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Atlético- Real Madrid: cambiar el guión para que no caduque la Décima

LIGA DE CAMPEONES - CUARTOS DE FINAL (IDA): ATLÉTICO - REAL MADRID

Diego García | Martes 14 de abril de 2015
Ancelotti tiene ante sí el desafío de revertir la derrota estratégica reiterada que sufre con Simeone. Por Diego García


El recorrido que conecta 14 años sin equilibrio en la cosecha de resultados en los derbis madrileños y el intervalo de seis partidos encadenados en los que el gigante no tumba a su enemigo íntimo cuenta con un nexo de pelaje bonaerense. La figura de Diego Pablo Simeone -icónica, por el momento, sólo en la leyenda colchonera- representa el factor desencadenante del enriquecimiento en competitividad de los Atlético-Real Madrid hasta que el calendario se ha topado con el enfrentamiento de este martes (20:45/La1). El proceso de escalada en el estatus de unos y el viraje hacia la humanización en el rendimiento de otros ha generado el fluido intercambio de roles actual. Así, con las fronteras psicológicas entre ambos contendientes en ruinas, el análisis discursivo de la previa a este enfrentamiento refleja el grado de torsión. Ancelotti abría fuego el martes contemplando como una opción de digno realismo que “puede ser importante empatar dos partidos y pasar con eso, ya que va a ser una eliminatoria difícil”. En la sobremesa, las caras públicas del club rojiblanco -Mario Suárez y el Cholo- subrayaban que “salimos a ganar, como en cualquier duelo” y “tenemos la oportunidad de poder hacer un gran partido”.

Lo cierto es que, en lo específico de este envite con el pase a semifinales de la presente edición de la Liga de Campeones, sobrevuela el ingrediente de la revancha mutua -con la final de Lisboa y el último 4-0 como factores centrales- y la amalgama de conjeturas sobre la capacidad de Carletto para ajustar su libreta de sistemas al nivel de exigencia individual y colectiva al que le colocará el coloso de la ribera del Manzanares. Porque el balance en lo que va de ejercicio ha erosionado la legitimidad del técnico transalpino hasta tal punto que el colchón de la Décima comienza a volatilizarse a razón del presentismo deportivo. Regateaba el ex mediocentro de Milan y Roma la estadística que le coloca como claro perdedor del ajedrez táctico desde que ocupa el banquillo merengue recalcando que “el fútbol no es un problema de números” y “las derrotas contra el Atlético fueron siempre distintas, por lo que es difícil decir lo que ha pasado”. Sin embargo, la suma de eventos con aroma lúgubre contra la rojiblanca ya ha ascendido de anécdota a tendencia, y es a esta altura de indigestión donde el doble campeón de Europa debe equilibrar los agujeros desnudados en su estructura por el eternamente hambriento escuadrón colchonero.


Marcelo, Pepe y el propio Ancelotti han coincidido en el argumento común que sazona la relación de derbis de esta temporada (cero goles a favor y siete en contra en sus visitas al Calderón, con una serie de 0-3 en el balance victoria/derrota): “actitud”. Simeone, a su vez, diagnóstico el tipo de piel que lucirá el Madrid según su intuición: “no me imagino otro partido que el que jugamos hace dos años en Copa, en campo de ellos, donde jugaron con una intensidad muy alta". Se refería la mano derecha de Verón en aquella Lazio campeona de la Serie A en el 2000 a aquel 3-0 bajo la resaca del etilo puntiagudo de Mourinho, de camino a la final en la que Bale domesticó a Bartra. La única referencia cercana en la que la variable de tensión competitiva se tiñó de merengue. No obstante, este derbi arriba en la agenda del preparador italiano como una prueba de fuego para recuperar entereza en los despachos de Chamartín y empezar a ganarse que no le pregunten en cada comparecencia si se juega el empleo al domingo siguiente.


La cúspide de la debacle madridista tras la resaca marroquí, disparada por la eliminación de Copa y la goleada con parada, ambas situaciones, en el coliseo que acoge al Atlético, desprende, efectivamente, la relajación en las labores de repliegue como núcleo venenoso de la estabilidad blanca. El 4-3-3, “sistema habitual” otrora innegociable y bandera de Ancelotti, obliga a cada pieza de la medular hacia adelante a no desatender su jurisdicción defensiva. Y con mayor trascendencia desde este verano: la ausencia de Xabi Alonso dejó agujereada el papel de ordenador táctico, por lo que Modric y Kroos se vieron obligados a tomar atribuciones que les son ajenas. Este ajuste no sufrió porque la red de ayudas, desde Ronaldo, Benzema, Bale hasta Khedira, Isco y James, tapaba líneas de pase y matizaba las llegadas por banda de los rivales. La ocupación de los espacios resultaba coherente. Pero, cuando el compromiso, la exuberancia física o la “actitud” flaqueó, el Madrid quedó partido y sin soluciones, sufriendo de manera sistemática con las transiciones del oponente frenético, dotado de calidad o privado de dichas aptitudes. Cualquier cuadro probaba los guantes de Casillas tras robo. Con facilidad. De este modo se consumió la diferencia en la cima de la Liga.



