Cultura

Los amores de película, a examen por Ernesto Alterio y Quim Gutiérrez

ENTREVISTA

Laura Crespo | Lunes 20 de abril de 2015
Entrevista a los actores, que este viernes estrenan Sexo Fácil, películas tristes. Por Laura Crespo

Una "constraste rítmico" o la dificultad del "sexo más placentero". Son las primeras ideas que pasan por la cabeza de Ernesto Alterio y Quim Gutiérrez cuando se les pregunta por el título de su último trabajo en la gran pantalla, Sexo Fácil, Películas Tristes, del realizador argentino Alejo Flah y que llega este viernes a las salas españolas. Los actores se zambullen junto a Marta Etura, Carlos Areces, Julieta Cardinali y Bárbara Santa Cruz en una comedia romántica que pretende ser la disección del género mismo.

Alterio es Pablo, un guionista argentino que acepta el encargo de escribir una comedia romántica ambientada en Madrid. No le es difícil y pronto nacen Víctor (Gutiérrez) y Marina (Etura), los personajes llamados a enamorarse a medida que Pablo teclea en su ordenador. Sin embargo, la ficción y la realidad empiezan a darse de beber mutuamente, y el guionista vivirá su propia película romántica, no tan edulcorada como acostumbra el género. Ernesto Alterio y Quim Gutiérrez, creador y creado en la ficción, charlan con El Imparcial sobre el romanticismo de masas en el cine y las relaciones de carne y hueso.

Sin pensar demasiado, ¿qué creéis que evoca el título de la película?

Quim Gutiérrez: Es una contradicción. El sexo fácil está muy bien, ¿por qué una película triste? Creo que tiene que ver con el sexo fácil identificado como algo vacío, menos placentero que el sexo más difícil. No porque el acto sexual sea más complicado, sino porque conseguirlo sea probablemente más difícil o entrañe más trabajo. La película triste es la que intenta llenar el vacío que deja un sexo fácil.
Ernesto Alterio: Para mí no tiene una relación directa con la trama, sino que tiene que ver con el espíritu de la película y, de alguna forma, con la vida del personaje protagonista. Es un juego de palabras, el personaje es un escritor que está acostumbrado a jugar con las palabras. Y genera contrastes, hay como una rítmica tanto en el significado como en la fonética que tiene que ver con la dualidad de la película: Argentina y Madrid, realidad y ficción.

Acostumbrado a ser el que lee y se aprende los guiones, ¿cómo ha sido meterse ahora en la piel del guionista?
Ernesto Alterio: Me ha costado más de lo que creía. Como actor, uso mucho mi cuerpo, lo físico es para mí muy importante a la hora de componer los personajes. Pero este es un personaje muy mental intelectual; su manera de estar en el mundo, incluso de seducir, pasa por algo intelectual, essucha diálogos, juega con las palabras… ese es su mundo. Así que me resultó un poco más alejado de lo que pensaba y empecé a hacer lo que hace el personaje: me senté solo y me pasé horas escribiendo.
¿Y qué ha salido de ahí? ¿Algo que vayamos a poder ver en algún momento?
No, que va. Eran cuentos pequeños, más que nada por la sensación de sentarme a escribir.

¿Qué fue lo que te cautivó a ti de Víctor?
Quim Gutiérrez: Que no me caía bien. Cuando leí el guión me pareció que toda la historia de Argentina estaba muy bien armada, que era muy ocurrente y graciosa. Y en cambio, el personaje de Víctor no me resultaba simpático. Y entendí rápidamente porqué: me recuerda mucho al rol de ese tipo de gente que decide voluntariamente vivir en un terreno gris pero cómodo, que recurre a frases como ‘Para qué cambiar si estamos bien’, ‘Si tampoco es para tanto’, ‘Para qué arriesgar, no vaya a ser que perdamos lo que tenemos’, ‘Más vale malo conocido que bueno por conocer’… todo este tipo de tópicos que yo detesto. Y hay mucha gente que conocemos que decide vivir así. Víctor es alguien que no me cae bien, aunque entiendo que la película termina siendo un homenaje a este tipo de personas que, a pesar de todo son capaces de aceptar el reto de arriesgar y de cambiar si se les cruza una persona que hace tambalear sus normas.



Como espectadores, ¿sois consumidores de comedia romántica?
Quim Gutiérrez: Sí, me gustan mucho, no creo que sea un género menor, como a veces se le onsidera, ni mucho menos.
Ernesto Alterio: Hay películas que me gustaron en su momento, pero ahora reo que tendría que ser muy buena la peli. Tampoco esta es una comedia romántica al uso. Tiene esas peculiaridades que le dan una vuelta de tuerca, ese juego que se establece entre la realidad y la ficción. Y, en general, el amor me gusta mucho como tema. Es uno de os grandes temas de la humanidad, algo que durará para siempre, inagotable, un tema universal y uno de los motores de la vida. Me gusta mucho hablar de amor, estoy descubriendo que más de lo que pensaba.

