Viernes 24 de abril de 2015
Poco antes de la entrega oficial del premio Cervantes, el escritor Juan Goytisolo decía sentirse “abrumado, como Bárcenas ante los jueces”. Fiel a su estilo ácrata y provocador -también se negó a ir de chaqué, como marca el protocolo-, Goytisolo mezclaba ayer cuestiones que nada tiene que ver.
Máxime, si todo ello se enmarca en la ceremonia de entrega del premio más importante de las letras españolas, y además coincidiendo con el Día Internacional del Libro. El señor Goytisolo puede tener la ideología política que le venga en gana. Pero hay un tiempo para cada cosa, y ayer tocaba libros. Se trataba de una ocasión venturosa y positiva: por el premio, por el premiado y por la cultura en español. La mención de “Bárcenas” a nadie escandaliza; entristece porque es una tontería fuera de lugar y de fea condición.
En sus colaboraciones en el diario El País, la Cadena Ser o allá donde estime oportuno, que haga toda la apología ideológica que estime conveniente, mas no en el marco de un premio literario tan prestigioso como el Cervantes. Y puestos a transgredir, si no está de acuerdo con el protocolo del acto, que actúe en consecuencia y excuse su asistencia; pero si va, que sea acorde a las circunstancias. Nadie le obliga ni a aceptar el premio ni a recogerlo.
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