No ayudó en plena caída la contaminación de lesiones que sufrió el vestuario merengue, sobre todo con los apellidos Ramos, Rodríguez y Modric como banderas del infortunio. En la subida de los decibelios del descenso se cruzó Simeone para cultivar la duda sobre la labor de su admirado colega de labor. El Atlético deshilachó al Madrid colapsando el centro del campo, ocupándolo con más piezas en faceta ofensiva y defensiva. A través de este movimiento, su equipo guardaba mejor la pelota y ahogaba la salida rival, taponando, además, el carril central y el juego entre líneas. Quedó cercenado el ataque más afinado y contundente de la primera vuelta del campeonato doméstico a buscar la fisura por el conducto de los centros laterales. Un intento revestido de utopía contemplando la potencialidad de Godín, Miranda, Tiago o Mario por alto. Ni la lucidez de Isco abría caminos rasantes. No había hueco para la asociación.


Por el camino, sobrevino el desasosiego: los tres primeros goles de los últimos cuatro encajados en un derbi se gestaron con la complicidad madridista. Esto es, las reiteradas superioridades en banda buscadas por el sistema de atlético, con Juanfran-Gabi-Arda y Siqueira-Koke/Saúl-Griezmann, golpeaban con dureza penalizando la escasez de trabajo y estudio de las situaciones. Y es que si hay un epígrafe destacado en el desafío táctico que ha decidido el rumbo de la inercia de los partidos entre candidatos madrileños es el de la preparación de situaciones -queda incluido, en este punto, la estrategia a balón parado-.


Bale ha sufrido la capacidad de basculación rojiblanca con tres obreros tapando su subida tras un cambio de orientación al lado ciego, la mezcla entre repliegue en bloque y coordinado y subida de línea de presión ha desconcertado la calma en el cortejo de la pelota de Kroos y compañía y la pulsión competitiva ha sacado fuera de eje a los de la Castellana hasta alcanzar el sonrojo en el último episodio. Esta es la realidad alejada de números sobre la que ha de reflexionar Ancelotti.


A pesar de su defensa pública del sistema que le ha conducido al éxito, en el Camp Nou ya mutó el guión hacia un 4-4-2 que pretenda contener con más piezas la oleada sin pelota y pulir el control del tempo a través de la horizontalidad de posesión en escenarios que cercenan las opciones si se cae en la imprecisión. El regreso de James a la titularidad y la suplencia de Isco -relegado a su papel pretérito de revulsivo, de camino a la final de mayo de 2014- hace presagiar que Bale podría retrasar su posición para que no quede aislado en el ataque estático y no el resulte tan ajena la labor de achique. El mensaje público madridista ha convertido en mantra que “lo importante es jugar un partido compacto, junto y eso es una cuestión de personalidad”.



La cohesión de las líneas, que no convierta en un mal trago subir la presión -quedando expuesto el resto del esquema si se efectúa con descoordinación- ni arrincone la combinación en favor del balón en largo, resulta un elemento clave para la supervivencia del Real Madrid en la eliminatoria y de su técnico. Para lograr esta metamorfosis teórica y de ejecución, individual y colectiva, el entrenador cuenta con el guiño de la fortuna: cuenta con la disponibilidad de toda la plantilla. El regreso de Modric, con la capacidad de batir líneas y recuperar el escaño para equilibrar del croata, y de James, que aporta lo imprevisible y pulido de su golpeo desde el perfil izquierda, convirtiendo su figura en amenaza exterior -recuperando este factor abandonado tras la huida de Di María- han de sumar a la fórmula salidas de los callejones a los que aboca la intencionalidad de la rocosa propuesta de Simeone. Estos apartados y variantes alimentarían el sabor de la pugna ofensivo-defensiva por ganar superioridades en banda, arrojando de lo intrascendente al protagonismo a Ronaldo y Bale, anulados en las últimas ediciones de su batalla frente al tejido rojiblanco.


