EL IMPARCIAL | Jueves 09 de abril de 2015
Este pasado martes otro agente de policía blanco era acusado del asesinato de un ciudadano negro que iba desarmado. Michael Slager, del Departamento de Policía de North Charleston -Carolina del Sur- mató al joven afroamericano Walter Lamar disparándole ocho veces por la espalda, sin que la víctima supusiera amenaza alguna. La grabación de los hechos deja poco margen de duda: parece claro que estamos ante un nuevo caso de exceso policial, a resultas del cual un blanco armado vuelve a acabar con la vida de un negro desarmado.
En noviembre pasado, la absolución de un policía blanco que mató en agosto a un joven afroamericano en la localidad de Ferguson -Missouri- provocaba una oleada de indignación en todo Estados Unidos. Precisamente en Ferguson fue donde se registraron los incidentes más graves, con tal cantidad de incendios que los bomberos tuvieron que desistir por falta de medios. Más allá de Ferguson, Chicago, Washington, Nueva York y otras muchas ciudades vivieron marchas de protesta contra lo que se consideraba otro atropello más contra la comunidad afroamericana.
El problema viene de lejos. Hay heridas en Estados Unidos que aún no se han cerrado; especialmente, en el sur. Y el hecho de que un policía blanco dispare ocho veces sobre un joven negro desarmado no ayuda en absoluto a que las cosas mejoren.