues, argumentos de “principios” ni motivos tácticos, por los que no pudieran entenderse el PSOE con Podemos. Como he mantenido en otras ocasiones, la alternativa de Podemos en Andalucía es sencilla: o política, con todas sus contradicciones, o actitud revolucionaria hasta llegar hacer ingobernable el parlamento andaluz. Ha optado por la primera. Me alegro, desde el punto de vista político, otra cosa diría si habláramos en serio de moral. Su voto a Susana Díaz en la investidura, sí, su voto a favor uno de los partidos más corrupto de España será el principal ensayo de Podemos para presentarse en sociedad en toda España. Se olvidarán de la casta y de los castos e iniciarán su camino hacia la siempre triunfante socialdemocracia española. Es lo normal. Lo previsto para quienes han estudiado un poco de política a lo largo de la historia. La política no es cosa de principios matemáticos sino de circunstancias históricas. La política de España pasa por Andalucía, por las especialísimas circunstancias históricas de Andalucía, por eso, precisamente, Podemos hace política institucional en Andalucía: o pacta con el PSOE o sólo le queda la moción de censura con el PP, Ciudadanos e IU.
Ha optado por el pacto con los socialistas, primero, porque vienen de la misma tradición –la izquierda en este asunto es más que tradicionalista, es reaccionaria, pacta antes con sus parientes que con los vecinos-, y, en segundo lugar, porque será una manera de ponerse a prueba, un ejercicio de calentamiento, para la gobernanza de instituciones de mayor calado; y, en tercer lugar, porque será el ensayo determinante de Unidad Popular para conquistar el poder en toda España. Podemos en Andalucía ensaya, no lo duden, lo que será su política para después de la elecciones generales. Creo que también el PSOE aprenderá mucho de este experimento. ¿Qué hará el PP? ¡Quién lo sabe!