Recuperar el centro del campo no parecería una empresa menor. El arquitecto argento ya destacó en sala de prensa la importancia de este sector del césped. La percepción de la reconquista no debería escapar a la evolución del Atlético en el manejo del esférico y el enriquecimiento disfrutado en cuanto a posibilidades gracias al impacto de piezas incluidas como Mario, Saúl y Griezmann, que han abierto el carril central y los pasillos entre líneas a la elaboración de mordiscos de la ofensiva colchonera. Dicho trayecto ha provocado que el Cholo maneje el matiz del perfil de su apuesta, virando de lo físico a lo técnico según al necesidad. La confirmada presencia de Mandzukic en la propuesta susurra la posibilidad de desperezar la construcción pausada del juego. Pero el as en la manga que guarda el argentino para estas ocasiones -que el pasado año se llamó Adrián- no permite cerrar las posibilidades a esta opción particular. El guión al espacio y en robo y salida ortodoxo no resulta, para nada, desechable. Pero el crecimiento de Koke y Saúl mezcla tan bien con las cualidades de Arda Turan como con las de Raúl García, y el regreso del ordenador Gabi aún es una incógnita.


La voracidad del vigente campeón de Liga en los primeros minutos de los partidos precedentes invita a atisbar un ritmo efervescente desde el primer pitido. La eficacia de adaptación al tempo de juego por el conducto del sufrimiento o la capacidad para anestesiar la primera exhalación de cruce a través de la posesión se sugieren, entonces, como líneas a contemplar. De igual modo, la contrastada pericia del cuerpo técnico local en el manejo del esfuerzo llevado al extremo distribuido en intervalos concretos de cada tiempo, visible a través de la altura en la línea de presión, que ya salpicó de intranquilidad al Real Madrid en sus últimas visitas, constituye otro de los conceptos picantes del menú.


La preparación y ejecución en el cuidado de los detalles ha adquirido en los últimos tiempos la categoría de punto de inflexión elemental en los derbis. Las incógnitas se reparten a razón de puñados por barba: cuidar de la pelota apostando por los nombres adecuados, ahogar o replegar, imponer el despliegue físico, al espacio o en estático y morder o contemporizar para confiar a la rebeldía a domicilio, marca registrada local; y, de lado visitante, ¿llegará a tiempo la cohesión entre líneas, intensidad y compromiso que evite una sangría con cada pérdida?¿Se confirmará la reacción esbozada en la derrota en territorio de Can Barça con el 4-4-2 defensivo como marco?¿Modric y James proporcionarán espacio central para la conexión que de la que se surte Benzema, previo paso al gol exterior? El Atlético llega menos cansado a este envite, con cinco jugadores que pasan de los 3.000 minutos en la mochila (Juanfran, Moyá, Koke, Godín y Gabi) por siete del oponente (Ronaldo, Bale, Kroos, Benzema, Casillas, Marcelo e Isco) y sin registrar derrota desde que cayera en Leverkusen -25 de febrero-, con cuatro victorias y cuatro empates. El Madrid, por el contrario, ha anotado 14 goles y solo ha encajado uno en sus últimos tres partidos -contados por triunfos-, supera en la estadística goleadora con claridad (promedia 2,6 goles en el viejo continente por el 1,8 atlético) y los guarismos de Ronaldo superan a Griezmann y Mandzukic juntos (49 dianas por 21 y 20).


La igualdad se ha hecho norma como consecuencia lógica de la nueva relación de fuerzas en la brega por el domino de la capital. Las inercias, rebajadas al escepticismo por el mensaje oficial de ambos técnicos, contrapuestas si se observan en perspectiva, entregan cierta ventaja al Atlético, que, además, cuenta con un rodillo estadístico en su estadio. Del don de la oportunidad del tratamiento diagnosticado por Ancelotti al paciente madridista dependerá revertir esta percepción. O de la pegada. O de la excelencia de la calidad individual. Es por este collage de aristas que los derbis se han sacudido la pretérita imagen plana para acomodarse en la figura poliédrica. Sin embargo, inmersos en la mencionada fluidez de incerteza que intercambia los roles -hasta filosóficos- de los actores principales, todavía se aferran reminiscencias tradicionales. Si Simeone sigue apostando por la absoluta relevancia de lo inmediato, el italiano al que su mayor éxito al frente del transatlántico blanco cada vez le tapa menos del frío, dejó claro horas antes que esta eliminatoria de altura abra fuego que “nuestro objetivo no es ganar al Atlético, es soñar con la Undécima”. Para esquivar la afrenta dialéctica que supondría asumir cierto grado de obsesión por los últimos resultados ante su némesis capitalina, Carlo adujó “soñar”. Un verbo con acepción de complicado ajuste a las necesidades de su vestuario para llegar a orilla y a semifinales de Liga de Campeones. Al menos, considerando lo específico del obstáculo.

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