Opinión

Víctimas negros, policías blancos

TRIBUNA

Cristina Hermida | Miércoles 08 de abril de 2015
Un trágico suceso acaba de tener lugar en Estados Unidos que pone de relieve, una vez más, la profunda discriminación racial que sufren los negros en el país. Presuntamente, un policía blanco –Michael Slager- tiroteó por la espalda a un hombre negro –Walter Scott- de cincuenta años, desarmado, únicamente porque trataba de huir ante una inspección provocada por una cuestión verdaderamente intrascendente: la pérdida de luz en un faro del vehículo que conducía en la localidad de North Charleston (Carolina del Sur).

El policía ha sido detenido y acusado de asesinato después de que se diera a conocer el vídeo que reproduce el suceso, en el que se ve a Scott huyendo desarmado mientras el policía dispara numerosas veces hasta acabar con su vida. Parece ser que Scott huyó presuntamente debido a que tenía pagos atrasados de la pensión de sus cuatro hijos y temía ir a la cárcel, según indicó a medios locales Chris Stewart, abogado de la familia del fallecido. En todo caso, es obvio que la huida de Scott no justifica en ningún caso la reacción del policía quien llegó a exigir a la víctima que pusiera los brazos detrás de la espalda tras haber sido abatido en el suelo.

Este caso se suma a los ya acumulados de meses anteriores que prueban que la cuestión racial sigue siendo una cuestión pendiente de resolver en territorio norteamericano. Si se recuerda, el problema se situó en la primera línea de la política nacional de Estados Unidos a raíz de la muerte de Michael Brown en agosto de 2014, y desde entonces viene constituyendo una prioridad para el Departamento de Justicia, encabezado por el afroamericano Eric Holder.

Curiosamente, en este suceso se repite el mismo patrón que en otros crímenes perpetrados por policías blancos contra ciudadanos negros con anterioridad y es que la ciudad de North Charleston tiene 100.000 habitantes de los cuales un 47 % son afroamericanos frente a un 37 % de blancos. A pesar de esta evidente mayoría afroamericana en la población, como ocurre en otras ciudades donde se han producido desgraciados sucesos parecidos, el departamento de Policía está compuesto por mayoría de blancos en un 80%. Esto parece cuanto menos indicar que los negros siguen teniendo gran dificultad para acceder a este tipo de puestos de trabajo que les darían cierto control ante este tipo de situaciones y desde luego no despertarían las dudas de si verdaderamente se ha producido una vulneración del principio de igualdad de acceso a puestos de trabajo por motivos raciales. A mi modo de ver, urge que se haga verdaderamente operativo el principio de igualdad de oportunidades en la sociedad norteamericana para todos los ciudadanos, independientemente de su origen racial o étnico con el fin de que no quede en una cláusula meramente ornamental o vacía de contenido.

Asimismo sería sumamente beneficioso para los Estados Unidos que tomaran nota de acciones como la impulsada, modestamente pero con eficacia, por España a través de la Plataforma por la Gestión Policial de la Diversidad, constituida a mediados de 2010, como un espacio de encuentro entre diversas entidades que representan a la sociedad diversa y a los servicios oficiales, siendo su fin impulsar y promover cambios en las instituciones policiales para que mejoren sus procedimientos de actuación y garanticen a la sociedad diversa y especialmente a los colectivos minoritarios –los más vulnerables como los negros en Estados Unidos- un trato igualitario y no discriminatorio.

Resulta por todo lo anterior, en mi opinión, una prioridad ineludible fomentar la mejora de la atención policial a las personas pertenecientes a comunidades minoritarias; poner en marcha acciones positivas para favorecer el ingreso en los cuerpos de policía y en sus servicios auxiliares de personas pertenecientes a grupos vulnerables como los negros; definir criterios de actuación policial en materia de identificaciones callejeras, para establecer medidas de prevención y control del “perfil racial”. En suma, se trata de conseguir sensibilizar a los cuerpos policiales de la necesidad de promover políticas de gestión de la diversidad social que eviten el trato discriminatorio contra los más débiles. Y no olvidar que el actual “racismo líquido” requiere estrategias específicas desde la educación, la cultura, los medios de comunicación y la política.