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El Barça no sobrevive al músculo sevillano y resbala en el Pizjuán

JORNADA 31: SEVILLA 2 BARCELONA 2

Diego García | Sábado 11 de abril de 2015
Los catalanes se desinflaron tras colocarse 0-2 y ceden terreno ante el Madrid. Por Diego García


El Sáchez Pizjuán se disfrazó de peldaño final en la travesía hacia la conquista de la cima de la Liga española. O eso aseguraban los anólisis previos, en esta altura de calendario. No obstante, el Barça afrontaba esta visita con la obligación de sacar los tres puntos ante el triunfo previo del Madrid -3-0 ante el Eibar, en una sesión de baño y masaje-, sabedor de que, toda vez quedó superada la afrenta viguesa, tan solo figuraba como indigestión teórica la salida hacia la ribera del Manzanares. Y afianzaba esta relevancia impuesta al duelo de este sábado la intencionalidad e inercia del contendiente. El Sevilla había comprobado como el Atlético resbalaba en La Rosaleda, lo que añadía centímetros de urgencia a su intento por alcanzar la tercera plaza doméstica. Contaba a su favor, además, que nadie había conseguido batirles en Nervión. De hecho, vuelta de tuerca del destino, el último en hacerlo resulto ser el coloso catalán en su última visita.

Ideó Luis Enrique un partido en el que la pelota y la verticalidad debían suponer el vértice decisivo y no especuló en su apuesta inicial. Entregó al medular a Iniesta y Rakitic -como reparte de distribución y trabajo-, bajo la red de seguridad de Busquets y colocó a Mathieu como pareja de Piqué. Arriba, la delantera más en forma de la actualidad volvía a colocar a Messi en banda para generar y desequilibrar. El manejo de la pelota como defensa ante el ritmo local y el manejo de las contras propias y ajenas, elementos clave en el guión de Lucho.

Emery, por su parte, no amilanó su paradigma de orden, trabajo y salida en efervescente transición. El técnico vasco exhibió once de gala con la única variante, valiente, de sentar el brío y cobertura de campo de Mbia para entregar el tempo a Banega. Vidal y Vitolo habrían de suponer una amenaza tras robo y de ejercer de tapón en la posesión visitante. La soledad de Bacca en la fijación de centrales no le era extraña y la solidad y cohesión entre líneas no abandonaban su rol principal en la estructura de este Sevilla en desarrollo. Beto seguía al margen por lo que sobre Sergio Rico recaía la responsabilidad de frenar la pericia azulgrana.

Arrancó un duelo con intencionalidades antagónicas y se abrió una conversación en la que el Barça proponía monopolizar la posesión y el Sevilla presionar para ahogar la salida de pelota. El paso de los minutos obligó a relegar líneas a los andaluces, que comprobaban como la fluidez asociativa catalana, que se extendió con brillo durante la primera media hora, extremaba el manejo rival hasta domesticar la intensidad local.

Con el lúcido ejercicio combinativo en pleno desarrollo, la solidez en el achique de pases entre líneas salvaba al Sevilla de sufrir imprevistos en las primeras acometidas. De hecho, Neymar -en el 8 de juego- e Iniesta -en el 11- probaron suerte desde media y larga distancia para que Rico estrenara sus guantes. Pero quedó certificado con presteza que el manchego y el punta carioca gobernarían la elegancia y verticalidad del manejo del cuero colectivo blaugrana. Así, un envió que rompió la estructura sevillana del 8 y contó con el cambio de lado del 11 cayó en la zurda de Messi. El 10, apostado en el pico del área reprodujo uno de sus envíos predilectos: toque suave y con rosca al palo largo, inalcanzable para el pobre diablo que intentara llegar. En el 14 de juego el Barça ascendía en confianza y golpeaba primero.

Los pupilos de Luis Enrique mostraban su cara arrolladora, gozando de fluidez puntiaguda en la asociación y ardor en el repliegue tras pérdida. La baza de Banega quedó desactivada, incapaz de retener la posesión y de lanzar contras. La pelota no duraba en los pies andaluces y el duelo no les ofrecía respiro ni opción de crecimiento.

Quemó el 30 de juego el envite bajo el dominio con rigor absoluto catalán y el Sevilla sufriendo la anestesia en su intención de ritmo elevado de esfuerzo. Y el Barça no desaprovechó el desbalance de fuerzas buscando encontrar la sentencia en la cosecha de tal superioridad. Y pegó con dureza: un slalomde Suárez fue frenado en la frontal con falta desesperada de Krychowiak. Neymar tomó el cuero y lo colocó en los aledaños de la escuadra con una sutileza que no quiso ensuciar Rico, que no movió un dedo. En el 31 se consumaba el 0-2 y no llegó el tercero instantes después por muy poco: el charrúa mandó a las nubes un pase sublime de Neymar tras una combinación frenética entre Iniesta, Alba y el brasileño.


