Opinión

Andalucía a tres bandas falsas

TRIBUNA

Agapito Maestre | Miércoles 08 de abril de 2015

Tania Sánchez, famosa política que abandonó IU en Madrid, predicaba la Unidad Popular, y Susana Díaz, la hija del fontanero honrado, trata de llevarla a la práctica en Andalucía. Las mujeres en política, como en la vida, no se andan por las ramas. Van a por todas. Son valientes. Bravo por Susana Díaz, porque ella sola intentará arrinconar al Partido Popular no sólo en la Junta de Andalucía sino en el resto de instituciones andaluzas, creando un pacto político de holgada envergadura con Ciudadanos y Podemos, que dé legitimidad al nuevo sistema político que está emergiendo en España. Bravo. Y aprendan otros de la iniciativa, porque son tiempos de invención. Si la cosa le saliese bien a la líder andaluza, entonces ya podríamos hablar con propiedad de que el partido socialista de Andalucía se identifica con Susana Díaz y no al revés. Y, si le sale mal, no pasaría nada, dirían los optimistas. Intentarlo ya es ganar, en el ámbito de la política, ciertos fracasos pueden honrarnos. Susana Díaz no sólo pretende que se abstengan Ciudadanos y Podemos para sacar adelante su investidura, sino que desea un pacto global con esos nuevos partidos que vaya más allá de la Junta de Andalucía.

La iniciativa de la señora Díaz de llevar a cabo un pacto a tres bandas, entre Podemos, Ciudadanos y ella misma, para conseguir, primero, su investidura en la Junta y, después, la integración de los dos nuevos partidos políticos en la gobernabilidad de todas las instituciones de Andalucía, me parece todo un hallazgo lleno de frescura y atrevimiento políticos. ¡Imaginación no le falta! La Unidad Popular conseguiría, definitivamente, anular al Partido Popular, que tendría que reinventarse en la oposición o desaparecer como una fuerza absolutamente derrotada toda vez que no sólo ha sido incapaz de alcanzar la alternancia en Andalucía, sino que tampoco ha logrado un pacto de gobernabilidad con el PSOE en la propia Junta de Andalucía. El PP habría fracasado dos veces: primero, los electores le habrían dado la espalda en las urnas autonómicas y, segundo, sus dirigentes sería incapaces de llegar a un acuerdo para investir a la nueva presidenta.

Si a Susana Díaz le sale bien la negociación, y creo que el simple hecho de plantearla es ya un triunfo, estaríamos ante una operación política más que brillante, sería el comienzo de otra forma de hacer política. Tan nueva es, dicho sea de paso, que estaría obligando, por un lado, al PP a resolver una contradicción: ¿por qué dijo Rajoy, en la campaña andaluza, que debería dejarse gobernar a la lista más votada y, ahora, para formar gobierno en Andalucía no vota o, sencillamente, no se abstiene en la votación de la investidura de Díaz? Por otro lado, estaría urgiendo, en un primer momento, a los dos nuevos partidos a clarificar sus posiciones internas y, después, a definir sus líneas de colaboración institucional con los otros partidos.

Quizá sea esta última opción la más interesante y, sobre todo, deja abierto un asunto crucial para la regeneración del sistema político: es necesario que Ciudadanos y Podemos se pongan de acuerdo en asuntos fundamentales para definir la nueva política; por este camino, las críticas y los reproches mutuos entre Iglesias y Rivera tendrá que atemperarse, es decir, Iglesias tendrá que matizar lo del “recambio”, porque Ciudadanos es otra cosa distinta al PP y al PSOE, y, por su lado, Rivera debería matizar su posición acerca de que Podemos sólo traería “viejas” soluciones populistas para resolver los problemas de España. En fin, Podemos y Ciudadanos, paradójicamente, gracias a la iniciativa de Susana Díaz, estarían “condenados” a entenderse. Precisamente, por eso, porque Podemos y Ciudadanos están de acuerdo en poner en cuestión el sistema político vigente, la propuesta de Susana Díaz está condenada al fracaso más absoluto. La iniciativa de Díaz es inviable. Irreal. La señora Díaz ha montado toda una ilusión, un engaño, porque no soporta la realidad que es sencilla de entender para los nuevos partidos, a saber, el PSOE en Andalucía nunca ha gobernado para los andaluces sino para el propio partido. Esa es la cruel realidad que ha llevado a esta sociedad a que el 50% de los jóvenes andaluces estén desempleados.

Podemos y Ciudadanos han traído a Andalucía: “Realidad”. Por eso, le dirán a Susana Díaz: “No queremos nada con usted”. La vía para convocar nuevas elecciones en Andalucía está abierta.