La jornada 31 planteaba el primer capítulo del Sánchez Pizjuan como factor decisivo en al batalla por el título. El Barcelona visitaba el coliseo sevillano para afrontar el obstáculo de la inercia de los pupilos de Emery, imbatidos en casa este curso. Empezó el conjunto dirigido por Luis Enrique exhibiendo el mejor tono combinativo y de compromiso táctico de la temporada. Un ejercicio que colocó el 0-2 en una media hora exquisita. Messi, de rosca precisa y Neymar, con un lanzamiento falta de seda sellaban lo exquisito de la puesta en escena.
Tardó el Sevilla en despertar del shock. Los pupilos de Emery no inquietaron a Bravo hasta el 34 de juego, cuando los visitante bajaron las revoluciones y la claridad asociativa. Sin embargo, Banega encontró el gol a través de un lanzamiento de larga distancia que acogió el meta chileno con un error notable. El 1-2 llegaba antes de que el conjunto andaluz matizara el dominio culé, pero, a partir de este zarpazo inesperado, el escenario cambio y disparo la preponderancia del físico hispalense.
El segundo acto se desarrolló en una tensa pugna en al medular de la que salía vencedor el brío sevillano. Así, con el Barça fuera de eje y en caída de pulsaciones, los quintos de la tabla clasificatoria empujaron hasta crear desconcierto en el desconectado rendimiento catalán. Los cambios de Lucho no solo no mejoraron, sino que mutilaron la amenaza de la contra al sacar del campo a Neymar. La debacle quedó constatada, además de por el antagónico nivel de intensidad, por las imprecisiones en la combinación barcelonesa. De un error de Piqué y galopada de Vidal -superior en potencia anatómica a la medular rival- llegó el empate. Gameiro remató a placer el centro de Aleix y selló un 2-2 final que la reacción postrera de Messi y compañía no consiguió modificar. El Barça lució y cayó en una actividad bipolar que constituye el primer pinchazo serio de este tramo final de campeonato.
Aprovechó el Madrid para colocarse a dos puntos de liderato después de haber solventado su duelo ante el Eibar mostrando su trastienda. Ancelotti alineó a Keylor Navas, Arbeloa, Illarramendi, Jesé y Chicharito pensando en el peso del duelo inminente en Liga de Campeones y, bajo la batuta de Isco, todo salió rodado. El andaluz y Modric dirigieron el tempo de partido con un Madrid muy cómodo en la posesión que encontró la apertura del marcador en una falta lanzada por Ronaldo que cosechó la inesperada colaboración en el fallo garrafal del meta Irureta. Tras el 1-0, con el césped volcado sobre la meta vasca, Chicharito sentenciaba en el primer acto a través de un testarazo de reivindicación personal.
Jesé sellaba el 3-0 en una acción individual que supuso el único chispazo que rememora su figura pre-lesión desde que ha regresado a los campos de fútbol. Los madrileños afrontan el envite continental y lo que queda de torneo doméstico pegando el aliento al cogote blaugrana. Todavía han de visitar la indigestión sevillana y los catalanes han de medirse, en la penúltima jornada, en la ribera del Manzanares. Se aprieta la lucha por la cima del balompié nacional.
Un techo del que parece haber quedado descolgado el Atlético de Simeone. Un error terrible de Kameni, que se tragó un saque de banda vertical de Gámez, sirvió para que Griezmann adelantara a los colchoneros. Pero Fernando Torres, primero, con tanto en propia puerta, y el mano a mano ejecutado con sutileza de Samu, en segundo término, complicaron el viaje a los rojiblancos, que afrontaron el epílogo de su competencia en La Rosaleda con 2-1 en el electrónico.
No sobrevivió el actual campeón liguero del fragor y salida local, sin ideas en la combinación ni pericia en al pizarra, pero sí consiguió sacar un punto a través de un zurdazo pétreo del punta francés -en posible fuera de juego-. El 2-2 aleja al vestuario del Cholo de la excelencia pero sirve para sumar de cara a la pugna por el tercer puesto y acceso directo a la próxima edición de la Liga de Campeones.