Degustaba el Barça el sabor de lo exquisito en su mejor versión del duelo -percepción asimilable al paragón con el curso entero- con el Sevilla fuera de eje. Se atisbaba una ruptura entre líneas que generaba superioridades numéricas muy marcadas en el avance catalán y cada imprecisión sevillana se convertía en peligro claro en la transición blaugrana. Los de Emery capeaban el vendaval como podían intentando ganar oxígeno y el descanso.

Sin embargo, pareció despertar el bloque andaluz al tiempo que los visitantes adoptaban el sistema de repliegue y salida. Se sacudían el shocka través de un envío vertical de Banega que dejó pasar Bacca para que rematara alto Iborra. Primera opción de peligro en el 34. Y opción clara. Luchaba el Sevilla por forzar el cambio de escenario, adelantando líneas.

El resultado llegó antes del proceso: Banega recibió a 25 metros de la meta catalana y probó suerte con un lanzamiento potente y ajustado al que Bravo no acertó a despejar, en un error que recortaba la distancia numérica y disparaba el equilibrio en las sensaciones. El luminoso reflejaba 1-2 en el 37 y el tramo final de primer acto asistiría a un cambio de roles.

Elevó la intensidad en la ocupación de espacios el Sevilla y se entregó a la especialidad del contraataque el Barcelona, con Neymar como estilete iluminado -túnel de terciopelo en vuelo a Krychowiak mediante-. El intermedio quedó decretado después de que Messi no acertara desde la frontal en lanzamiento de falta directa.

Subió el telón el segundo acto con intercambio de golpes que reflejó, con rapidez, que el tú a tú quedó desplegado. Suárez abrió fuego perdonando el mal despeje de Rico. Rematar a las nubes un balón franco en el área y sin la presencia del portero en el 49. Dos minutos más tarde era Koke el que enviaba su disparo muy lejos, tras varios robos sevillanos que atestiguaban el paso al frente en fragor y táctica local. Bacca cerró el tramo en el 55 con un remate muy desviado en franca posición en el interior del área

Arriesgaba la figura el Sevilla presionando muy arriba y asumiendo riesgos a la espalda, pero esa parecía la única manera de evitar que el tempo cayera y las posesiones catalanas volvieran a extenderse durante intervalos prolongados. La batalla quedó, pues, relegada a la lucha en el centro del campo. Unos y otros trataban de imponer su estilo con el club andaluz ganando por pulgadas la pugna, ya que los pupilos del técnico asturiano no conseguían digerir la intensidad sevillana y templar el duelo.

En el 70 decidió Emery reforzar los pulmones de su esfuerzo para sacar a un trabajador Iborra e introducir a Mbia. Además, Reyes, claridad en el último pase y el lanzamiento de contras, ocupara el puesto de un desacertado Vitolo, relegando metros Banega. Xavi entraba en escena en sustitución de un Neymar venido a menos, con lo que el entrenados visitante renunciaba a lo vertiginoso de sus contragolpes.

El Barça quería recuperar el mando absoluto de la pelota generando superioridad en la medular y el equipo hispalense pretendía lo contrario: aportar veneno a su brega física y contragolpe. Suárez envió fuera la única opción cara de los suyos en este tramo central de la segunda aparte antes de que Bacca, agotado, dejara su lugar al frenético Gameiro, cuando el partido quedaba a resolver en el último cuarto de hora.

El paisaje esbozaba el bajón físico del centro del campo blaugrana como variable a tener en cuenta y Xavi debía ahondar en la intención de defensa a través de la asociación del esférico. El ritmo recogía guarismos antagónicos en ambos contendientes y el balón suelto pertenecía a los andaluces con el Barça agazapado, indeciso entre lanzarse en velocidad tras robo o gestionar la presión local en estático. Busquets no llegaba ya a tapar los huecos dejados por su compañeros de línea y Vidal asestó un mordisco merecido por el compromiso de su vestuario a través del carril central. Un robo tras el error de Pique al que dio salida Alexis se convirtió en una transición con llegada hasta el centro y el remate, a placer y en el segundo poste de Gameiro.

A falta de cinco minutos regresaba el empate. Luis Enrique dio entrada a Pedro para recuperar la sensación de amenaza -sacó a Iniesta- ante un Sevilla lanzado en al presión y en el repliegue, sabedor de su superioridad de tensión y físico. Sin embargo, igualó las fuerzas el Barça por el conducto de la personalidad y jerarquía. Con Messi como encargado, en exclusiva, de la generación del peligro visitante, el campo se volcó de nuevo sobre la meta de Rico.

Las posesiones horizontales se ejecutaban ya casi en al frontal sevillana. Pero el descenace solo acogió un chut desviado de Rakitic, ejecutado desde media distancia. El Sevilla había alcanzado la cima después de sobrevivir a la primer a media hora catalana. Los barceloneses, por su parte, sufrieron un bajón físico y de intensidad que constituye un batacazo de manual considerando su arranque de duelo. Los cambios y la lectura del técnico no mejoró el despleigue de un Barça que cayó en picado en los elementos mencionados. Sin cura desde el banquillo. Sevilla y Madrid sonríen tras la guerra del Pizjuán.

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