Críticas de Cine

El capital humano, ¿cuánto valen las personas?

DE PAOLO VIRZÌ

Laura Crespo | Viernes 10 de abril de 2015
Una excelente muestra del ‘noir’ italiano dirigida por Paolo Virzì sobre la lucha de clases contemporánea. Por Laura Crespo

Dos familias unidas por la relación sentimental de sus hijos verán tambalearse sus vidas a raíz del atropello de un ciclista. Así se presenta El capital humano, la nueva propuesta del cineasta italiano Paolo Virzì, triunfadora en la última edición de los premios David di Donatello y que se pega sin miedo a una vertiente clásica del cine, no tan habitual en la cartelera actual: esa que conjuga el entretenimiento con las ideas. Por fuera, El capital humano grita cine negro con denominación de origen, un thriller elegante que explota sin pudor la intriga y busca sin remilgos la tensión en el espectador. Por dentro, una reflexión sociológica muy oportuna sobre cómo la crisis económica ha puesto en evidencia una estructura social que, aunque quizás camuflada en las últimas décadas de bonanza, nunca ha desaparecido: la división de clases.

Basado en la novela de Stepehn Amidon, Human Capital, Virzì recurre a la estructura narrativa que ya desde la japonesa Rashomon (Akira Kurosawa, 1950) se ha mostrado bien efectiva para contar un crimen en cine. El juego de tiempos y perspectivas sobre un mismo hecho dota a El capital humano de una guía poco transgresora pero extremadamente útil para que el espectador se mantenga interesado en la trama. Ir ofreciendo versiones de la misma historia, dosis de información que el público maneja para jugar a ser un Sherlock Holmes a este lado de la pantalla.

La película arranca el día antes de Navidad, cuando un todoterreno de lujo atropella a un ciclista y se da a la fuga. A partir de ahí, da marcha atrás seis meses y recorre ese periodo en cuatro ocasiones, desde cuatro perspectivas distintas. Primero, la de Dino, un ambicioso agente inmobiliario que aprovecha la relación de su primogénita con el hijo de Giovanni Bernaschi, pez gordo de la especulación financiera, para engordar su billetera en ambientes que no le son del todo familiares. Después, la de Carla, la mujer de Bernaschi, que, revelada contra su condición de mujer florero, emprende un proyecto de promoción cultural. La tercera en aportar al espectador su mirada es Serena, la hija de Dino, con lo mejor y lo peor de ser una adolescente enamorada. El último capítulo es que el que da título a la cinta y encierra el epílogo de la historia, un final agridulce que enfrenta a los personajes con el que, según parece, siempre ha sido su destino. Básicamente: el rico, rico; el patético, rodeado de patetismo; el desgraciado, conviviendo con su desgracia.

La historia de intriga, mentiras y medias verdades es el esqueleto sobre el que se prenden unos personajes muy bien construidos e interpretados. Todas las almas que se pasean por el metraje son el estereotipo hecho carne. Son fácilmente identificables con ‘el tipo de clase media estafado’, ‘el hombre de negocios sin escrúpulos’, ‘el chico que lo tiene todo menos el amor de sus padres’, ‘la mujer atrapada por su status’ o ‘la chica impulsiva y rebelde’. Y, sin embargo, todos ofrecen un contrapunto inesperado, que les hace reales, humanos y comprendidos por quienes los observamos. Los intérpretes italianos que los dan vida (Valeria Bruni Tedeschi, Fabrizio Bentivoglio, Valeria Golino, Fabrizio Gifuni y Luigi Lo Cascio) hacen suya la gesta, con unos trabajos excelentemente equilibrados que permiten al público conocer la psique de cada personaje sin discursos evidentes ni acciones excesivas.

El guión también ayuda, con unos diálogos fluidos y naturales a pesar de la intensidad de la trama y del estado de ansiedad de los personajes. En general, el tono de la cinta es relajado durante casi todo el metraje, con escenas incluso que rozan lo cómico y paisajes bucólicos con estilizadas melodías de fondo. Un juego de contrastes que bien pudiera ser especialidad de cierto cine italiano.

El capital humano sobrevuela además por la idea de que nuestras decisiones individuales, incluso las más banales, afectan a otros y pueden definir su existencia. ¿Y si hubiera cogida aquella llamada? ¿Y si no se hubiera olvidado las llaves? ¿Y si hubiera ido a la fiesta? Todos terminan vinculados a los otros por hilos más o menos sutiles. Por su parte, el ciclista accidentado es el motor de la trama, aunque poco importa para su desarrollo quién es, si tiene familia o trabaja. Al menos, hasta el final, cuando la pregunta que se esconde detrás de cada personaje se significa: ¿Cuánto valen las personas?

TEMAS RELACIONADOS: