Opinión

Transición Política. Lo que yo viví

PENSANDO EN VOZ ALTA

Manuel Sánchez de Diego | Sábado 25 de abril de 2015
La Historia, la que se escribe con mayúscula, es el resultado no solo de los actos de los grandes hombres geniales (Carlyle), o del sentir de las masas y los pueblos (Cossio), también lo es de las circunstancias concretas de los hombres, incluso de la orografía, la economía, la comunicación, la riqueza o la pobreza…. Se trata de una ecuación compleja en que muchos son los factores que influyen en el devenir de los tiempos (Escuela de Annales), con una gran incógnita que opera en todo caso: la libertad. Y como se emplea esa libertad determina que simples mortales, de forma callada o a la luz pública, lo mismo da, alcancen la categoría de personas ilustres.

A veces, alguno abre un poco la caja de sus recuerdos y nos hace asomarnos a la intrahistoria. Aunque quizás esa palabra no sea la adecuada, pues es más que un decorado de la vida pasada o que la historia de las gentes sin historia. Se trata de hablar de las “tripas de la Historia” o de sus entresijos. De aquello que sucedió entre bastidores y que explica muchos porqués de la vida política pasada y, quizás de la presente.

José Manuel Otero Novas, mano derecha de Adolfo Suarez, abogado del estado, Ministro de la Presidencia, Ministro de Educación, diputado y un largo etcétera de cargos durante la Transición Política y después de ella, en su reciente libro, “Lo que yo viví”, nos permite acceder a muchas de las claves de nuestro pasado reciente. Aciertos y equivocaciones del que los periódicos llegaron a llamar el “hombre oculto” de la reforma suarista. Otero Novas es sin lugar a dudas un hombre culto, de trato agradable y que parece saber menos, de lo que sabe. Su carácter gallego le hace ser pragmático a la vez que idealista. Su mujer Nieves, aporta esa fuerza e intuición propia de los asturianos que a veces se manifiesta de forma tajante.

En el libro que lleva por subtítulo “memorias políticas y reflexiones”, Otero Novas no cuenta todo lo que sabe, algo normal en una persona acostumbrada a administrar sus silencios y a escuchar. La prudencia en algunos casos o una real lealtad en otros, dejan algunos sucesos en una nebulosa. Sí que aparecen juicios certeros sobre personas y hechos redactados con gran elegancia y precisión. Se narra la evolución de su relación con Adolfo Suárez y un gesto de nobleza es el momento de la publicación de estas memorias, después del fallecimiento de quien pilotó la Transición Política española. Cuenta los navajazos políticos, algunos sufridos en propia carne de la mano de los propios; los desencuentros y encuentros, las traiciones y lealtades… Aparecen anécdotas que nos solo reflejan el carácter de algunos protagonistas, también nos arranca una carcajada. Como Abogado del Estado que interviene en importantes pleitos sus palabras son parcas y se resumen en muchos casos con un “todos los gané” (página 197). En esas palabras no hay autocomplacencia por parte del autor, pero podemos intuir que detrás de todo ello existe trabajo serio, hecho en profundidad, con objetividad. Un trabajo que supera en intensidad y dedicación al de nuestros colegas de más allá de los Pirineos (223 y siguientes). Es cierto que esa forma de trabajar no es privativa de Otero Novas y muchos españoles en la función pública y el sector privado siguen trabajando cuando a sus correspondientes de latitudes superiores se les cae el bolígrafo a las 5 de la tarde.

A largo de las más de quinientas páginas se nombran bajo el prisma del autor a los protagonistas de nuestra política reciente y a algunos de ellos se dedica un apartado en el último capítulo titulado “Más datos sobre personajes con los que me relacioné”. También a colaboradores y personas menos conocidas son reconocidas en su protagonismo. Me consta que muchas de ellas participan en el Aula Política del CEU San Pablo que dirige José Manuel Otero Novas y mantienen su amistad con él. A riesgo de olvidarme a alguno se cita a Ricardo Larraínzar, Teófilo González Vila, Juan Díez Nicolás, Félix Díaz Burgos y José Miguel Ortí Bordas, entre otros, que aportaron su leal saber y entender en la construcción de una democracia que nos ha permitido vivir en libertad e igualdad. Creo que si desde las bancadas socialistas hubieran contado con un equipo de personajes de igual categoría, el resultado habría sido aún mejor.

Sería largo y prolijo referirme a todo lo que aparece en el libro, pero Podemos recomendar que este libro sea leído por aquellos que por muy doctores que sean y sin pisar iglesia, quieran pontificar y descalificar la Transición Política española. Quizás así sepan las dificultades y el resultado final, claramente positivo, pues va camino de los 40 años de democracia, libertad y progreso.