En la película, efectivamente, se juega con la realidad y la ficción, con una relación amorosa guionizada y otra real que le ocurre al protagonista. ¿Creéis que la forma en la que se retrata el amor y las relaciones de pareja en cine afecta al modo en que los percibimos, esperamos y gestionamos en la vida real?
Quim Gutiérrez: Muchísimo, para mal muchas veces. Además, olvidamos las partes más oscuras que también están en la comedia romántica y solo nos acordamos de las partes buenas. Recientemente verbalicé justo eso: ¡Joder, qué daño ha hecho el cine! Aunque yo soy bastante apasionado en mi vida y es verdad que a veces intento voluntariamente cinematografiar momentos. No tengo ningún pudor de repente sorprender, llevar flores… pero es verdad que muchas veces eso choca con la realidad y te las tiran por la cabeza. A veces hay una inadecuación, un parte oscura que dramáticamente en la película se obvia pero que en la vida real te la comes. Aún así, creo sinceramente que es mejor vivir ‘peliculeando’ un poco y sufrir luego lo que toque, que no estar con la ‘tele’ apagada por evitar un daño mayor. Luego te mueres y te das cuenta de que has tenido ahí el televisor toda la vida y no lo has puesto nunca, que nunca has vivido tu película.
Ernesto Alterio: Yo no lo tengo miedo a que me sensibilicen y a que se me humedezca el corazón, a babear un poco ni a enamorarme. Creo que es algo bueno y necesario. A mí me gusta mucho enamorarme, también en el cine, que precisamente posibilita eso: que te enamores de la misma chica de la que se enamora el protagonista, que desees que la consiga e incluso a lo mejor luego tú buscarla fuera.



La película arranca con una divertida disección de las películas románticas, dibujando un patrón que se repite y funciona: chico conoce chica, se enamoran, pasan buenos momentos, llega la debacle… ¿Crees que las relaciones tienen, en general, una estructura similar?
Ernesto Alterio: Sí, y es una estructura clásica: nace, se desarrolla y muere. Es así. De alguna o de otra manera pasa por esos tres estadios, aunque es cierto que existen amores eternos.
Quim Gutiérrez: El inicio y el final son iguales: empiezan y acaban, aunque sea con la muerte. Dentro, hay infinidad de diferencias. Aunque creo que en las comedias románticas es bueno que haya ciertos clichés. Hay algo de identificar esos puntos en común que resulta placentero para el espectador. Cuando acudo a las comedias románticas siempre es para celebrar que estoy muy contento por amor o para buscar una especie de sanación o de catarsis cuando te afecta el desamor. Y en esos momentos, es agradable saber por dónde te va a llevar la película desde el principio al fin.

El personaje de Ernesto dice en un momento determinado que no quiere que las películas que escribe sean como la vida. ¿Alude a la necesidad del cine, también, como vía de escape?
Quim Gutiérrez: Está claro que la vía del entretenimiento está ahí, pero creo que es una elección personal. Personalmente, yo echo en falta dramas en nuestro cine. Pero es una opción personal, claro. Yo no necesito que me alegren con las películas, al contrario, necesito que me hagan pensar y reflexionar, que me den historias muy concretas de gente que ha sufrido de maneras distintas a lo que me ha tocado vivir a mí, para empatizar, para valorar más lo que tengo, para aprender cómo afrontar distintas situaciones, con modos de proceder diferentes a los míos habituales.
Ernesto Alterio: Yo interpreto en Pablo una voluntad de marcar la diferencia entre lo perecedero y lo eterno. En las películas, esa mirada de amor entre dos personajes o ese beso van a quedar ahí para siempre, mientras que en la vida estamos abocados al deterioro, todo va a pasar, nos vamos a morir. Lo maravilloso que tiene el cine es que eso queda ahí para siempre.

La película toca un segundo tema más de fondo: la de la crisis del cine. Ese escritor que no cobra, que acepta un encargo aunque no sea lo que más le apetece, que necesita el dinero. ¿Cómo lo vivís desde dentro del setor?
Ernesto Alterio: Yo creo que en este sentido, la película se queda. Hacer una película hoy en día es algo milagroso, es un milagro que estemos aquí ahora mismo. En España, y también en Argentina. Desde que empezó la crisis, se ha puesto esto muy cabrón, como dicen en México. Pero hay una pulsión y unas ganas de contar historias, una necesidad de seguir en esto, aunque sea tan complicado.
Quim Gutiérrez: Yo hablaría en dos niveles. En primer lugar, hay algo muy positivo que ha ocurrido recientemente y es que mucha gente ha ido a ver películas de género y ha descubierto, básicamente, que se lo pasan bien. Una parte del cine se trata de eso, de entretener, y hemos demostrado que tenemos una capacidad muy amplia para eso. Esa es la parte positiva: que el espectador se ha reconciliado con el cine español en esa idea de las películas como entretenimiento. La parte negativa es que, para mí, la calidad de la industria se comprueba en la variedad de aquello que muestra y ahora mismo parece que solo hay un tipo de películas que hacer. Y evidentemente, la inercia de la crisis estructural se sigue viendo, sobre todo en los estratos técnicos. Hay muchísimas gente que ha dejado de vivir de esto, sobre todo en el cine, quizás no tanto en la televisión. Es complicado esta situación de celebrar lo bueno cuando en realidad hay gente que lo está pasando muy mal.

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