TRIBUNA
Pepa Echanove | Sábado 25 de abril de 2015
La libre circulación de personas tiene, como recuerda la Organización Internacional para la Migraciones con sede en Ginebra, tres aspectos fundamentales acordados y ratificados primero por la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948, y después por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966.“Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país“. Por otro lado, esta misma organización reconoce que no existiendo un marco legal internacional en materia de regularización de los movimientos migratorios de país a país, los diferentes Estados ejercen sus legislaciones nacionales, de ahí que el problema de la acogida de refugiados de Siria, Irak, Eritrea, Sierra Leona, y de otros lugares del Norte de África resulte un tema tan complejo. Esta introducción viene al caso por las dramáticas noticias de naufragios de emigrantes en el Mediterráneo, donde a los protagonistas se les está llamando injustamente en muchos medios de comunicación „clandestinos“. No son clandestinos: son personas ejerciendo su derecho a desplazarse y a cambiar de residencia. Y esta ligereza en el trato informativo, ya sea consciente o inconsciente, genera una gran desconfianza en la opinión pública y contribuye a que no sean bienvenidos en ningun lugar. Tratarlos de „clandestinos“ solamente aumenta el rechazo y la ignorancia crónica de quienes nunca han tenido que verse forzados a desplazar sus propias posaderas del distrito que les vio nacer, de su cargo, de su herencia, de su puesto vitalicio, de su apellido, o de su escaño. Según el diccionario de la RAE clandestino es un adjetivo que significa „secreto, oculto, y especialmente hecho o dicho secretamente por temor a la ley o para eludirla“. Clandestino es el tipo de la gorra y la faltriquera que sin permiso municipal se inventa un parking de pago a pie de playa, o el que monta un chiringuito sin licencia. Clandestino es el tipo de la corbata que regenta una red opaca de empresas no declaradas. Clandestinos son los señores que emplean a una asistenta por un sueldo de mierda y no le dan de alta en la Seguridad Social. Clandestinas son las comisiones ilegales y quienes las pagan tanto como quienes las cobran. Los clandestinos no merecen nuestra compasión, ellos sí. El que huye de la guerra, o del miedo, o de la miseria no es un clandestino. El que se juega su propia vida porque ya no tiene nada que perder intentando encontrar un futuro mejor en otro sitio no es un clandestino. Los mil quientos naufragados de este año eran personas en pleno ejercicio de su libertad de circulación. Los supervivientes son inmigrantes en situación irregular, a la espera de trámites que clarifiquen su situación administrativa de asilo o de residencia. Podremos llamarlos refugiados, desplazados, migrantes indocumentados, migrantes en situación irregular, menores no-acompañados, pero no clandestinos. Si los Estados no los quieren acoger porque no hay pastel para todos, o porque no resultan merecedores de la caridad ciudadana, al menos dejemos de llamarles injustamente „clandestinos“ y no les robemos el respeto que se merecen ni su propia dignidad, que es la única identidad que poseen.