Dicen que los partidos españoles están, a día de hoy, en precampaña. ¿Precampaña? Desde hace no se sabe ya cuantos meses, los políticos más variopintos organizan todos los días, con cualquier excusa, reuniones, encuentros, ruedas de Prensa o pintorescos actos para vender el puñado de eslóganes que llevan en el zurrón. Y los fines de semana, los candidatos de todo pelaje invaden, con la parafernalia de sus caravanas, locales, aulas, mercados, palacios de congresos… para vender, a voz en grito, las milagrosas recetas que nos llevarán al paraíso. Todos los fines de semana y, sin un respiro, hasta finales de 2015. ¿Precampaña?
En teoría, y según la legislación, las campañas electorales comienzan 15 días antes de que se abran las urnas. Pero, según parece, solo se considera campaña el empapelar toda España con los caretos sonrientes de los miles de candidatos que sueñan con arrellanarse en alguna poltrona. Solo eso. No así la presentación de las listas a Comunidades o municipios, ni la invasión de los estudios de radio y televisión por parte de los mismos políticos, ni el recorrido de calles y plazas estrechando manos y besando niños, ni siquiera la presentación de los programas, o de lo que sea, en algún salón abarrotado de militantes, de banderitas y de canapés. Eso es precampaña.
De modo, que del estruendo insoportable de las campañas solo nos libramos, de momento, de las vallas publicitarias, de las muecas de los candidatos colgados de las farolas. ¡Qué alivio!
Es verdad que todos se juegan mucho. El PP, la hegemonía; el PSOE, salir del hoyo; Ciudadanos y Podemos, entrar en la casta; IU, no desaparecer, y UPyD, desaparecer con dignidad. Y tanto se juegan que no nos dejan en paz con sus reiteradas matracas.
Rajoy se siente, y lo repite sin cesar, el único capaz de mantener el crecimiento económico; el baluarte de la estabilidad, la moderación, la seguridad. Pedro Sánchez grita, media docena de veces los siete días a la semana, que logrará salvar a España de las garras del PP; que la izquierda es él. Albert Rivera, también mañana, tarde y noche, suelta a una hora, una idea original e inteligente, y, a la otra, una chorrada. Depende del escenario. Y Pablo Iglesias, a todas horas, lanza cócteles molotov contra lo que él llama el régimen del 78; esto es: la Constitución, la democracia, la libertad. Un día lo dice abiertamente, y, otro, lo disimula. También depende del escenario.
Pero ya nos han contado todos los cuentos. No es necesario que retumben sin parar, hasta en los más recónditos rincones de España, los cánticos de sirena de los innumerables candidatos. Que se aparten un poco y nos dejen ver el bosque.
No soñemos. Este año, nadie nos libra de sufrir sin respiro la tortura de lo que los políticos españoles denominan la precampaña, pero que hasta el más tonto sabe que se trata de la campaña electoral más pura, dura y larga del mundo. Todo un récord.